RESEÑA
Catherine Dunne: El jardín vallado
domingo 11 de diciembre de 2011, 13:43h
Catherine Dunne: El jardín vallado. Traducción de Santiago García. 451 Editores. Madrid, 2011. 320 páginas. 19,50 €
Los recuerdos son un patrimonio personal que nos permite revivir tiempos pasados, para reafirmar nuestras opiniones y asunciones y para condicionar en cierta medida nuestro comportamiento futuro hacia aquellos con los que hemos compartido parte de nuestra trayectoria vital. Sin embargo, olvidamos con frecuencia que de cada suceso que albergamos en nuestro archivo personal existen tantas versiones como personas tomaron parte en él. La posibilidad de conocer qué recuerdan otros acerca de las vivencias que compartieron con nosotros no solo satisface una natural curiosidad, sino que además puede hacer que nos replanteemos incluso las creencias que más arraigadas teníamos hasta entonces. Esta situación es la que propone la escritora irlandesa Catherine Dunne, en su primera novela publicada en España.
Dunne -una de las autoras más destacadas de Irlanda, ganadora del premio “Baccarella” en Italia- recrea un ambiente propicio para la nostalgia, el recuerdo y la reflexión sobre cómo se afronta la propia vida. La enfermedad terminal de la madre de Beth ha obligado a ésta a desplazarse desde Londres hasta el Dublín que dejó años atrás para construir su propia familia, pero también para huir de una tormentosa relación con su madre. La vuelta a su ciudad natal no es fácil: la anciana Alice pasa el día en la cama, semiinconsciente, y requiere atención constante en los que son sus últimos días de vida. Además, cada rincón de la casa familiar le hace revivir una infancia marcada por la envidia hacia su hermano James y la incomprensión hacia su madre. Todo cambia cuando Alice pide a Beth que lea una serie de cartas que ha escrito para ella unos pocos meses antes de enfermar gravemente, cuando ya era consciente de que no viviría mucho tiempo y de que, con ella, se irían sus recuerdos y la última oportunidad de sincerarse con sus hijos. En cada línea, Beth descubre una información nueva y sorprendente sobre alguien a quien creía conocer tan bien, su propia madre, y sobre su propio pasado.
La novela se plantea como una combinación de fragmentos narrados en tercera persona desde la perspectiva de Beth; otros desde la de Alice, referidos a los meses anteriores al agravamiento de su enfermedad. También compartimos con Beth la lectura de cada carta que Alice escribió pensado en ella. En las partes de la obra en las que la atención se pone en Alice, la autora nos acerca con este personaje a los duros inicios de la enfermedad de Alzheimer, cuando la confusión, la desorientación y los pequeños descuidos empiezan a penetrar peligrosamente en la rutina de una persona, por lo demás, sana. En el caso de Alice, la plasmación por escrito de algunas de sus memorias actúa como verdadera terapia ante el fantasma del olvido y permite a su hija, meses después, conocerse mejor a sí misma y ser crítica con sus comportamientos y actitudes pasadas.
Por Lorena Valera Villalba