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tribuna

La oportunidad de una Europa con mayúsculas

martes 09 de agosto de 2011, 07:55h
Estamos asistiendo estos días a algunos acontecimientos tan singulares como significativos en los mercados y en el sistema financiero internacional, como es el continuado y desigual crecimiento de la prima de riesgo de algunos países en sus emisiones de deuda, lo que supone un importante y urgente problema a resolver.

Lo cierto es que resulta realmente complicado tomar medidas coherentes y con carácter supuestamente estable en un contexto en el que los mercados están globalizados y no son en absoluto controlables y difícilmente afectables de forma directa desde una óptica individual o nacional.

Es por ello que la posible solución a este problema global ha de tener necesariamente una dimensión igualmente global, y más concretamente en nuestro entorno, una dimensión supranacional a escala europea. La solución ha de provenir así de las autoridades políticas y de los organismos financieros europeos. Tanto los políticos de la Unión Europea, como las autoridades del Banco Central Europeo, han de estar a la altura de las circunstancias, y en consonancia con lo que Europa necesita y Europa merece.

Es el momento, por tanto, de demostrar que somos una Europa de verdad, que somos Europa para lo bueno y para lo malo, y que los ciudadanos necesitan hoy más que nunca comprobar que funcionan en estos momentos difíciles las instituciones europeas, que pueden confiar en las mismas y en las personas que las dirigen y gobiernan, y además que funcionan de forma rápida, solidaria y coordinada, características exigibles a una Administración supranacional moderna y verdaderamente útil.

Es la hora, por tanto, de que se tomen medidas claras, sustantivas, e incluso rotundas, como procede en momentos de crisis como el actual, y que de esta forma la propia crisis se convierta en una oportunidad para mejorar y para asentar las bases de una Europa verdadera e integrada.

En este sentido creemos, en primer lugar, que es el momento para que se desarrolle una arquitectura institucional y un Gobierno económico europeo, para lo cual los países habrían de ceder necesariamente parte de su soberanía en esta materia, en aras de los intereses comunes. Las decisiones que se pudiesen tomar de forma delegada y ágil por un responsable o Ministro de Economía y/o de Finanzas europeo, sin que tuviesen que ratificarse así por todos y cada uno de los países, podrían contribuir a resolver más eficazmente un buen número de los problemas que fuesen surgiendo en este contexto.

También pensamos que es hora de que en la Unión Europea (o al menos en los diecisiete países de la Eurozona) se plantee la emisión integrada y compartida de Deuda pública, es decir que se implante un sistema de Eurobonos, con lo que la financiación y emisión de deuda por los distintos países y Gobiernos se realizaría -debidamente controlada y autorizada- a través de unos bonos europeos, garantizados así a nivel supranacional. Con ese alto nivel de garantía, las emisiones europeas contarían en los mercados con un sensiblemente mayor nivel de confianza, y por lo tanto el coste de la financiación descendería significativamente para el conjunto de los países; y con ello nos olvidaríamos, además, de la tan temida prima de riesgo.

Resulta necesario, por otra parte, que Europa tome un cierto protagonismo en el tema de la calificación crediticia, ahora en manos de una pocas -y cuestionadas- empresas privadas norteamericanas. Frente a estas agencias privadas de rating, nos parece tan necesaria como inmediata la creación de una Agencia europea de calificación, institución que habría de ser rigurosa y transparente en sus procedimientos, en la selección de su personal (expertos de reconocido prestigio), en su metodología evaluadora, en la utilización y divulgación de los datos utilizados, en el cumplimiento de un adecuado Código de conducta, etc.

En resumen, la actual crisis financiera que están sufriendo de forma desigual, pero en todo caso importante, el conjunto de los países europeos, es una buena oportunidad para dar un paso más en la construcción económica europea, de forma que se pongan las bases de una EUROPA con mayúsculas, más genuina, más operativa, más solidaria, y en definitiva, más al servicio de las necesidades de los ciudadanos europeos.