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Luisa Álvarez de Toledo, la Marquesa Roja

Juan José Alonso Millán
domingo 06 de abril de 2008, 23:23h
Los descendientes de Lope, Calderón, Shakespeare, Molière o Valle Inclán, sólo tienen setenta años a partir de su muerte, para saborear los beneficios del derecho de autor que legaron sus antecesores. Los del linaje del cuerpo de la nobleza, los terratenientes o poseedores de riquezas, gozan sus descendientes de heredar hasta el infinito. Así es la vida.

Luisa Álvarez de Toledo había heredado un título de 1445 concedido por Juan II. A este, se unen varios marquesados, tres veces Grande de España, Princesa de Montalbán y no sé, cuantas cosas más. Todo esto no impidió que la Marquesa de Medina-Sidonia pasara a mejor vida el 7 de marzo en Sanlúcar de Barrameda. Mujer extravagante, rebelde, empadronada en la heterodoxia, supo exprimir el jugo, a los setenta años, que lo tocó vivir. Menos montar en globo lo hizo todo y a su tiempo: gozó de un marido, tres hijos –la bella e inteligente Pilar- y de una esposa. Fue una intelectual controvertida, aristócrata de izquierdas, luchó contra Franco, conoció la cárcel y gozó del exilio. Escribió cuanto pudo y pasó más de treinta años defendiendo el Archivo Histórico familiar, uno de los más importantes y antiguos que se conoce. Se casó a punto de palmar con su compañera de sus últimos años, no sé si por amor o para hacer la pascua a la herencia de sus tres hijos.

En mis años de colegial, me enteré de que hubo un rey que se llamó Guzmán el Bueno, y que protagonizó un hecho de lo más heroico defendiendo la plaza de Tarifa para el rey Sancho IV. Los moros secuestraron al hijo de Guzmán y le chantajearon para que se rindiera. Guzmán no sólo aplaudió la jugada sino que les arrojó su puñal para que se cargaran a su propio hijo antes que entregar la plaza. La Historia no dice si esta decisión vino dada por la hartura del bueno de Guzmán a que su hijo abandonara su casa, pues ya estaba bien.

Con un antepasado tan pirao, no es de extrañar la incoherencia de la vida de su descendiente la Marquesa Roja, título inventado por el Franquismo. Coincidí con la Marquesa de Medina-Sidonia cuando escribíamos para "Sábado gráfico", la estupenda revista de Eugenio Suárez, y la verdad es que la Marquesa tenía muy buena pluma. No como su madre, la insigne dramaturga Julia Maura, que además de tantos títulos tenía un negro que le escribía los artículos y las comedias y lo que se pusiera a tiro. Como ocurre con los negros literarios, un buen día se cansan de ser negros y se vengan de la forma más cruel.

El sujeto publicó un artículo en "ABC" fusilando sin piedad a Oscar Wilde y fue la bomba. Muy distinto en la actualidad, cuando esto ocurre todos miran para otro lado. Siempre admiré a esta mujer por su valor. Debe ser que como yo no lo tengo, pues eso. Los escritores políticamente comprometidos, deben escribir una novela que sea juzgada por un tribunal militar –como ocurrió con su novela "La huelga"-, y que además te lleve a la cárcel. Lo demás son bobadas con destino o vendidos concursos literarios.

En el colmo de su originalidad óptica republicana, recibía en diciembre de 2007, de manos del Príncipe de Asturias, el Premio a las Bellas Artes, por su dedicación a la cultura y establecer juicios de valor utilizando nuestra razón. Una MUJER, en fin, que pagó cara la responsabilidad de heredar tantas cosas banales. Ella puso en su archivo su talento y su trabajo.

Juan José Alonso Millán

Comediógrafo

JUAN JOSÉ ALONSO MILLÁN es comediógrafo

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