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A la ministra le gusta Caravaggio

Javier Rupérez
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jruperezelimparciales/9/1/9/21
domingo 24 de julio de 2011, 21:14h
Tiene la ministra González Sinde porte de mala de película. Algo así, y que me perdonen los que no tienen edad para haberla visto, como si fuera una Nina Foch en moreno. La Foch, exitosa actriz de Hollywood en los años cincuenta y sesenta, era una mujer elegante, de rasgos regulares y duros y predestinada a representar el papel de la señora que sistemáticamente perdía al galán en manos de una chica ingenua y bondadosa. Como en “Un americano en Paris”, la preciosa película de Vincent Minelli: Gene Kelly caía en los brazos de Leslie Caron mientras la rica y avinagrada Foch desaparecía por el foro. Seguro que la ministra, tan dada a las películas, sabe a quién me refiero.

La ministra, además de su aire adusto, debe tener algo oxidado el sentido de la buena educación. Acaba de inaugurar en el Museo del Prado una exposición que tiene lugar allí con motivo de la próxima visita del Papa a Madrid y que lleva como contundente y nada ambiguo titulo el de “Pinturas de Cristo en el Museo del Prado”. A la inauguración asistía también el Cardenal Arzobispo de Madrid, Monseñor Rouco Varela, quien según parece ha jugado un papel determinante para que en la exposición figurara el magnífico “Descendimiento de la Cruz” de Caravaggio, que se exhibe en Roma en los Museos Vaticanos. En presencia del Cardenal, y con palabras que no podían estar dirigidas a otro que no fuera el príncipe de la Iglesia, la señora Sinde, arrogándose el papel de maestra quisquillosa que tan bien cuadra con su ascético armazón, ha cantado las excelencias del famoso pintor recordando que fue “un criminal perseguido por la ley, un homosexual disoluto y camorrista”, del que, entiendo que a pesar de sus condiciones personales, “hoy celebramos su pintura”. Seguramente con la mirada fija en el purpurado galaico dijo sentenciosamente la señora Sinde que “la espiritualidad y la fe no solo pertenecen a un tipo de hombre”. Afirmación esta que, de habérselo consultado, merecería también la aprobación de Monseñor Rouco Varela. Quizás en esto, y en su entusiasmo rupturista, a la ministra o a su amanuense se le fue la mano.

En lo demás se le fueron muchas cosas. En primer lugar evidentemente la buena educación. Esas extemporáneas palabras tenían como única finalidad -ignoro si lo consiguieron- ofender al representante de la Iglesia Catolica que allí se encontraba y junto con él a todos los que profesan esa fe. No se puede interpretar de otra manera esa brutal referencia a la homosexualidad del artista en el contexto de una exposición dedicada a la imagen de Cristo. Pero con la acumulación de adjetivos -disoluto y camorrista- la ministra Sinde, que seguramente es tan progre como el resto de los miembros y las “miembras” del ignominioso gobierno del que forma parte, da un gigantesco salto a la nada. La obsesión por leerle en público la cartilla a Rouco le lleva a lanzar un elogio a la disolución y a la camorra, Se me antojan que ninguna de ellas debe entrar en el catálogo de las virtudes que los ministros de un gobierno que debería reclamarse de la civilización deben ofrecer como modelo a la ciudadanía. Porque, además, si lo que la señora Sinde era elevar a categoría ministerial lo que los cursis han cantado como la “trasgresión”, las palabras le han traicionado: es falsa la asociación de la homosexualidad con la disolución y la camorra. Flaco servicio le hace Sinde a los que afirman la defensa de su diferencia o de su opción sexual con la reafirmación contundente de sus virtudes cívicas. Y por lo demás se equivoca de objetivo: no parece que el Vaticano tuviera el mayor empacho en contar con las obras de “homosexual, disoluto y camorrista” Caravaggio entre sus colecciones. Como hubiera dicho Fernando Fernán Gómez, un cineasta que la señora Sinde debe conocer bien, este es “el viaje a ninguna parte”. Se lo podía haber ahorrado. Y a muchos el bochorno de contemplar su roma mala intención.

En realidad, y si bien se mira, la señora Sinde tiene otro ilustre precedente cinematográfico: el de la madrastra en” Blancanieves y los Siete Enanitos”. Que conste que no es una referencia oblicua a la SGAE ni a ninguno de sus responsables. Es simplemente la triste contemplación del laberinto terminal en que estos chicos del gobierno están metidos. Pena. Esto no lo salva ya ni Teddy Bautista.

Javier Rupérez

Embajador de España

JAVIER RUPÉREZ es académico correspondiente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas

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