Las pensiones, la gran reforma que le quedaba al Gobierno por aprobar, saldrá finalmente adelante. Eso sí, por el procedimiento de vender el Estado por pedazos a las autonomías que tengan un partido nacionalista con presencia en el Congreso de los Diputados.
Las pensiones, la gran reforma que le quedaba al Gobierno por aprobar, saldrá finalmente adelante. Eso sí, por el procedimiento de vender el Estado por pedazos a las autonomías que tengan un partido nacionalista con presencia en el Congreso de los Diputados.
Lo primero que ha de recordarse es en qué consiste la reforma de las pensiones. Como cualquier otra reforma, consiste en ajustar lo que se paga a lo que se puede pagar. Y dado que el sistema público de pensiones sólo puede dar menos según avanza el tiempo, las reformas pasan porque el sistema sea más oneroso para los cotizantes y, sobre todo, más cicatero en los beneficios que procura.
Con la nueva reforma, un trabajador podrá jubilarse a los
65 años con su pensión íntegra. Pero deberá haber cotizado durante 38 años y medio. Es decir, que tendrá que haber trabajado desde los 26 años y medio de forma ininterrumpida. Ni que decir tiene que, aunque habrá numerosos casos como éste, está
lejos de ser la realidad económica de España, con un paro juvenil del entorno del 40 por ciento (en estos momentos lo supera claramente) y en general con ciclos de mucho paro cuando se producen las crisis económicas.
Recordemos que según los cálculos de diversas instituciones, desde UBS al Consejo Económico y Social pasando por el FMI, la vuelta de la tasa de paro a niveles anteriores a
la crisis tardará en España al menos una década.
Para el resto de los trabajadores tampoco va a ser fácil. Podrán jubilarse a los 67 años con la pensión íntegra si han cotizado 37 años.
Toda una vida cotizando, pero a cambio de
una pensión más pequeña. El cálculo de las pensiones se hará por los últimos 25 años cotizados, no los 10 que hasta el momento están contemplados. Esto rebajará las pensiones en un entorno del 8 o el 9 por ciento.
Aún peor es que la reforma aprobada en el Congreso
no será suficiente para asegurar el mantenimiento a largo plazo del sistema público de pensiones. Ya contamos
en estas crónicas que esa era la principal conclusión de un informe de la OCDE, que cuenta con una importante división dedicada al estudio de los sistema de pensiones de sus países miembros.
Mientras, la
tragedia griega continúa, con actos más dramáticos a medida que avanza la acción. El Gobierno acude al Parlamento con un nuevo plan de recortes elaborado por la Comisión Europea y por el Fondo Monetario Internacional. Para aprobarlo tenía una mayoría de sólo cuatro votos. Luego uno de los socialistas cambió su sentido del voto y esa exigua mayoría se redujo a tres. Tan precaria es, que la canciller alemana, Angela Merkel, ha visitado personalmente al líder de la oposición griega, el correligionario conservador de Nueva Democracia, que se mantiene en sus trece de no apoyar este plan de recortes.
¿Qué pasará si el Parlamento Griego da el no? Nada. Que Europa tiene un “
plan B”. José Luis Rodríguez Zapatero lo negó. También José Manuel Barroso y otros importantes funcionarios de la Unión Europea. Pero Reuters ha recabado unas declaraciones de un funcionario que dice que "ha habido cierto replanteamiento de un plan de contingencia por algún tiempo, durante varias semanas”. Y añade: “En este tipo de situaciones, no puedes permitirte no pensar en lo que podría ocurrir”.
Desde luego.