TRIBUNA ECONÓMICA
La tormenta de agosto
miércoles 10 de agosto de 2011, 07:56h
Se venía venir. Por una parte los Estados Unidos, con un pronóstico en su déficit presupuestario del 9’1% del PIB, y con un déficit en el balance por cuenta corriente que alcanzaba en los tres trimestres últimos de 2010 y en el primero de 2011, la cifra tremenda de 471.900 millones de dólares. ¿Iban a ser capaces de mantener la estabilidad de su moneda y dejar de alarmar a los mercados financieros? Pero eso, naturalmente, vemos que la situación arrastra a China, por su apuesta como acreedor de Norteamérica. En el Pacífico, la situación japonesa, es de una caída muy clara —y no solo por Fukushima en su PIB. En “Les Echos” de 29/30 de julio de 2011 se informa, en un artículo de Yann Rousseau, hasta qué punto están inquietos los gigantes industriales japoneses por la evolución de la demanda mundial, aparte de que poco ayuda las alzas del yen. En el marco comunitario más importante, los fuertes déficit tanto comerciales como del sector público de esas grandes potencias que son Gran Bretaña y Francia, aparte de lo que sucede en Italia y España, terminaba por crear un cuadrilátero de tensiones muy probables para los mercados financieros, aparte de que “The Wall Street Journal” de 29/31 de julio de 2011, indicaba que las grandes empresas europeas contemplaban peores resultados en un ambiente de crecientes preocupaciones por el comportamiento de muchas deudas sobernas. Todo ello mezclado con la reacción derivada del Tea-Party norteamericano que ha logrado, no sólo crear en cadena el caos mundial que encadena de modo excelente una caricatura de “The Economist” de 30 de julio/5agosto 2011. La crisis griega pronto tendió a extenderse a toda la Eurozona. Si empleamos el conocido índice Big Mac se observa que los “tipos de cambio de Italia, España, Grecia y Portugal están, todos ellos significativamente sobrevalorados respecto a los de Alemania”. Y en los famosos BRIC, actuaban las preocupaciones por burbujas especulativas en Brasil por la inflación en Rusia que sobrepasa, en tasa anual al 9%, porque la India tiene una colosal balanza comercial deficitaria. De China ya hemos mostrado sus preocupaciones.
Cómo síntesis, a finales de julio el panorama mundial acumulaba lo que en metáfora fácil, se podrían denominar nubarrones colosales, que de algún modo recordaban los del verano de 2008, cuando el entonces Secretario del Tesoro norteamericano señalaba, ante la crisis inmobiliaria surgida en Fannie Mae y Freddie Mac que tenía un bazoka en el bolsillo para arreglar las cosas. Y nosotros, los españoles, ante esta situación, el único bazoka que exhibíamos era un Gobierno cansino, derrotado en las urnas el 22 de mayo de 2011, que mostraba haber descuidado las cuentas de las Administraciones autonómicas de modo notable y que se arrastraba, no ya ante los sindicatos, sino ante un pequeño conjunto ignaro intelectualmente, denominado movimiento 15-M. Además había retrasado en demasía la obligada reconducción del problema de las cajas de ahorros, y contemplaba cómo tres magnitudes —el paro, el IPC, el incremento del PIB conformaban un índice de malestar que, en el conjunto de los 41 países que tienen mayor peso en la economía mundial, solo era superado, como se ve en el cuadro adjunto, por Grecia, África de Sur, Egipto y Venezuela, que no constituyen precisamente un conjunto ejemplar.
Conmoción mundial y mala situación previa española condujeron, a la fuerza a desconfianza en los mercados, porque en esos 41 países, mayor déficit comercial que España sólo lo tienen Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Turquía e India; el déficit por cuenta corriente español, únicamente es superado por Estados Unidos, Gran Bretaña, Italia y Turquía, y previsión de un mayor déficit del sector público para 2011 sólo lo tienen Estados Unidos, Japón, Gran Bretaña, Malasia y Egipto. Mézclese todo y la reacción de los mercados en cuanto diferencial de la deuda pública era absolutamente lógica. Se huye de España y eso lo que significa es que la deuda pública española rinda muy altos tipos de interés para colocarse. Automáticamente eso supone atracción del sector público y abandono del privado por parte de las entidades de crédito, en busca de sus mayores beneficios. En esas condiciones, ¿cómo puede ser posible salir de la crisis?
Existe una escapatoria, por supuesto. Un Gobierno fuerte apoyado por una opinión enterada, que así aumente nuestra competitividad, con lo que se mejoran los saldos exteriores y con ellos la ocupación y el IPC, al mismo tiempo que tendría que surgir “el santo temor al déficit” que colocó por lema Echegaray cuando por última vez fue ministro de Hacienda, ya en la Restauración. Veríamos que los mercados financieros nos respetaban instantáneamente. Entonces todo esto sería un mal recuerdo, de aquellos que Eudora Welty en su novela “La hija del Optimista” (Impedimenta, 2009), definió así: “Los recuerdos no viven en un objeto concreto, sino en las manos libres, perdonadas y liberadas, y en el corazón que puede vaciarse y llenarse de nuevo”. ¿Seremos capaces los españoles, de aquí a los inicios de 2012 de cumplir ese objetivo, y recordar lo que ahora nos pasa, con “manos libres, perdonadas y liberadas” como recordamos, por ejemplo, la crisis de 1992 a 1996 o el choque petrolífero de 1974? En una democracia la gran responsabilidad pasa a ser la del pueblo, y eso es lo que pronto se va a contemplar.