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España: la seguridad jurídica debilitada y la Policía, indefensa ante el Gobierno

domingo 31 de julio de 2011, 01:38h
Desde que Interior decidió ignorar la decisión del Tribunal Electoral, refrendada por el Supremo, vaticinamos en este periódico y sección que la señal de impunidad sería recogida por demasiados grupos de incontrolados y la seguridad jurídica que daría gravemente comprometida en España. Y, en efecto, primero hemos asistido a numerosos casos de desahuciados apoyados por grupos de “indignados” para desobedecer una orden judicial. Luego, ha seguido la imagen de un inmigrante, que no había pagado su billete de metro, rescatado de la policía que no hacía sino cuestionar tal reprobable comportamiento. Ahora, cada vez son más frecuentes las imágenes de “indignados” haciendo frente a la Policía. Saben que, hagan lo que hagan, sus insultos, salivazos y demás “lindezas” quedarán impunes. Los sindicatos policiales llevan tiempo denunciando esta situación. Especialmente grave es el caso de Madrid -por lo demás, escaparate de España en este tipo de situaciones-, donde la dejación de funciones por parte de la Delegada del Gobierno ha hecho que las fuerzas de orden público no puedan siquiera practicar detenciones en el barrio de Lavapies, pues se exponen a un motín de “gentes de bien”.

Por si esto fuera poco, la palabra “policía” aparece frecuentemente en las informaciones relativas al caso “Faisán”, cuando la realidad es que quienes están implicados en el chivatazo a ETA son mandos políticos. Demasiados frentes para unas Fuerzas y Cuerpos de Seguridad que no sólo han de proteger a la ciudadanía, sino lidiar con Gobierno y maleantes con las manos atadas a la espalda. ¿Qué clase de Gobierno tenemos, que no obedece a los jueces e impide a la Policía hacer su trabajo? Los frecuentes desmanes de los “indignados” no parecen tener coto, y su impunidad corre pareja a la indignación -ésta sí con motivo- de los agentes de policía a los que se obliga a asumir el rol de convidados de piedra. ¡Ya está bien de incumplir la ley!. La gravedad –y las consecuencias- de que se toleren o fomenten actitudes de esta naturaleza no necesita ser subrayada.
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