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Los verdaderos problemas en Educación

David Ortega Gutiérrez
martes 20 de septiembre de 2011, 22:05h
Puedo entender el debate y las manifestaciones que estos últimos días se han dado respecto a los recortes en educación, al aumento de horas de trabajo de parte de sus profesionales, etc., pero tengo la desagradable sensación que seguimos sin abordar, con claridad y firmeza, los principales problemas en materia educativa que tenemos en nuestra querida España y que afectan realmente a lo que cualquier persona de bien más quiere: nuestros hijos.

De entrada es vital tener una concepción panorámica de la educación. Ésta es algo más que instrucción -o mera transmisión de conocimientos- que se da en las escuelas e institutos. La educación real de un país está en sus medios de comunicación, especialmente la televisión, en el tipo de ocio que se desarrolla y se consume, en el número de libros que se leen, en la cultura musical activa, y no sólo pasiva -oír música- que se tiene, en el tejido asociativo de su sociedad civil, en sus niveles de litigiosidad en los tribunales, en el apoyo eficaz que hay a la familia y a la conciliación laboral, en la riqueza en el uso de su lenguaje… La naturaleza del ser humano es muy maleable y una buena educación puede sacar de nosotros lo mejor, al igual que una mala o pobre educación puede acercarnos más a nuestros antepasados, los primates.

La educación siempre ha sido en política una materia de primer orden, clave, donde hace falta mucha inteligencia, respeto y generosidad, pues está en juego el “pleno desarrollo de la personalidad humana”, tal y como señala nuestra Constitución en su artículo 27.2. Para eso lógicamente hay que saber qué es la personalidad humana, qué nos hace más humanos, o qué nos hace distintivamente humanos, más allá de nuestra corporeidad o realidad material. Ahora empezamos a atisbar qué es educar, cuando somos conscientes del mucho bien, y del mucho mal que se puede hacer en el educando. El sectarismo, la manipulación, el adoctrinamiento son malas hierbas que siempre crecen cerca de la educación cuando no se respeta la dignidad del educando, Bertrand Russell hablaba de la necesidad del principio de reverencia frente al educando, esto es, respetar, tal y como de nuevo señala el artículo 10.1 CE, el “libre desarrollo de la personalidad”.

La libertad es la esencia de la educación, lo importante es dar al educando las herramientas necesarias para poder ser plenamente libre, para que ya adulto pueda elegir su propio camino. Me preocupa enormemente la pérdida de libertad interior, de libertad mental de nuestros jóvenes. La libertad real, la de poder elegir, viene sin duda de un buen bagaje cultural. Es verdad que vivimos en la Sociedad de la Información y que el desarrollo tecnológico nos pone en nuestra mano, o en nuestro móvil, una cantidad enorme de información pero, ¿tenemos la cabeza lo suficientemente bien amueblada para procesarla correctamente?, ¿podemos elegir decir no a muchas de las ofertas de ocio, consumo y tecnología que nos ofrecen?

Vivimos un tiempo vertiginoso, materialmente muy desarrollado, pero no estoy muy seguro de que estemos formando personas que saquen de sí lo mejor que tienen, principal finalidad de la educación según el maestro Sócrates. No debemos olvidar la maleabilidad indudable de la naturaleza humana, el mucho bien y mucho mal que un entorno adecuado y una educación bien orientada -y sus contrarios-, pueden hacer. Ya Homero nos destacaba la influencia vital del ejemplo en la materia educativa, la necesidad de los modelos que mostramos a nuestros jóvenes, no olvidemos que somos seres imitativos, solemos hacer lo que vemos. Todo ello es educación. Si tuviera que resumir en tres palabras los objetivos que buscaría en educación serían sin duda: inteligencia, valor y generosidad. La primera es instrumental, el cauce; el segundo es el motor, el impulso; la tercera es la finalidad, la razón de ser. Frente a ellas hay que evitar sus contrarios: estupidez, cobardía y egoísmo. Y la gran pregunta, desde estas coordenadas, es ¿qué tipo de educación les ofrecemos hoy? Y ahí estamos implicados todos, padres, profesores, políticos, periodistas, artistas, deportistas, intelectuales -si quedan- etc. La reforma que necesita España no es económica, ni financiera, ni siquiera política, es una profunda reforma cultural, como ya señalaran los viejos maestros: Jovellanos, Giner, Costa, Unamuno, Ortega. Estos sí son nuestros problemas educativos de fondo, más allá de una hora arriba o abajo a la semana.

David Ortega Gutiérrez

Catedrático de Derecho de la URJC

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