Indignados, laicos y el Papa
Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
jueves 18 de agosto de 2011, 18:47h
La marcha laica para protestar por el uso de fondos públicos en la visita del Papa acabó mal. Era de esperar. ¿Sorprendió a alguien que así fuera? Ni siquiera la excusa del dinero tiene validez porque todo el mundo sabe que el objetivo final era criticar a Benedicto XVI, simplemente, porque es el “jefe” de los católicos y en esta España enfrentada de las derechas y las izquierdas no se perdona que alguien con este rango se vaya de rositas. Los ataques directos a su persona y los manifestantes vestidos de monjas, con la inestimable colaboración de los ‘indignados’ así lo demostraron.
“No con mis impuestos” o “De mis impuestos, al Papa cero” son las coartadas de un derecho al pataleo que no se atreven a reconocer. El dinero, pobre argumento: ¿Por qué no denuncian muchos actos, visitas, fiestas, exposiciones, conciertos y manifestaciones que se pagan con nuestros tributos y no a todos gustan?
Alguien habrá que se moleste, no es mi intención, pero hay personas que piensan que no tienen por qué sufragarse eventos como las manifestaciones de unos sindicatos que no representan ya a casi nadie y que reciben cuantiosas subvenciones de las arcas del Estado. Aunque a algunos les pueda parecer increíble, los hay también que opinan que las caravanas para celebrar el Día del Orgullo Gay las tendrían que pagar los colectivos de lesbianas, gays y transexuales. Por muy natural y ecologista que resulte, que corten el tráfico y dediquen policía a vigilar ovejas y cabras por el centro de la capital es algo que causa algunas molestias a los madrileños que todos los años, desde hace muchos, tienen que soportar no sé qué rollo sobre cañadas reales. Es divertido, pero ¿por qué tiene un madrileño que tolerar a cientos de borrachos en la Puerta del Sol con la excusa de comerse unas uvas? Oye, ¿y si no me gusta el fútbol, qué hay de aguantar partidos y celebraciones en lugares públicos?
Por tanto, no me extraña que una manifestación de fe como es la visita del Papa a Madrid, un acto más de los miles que se celebran en la capital, moleste, pero sí me llama la atención que todos los que valientemente se lanzan a la calle contra la Iglesia, o los católicos, no lo hacen contra otras confesiones o contra unos sindicatos que no hacen nada con casi 5 millones de parados.
Y digo yo: ¿por qué esta aversión a todo lo que tenga que ver con la Iglesia? ¿Qué temen a los que molesta esta visita? ¿Tienen, quizá, miedo a perder algún tipo de liderazgo moral? ¿No vivíamos en un país plural? ¿Qué fue de aquello del interés general? ¿Por qué no vemos ninguna pancarta que diga “Con mis impuestos, a UGT cero?"
La cuestión es que si alguien lo necesita, alguien quiere expresarse, por pocos que sean, se debe permitir. Si, además, un evento reúne a más de dos millones de fieles que, por otra parte, son una buena entrada de dinero para varios sectores, creo que no hay discusión. Pero al margen de lo pecuniario, es importante ver que la visita del Papa hace mucho bien a todas estas personas que desde los cinco continentes han venido hasta España para escuchar un mensaje de esperanza y de amor.
Se quejan de cuatro días de permisividad y privilegios. Otros necesitaron más de dos meses para encontrar también un halo de esperanza y hacerse entender sin conseguirlo. ¡Suerte en su búsqueda!
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Periodista
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
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