RESEÑA
Andrés Trapiello: Apenas sensitivo
domingo 17 de julio de 2011, 16:15h
Andrés Trapiello: Apenas sensitivo. Pre-Textos. 384 páginas. Valencia, 2011. 25 €
La proliferación del dietario en estos últimos años responde a cierta hipertrofia social del “yo” que tiene, por ejemplo, vivo reflejo en los blogs que saturan y menudean la red. Sobre toda esa literatura del yo, como se viene llamando con cierta vaguedad, descuella por entidad, envergadura y calidad el Salón de pasos perdidos de Andrés Trapiello. Bajo tal rótulo, cargado de significado así como de cierta melancolía, se recogen una suerte de diarios que se quieren y desean como una “novela en marcha”, según reza su subtítulo. Y acaso sea así puesto que como novela bien acomoda el lector sus ojos ante tal realidad ficcionalizada. Este debiera ser el punto de reflexión crucial de la crítica que cae en el tipismo al cruzarse con esta peculiar obra sin justipreciar su esencia novelística. Desde El gato encerrado, allá por 1990, hasta este Apenas sensitivo de 2011, tiene casi cumplida cita anual con los lectores este diario-río que resulta uno de los proyectos literarios de mayor envergadura que se han emprendido en los últimos veinticinco años en España.
Este volumen narra las peripecias de A. T. durante el 2003, año en que su autor y álter ego, Andrés Trapiello, ganó el premio Nadal. Con lo cual las ya habituales reflexiones sobre el mundo literario se intensificarán, pero también el pensamiento sobre los problemas y la realidad de su propia obra diarística. Esas páginas metaliterarias desarrollan con perspicacia una visión válida sobre su propia obra, desde sus límites hasta su trascendencia y explican el menor tamaño de este volumen.
La distancia de publicación entre lo vivido y lo escrito permite a este “trapero de sí mismo” repasar los apuntes de su diario y, tras selección, engarzarlos y pulirlos. Adensa así el significado de esas notas tomadas al aire de los días pero también su alcance pues otorga relieve a una cotidianeidad siempre vista con ojos reflexivos. El lector conoce ya a los personajes y el mundanal acontecer de una existencia: el rastro, las Viñas, el mundo literario, los paseos entre las acacias madrileñas… Todo lo cual no hace perder ápice de interés por el modo en que se narra, siempre trabajado. Un modo de decir cercano al sentir moderno del lector contemporáneo. Ahí reside gran parte del valor, y también de la dificultad, en la mirada del autor. Esta escritura autobiográfica sólo vive de sí misma y en su contar reside su propia razón. Además, la querencia hacia el ensayo y las disquisiciones literarias y lingüísticas de ciertos fragmentos resultan entrecortadas por retazos de lirismo de buena ley. Anécdotas bañadas por fina ironía o por brochazos de sarcasmo salpican un texto moralista a veces, sentimental las más, escrito con la arbitrariedad de un gusto bien educado y sensible.
Parafraseando una anécdota narrada por Trapiello sobre el registro de la casa de López Picó, nunca hay “demasiados libros para un solo hombre”, tampoco diarios. En la literatura cabe la vida y el pasado que sea necesario. Transcurridos veinte años, esta curiosa novela en marcha con forma de diario gana en amantes y detractores, a la postre todos lectores, siquiera de pasada, y sortea las adversidades propias del camino así como otras. Podemos afirmar nietzscheanamente que lo que no destruye este quehacer literario convertido en proceso abierto y siempre in fieri, lo hace más fuerte.
Por Francisco Estévez