Las pinturas del Altamira están amenazadas por la actividad microbiana presente en las cuevas. Los microorganismos han estado siempre en Altamira pero, al abrir las puertas al ser humano y convertir las cuevas en un atractivo turístico, se ha producido un desequilibrio ecológico entre los microorganismos autóctonos y los invasores.
Las constantes visitas a las
cuevas de Altamira –Cantabria- han generado la
proliferación de microorganismos. Éstos son responsables del desgaste, cada vez mayor, de las pinturas. El equipo al mando de esta investigación, dirigido por el CSIC, ha creado un “mapa” de cada colonia de microorganismos que habita las paredes y suelos de las cuevas. El coordinador,
Sergio Sánchez-Moral, explica y detalla cómo ha sido la invasión microbiana y sus repercusiones.
No existe ninguna zona del planeta que no esté habitada por microorganismos. El problema tiene lugar cuando entran en contacto colonias diferentes y la calma se rompe. Ese contacto es el que tuvo lugar con la apertura de las cuevas de Altamira tras su
descubrimiento en 1879. El resultado de ese encuentro microbiano ha ido empeorando a medida que la actividad turística ha aumentado.
Cuando las puertas de Altamira se abrieron al mundo se produjo un
choque de comunidades microbianas: aquellas procedentes del exterior y las autóctonas. “En esta batalla por el nicho ecológico suelen ganar las bacterias del exterior ya que encuentran materia orgánica favorable para su desarrollo como consecuencia de la conexión con el exterior que durante la época de visitas se producía diaria y reiterativamente”, expone Sergio Sánchez.
Este encuentro de comunidades produce un
desequilibrio ecológico porque existe un grupo mucho más activo que el ya presente. El paso que sigue al desequilibrio ecológico es la “fase de proliferación de los microorganismos hacia el interior”, explica el investigador. Confluyen tres circunstancias en el desarrollo de los microorganismos: la acción humana, la vegetación exterior y la humedad, pero es la presencia del ser humano la que facilita la penetración de toda la materia del exterior. “El movimiento de las personas en el interior provoca turbulencias en el aire originalmente en calma. Esas turbulencias conllevan el desplazamiento del aire cargado de partículas hacia zonas interiores donde posteriormente los microorganismos encuentran un nuevo nicho ecológico”, detalla el coordinador de la investigación.

Los microorganismos se alimentan para sobrevivir. Para este fin utilizan fuentes de todo tipo, desde “compuestos orgánicos volátiles presentes en el aire, materia orgánica disuelta que llega a la caverna mediante la filtración de agua de lluvia”, “materia orgánica introducida por los visitantes” hasta cadáveres de insectos y excrementos de roedores, afirma Sergio Sánchez.
La cueva entera está invadida pero
no todos los microorganismos son visibles para el ojo humano. “Aunque los microorganismos no sean visibles al ojo humano, como lo son en las manchas amarillas, blancas y grises, visibles a simple vista y que se extienden por la galería de entrada hasta la sala de Polícromos, el estudio microscópico y molecular revela que toda la cueva, incluyendo las pinturas están colonizadas por microorganismos”, especifica el científico. El estudio responsable de estos datos trata sobre la oscilación térmica de cada sala y su correlación con el tipo de actividad microbiana en ella. A partir de él se ha elaborado un “mapa” en el que se distinguen todos los tipos de colonias que habitan las cuevas.
Cómo frenar la invasión microbiana es el reto de los investigadores. Para comenzar, ya han aplicado una serie de medidas como la instalación de una puerta de acceso en 2007 con un segundo cierre para impedir el movimiento de partículas en suspensión y el cierre, por el momento definitivo, de las cuevas y las pinturas como actividad turística. “Las medidas correctoras a tomar deben tender a eliminar el origen de dicho desequilibrio mediante el control de los parámetros ambientales de la cueva y la disminución radical del intercambio con el exterior. Estas medidas tienden a ralentizar la actividad microbiana como paso previo e ineludible a cualquier otra medida correctora y eso es lo que se pretende conseguir con las medidas propuestas por el CSIC”, puntualiza el experto.
La solución para que un hallazgo así no quede oculto puede ser la fabricación de réplicas y centros de interpretación de calidad, “al menos hasta que el conocimiento científico progrese lo suficiente como para poder solucionar problemas irresolubles hoy en día”, declara Sergio Sánchez.