Un congreso sobre el cambio revolucionario en Túnez
viernes 16 de diciembre de 2011, 21:18h
La Fundación Temimi acaba de clausurar un Congreso consagrado a LA REVOLUCIÓN TUNECINA: INICIO DE UNA NUEVA ERA EN LOS PAÍSES ÁRABES. Otra Fundación de fuste -la Konrad Adenauer- ha contribuido con largueza a la financiación del Congreso, lo que es para tenido en cuenta debido al hecho de cómo está afectando, a todas las dimensiones del mundo científico y cultural, una crisis que amenaza con serpentear impredeciblemente.
A la cita académica en la capital de Túnez, ha concurrido una treintena larga de participantes, con claro predominio profesoral de los países del norte de África y algunos oriundos del Golfo arábigo-persa. La presencia europea y americana ha sido escasa, puesto que lo que pretendía el Congreso de marras era plantear cuestiones atinentes a lo que se ha venido puntualizando desde hace tiempo sobre el Mundo Árabe: la etapa colonial descubrió a fondo los países que lo integran; la independencia facilitó la configuración nacional de la mayor parte de ellos; mientras que, desde entonces, lo que está pendiente en casi todos es la construcción de un Estado moderno.
No exagero en un ápice si constato en estas líneas que ha tenido lugar un hito importante en la reflexión en cadena que, desde el interior de los países-nación norteafricanos, se viene generando a partir del 14 de enero pasado. Fue entonces -recuérdese- cuando el presidente Ben Ali, de Túnez, huyó del palacio presidencial en la localidad de Cartago, permitiendo que el levantamiento popular tunecino contra un régimen autocrático condujera al estado actual en que se encuentra esta república magrebí. O sea, en una auténtica transición hacia la democracia.
Recuerdo, además, que el Congreso convocado por la Fundación Temimi se ha celebrado con un telón de fondo abigarrado: sesiones diurnas y vespertinas de la Asamblea Constituyente, llamada a proporcionar una Constitución y un sistema político que logren arrancar de la sociedad tunecina unas prácticas y mentalidad nada favorecedoras de la buena gobernación del país. Al mismo tiempo, el hecho de que en la Asamblea Constituyente predomine una “troika” partitocrática que lidera el islamismo moderado de “Ennahda” y que completan las formaciones de “Ettakol” y “Congreso para la República” -ambas de orientación demoliberal- ha conferido al acontecimiento del Congreso al que me vengo refiriendo, una particular intensidad de fondo; derivada precisamente de la estricta simultaneidad que se ha producido entre el acto académico y el proceso político que se vive en las instituciones de Túnez, en cuyo seno “empieza a cocinarse” un futuro político regenerador de su milenaria existencia.
No hace mucho, el antiguo embajador de Francia en Túnez escribió, con conocimiento de causa, que este país “será probablemente el primero en el mundo árabe en dotarse de un jefe de estado y un gobierno que emergerá de elecciones democráticas y transparentes”. La evidencia apunta con claridad a revalidar el pronóstico de Yves Aubin de la Messuzière (“Mes années Ben Ali”. Cérès éds., 2011).
Ahora bien, viviendo día a día durante una semana en contacto con gentes del común, con algunas amistades de clase media, y ciertas autoridades del país en cuestión (como ha sido el caso de quien ha redactado estas páginas), es como se capta al instante la hora crucial que vive Túnez debido al hecho de que el Islam moderado ha conseguido una legitimación política estimable (40% de los votos emitidos) en la primera hornada electoral del 23 de octubre.
Quizá pueda explicarse el éxito de “Ennahda” en términos de compensación imprevisible por haber sido ésta la formación antigubernamental más castigada por el régimen del ex-presidente Ben Ali. De otra parte, la reconocida capacidad de organización de que ha dado prueba “Ennahda” desde el ostracismo y durante treinta años, parece ser trayectoria de mérito que ha calado en la sensibilidad popular tunecina. El hecho de que se desmoronara en un parpadeo el, hoy, llamado antiguo régimen, ha podido sorprender a los sectores liberales avanzados de Túnez, disminuyendo por el momento su peso electoral frente a la oleada islamista del momento. La suerte no está echada de una vez por todas, aunque sí parece claro, como el agua, que la Transición también llevará su tiempo en Túnez. Además, lector, de que “no están ni el ayer ni el mañana escritos”.
Conviene, sin embargo, prevenirse. Véase la consolidación gradual del Islam moderado en las elecciones en curso en Egipto y el triunfo del PJD en Marruecos, para constatar la evidencia insoslayable de que, de resultas de los levantamientos árabes de hace varios meses, está emergiendo una oleada característica de un “cambio revolucionario”, de corte islamista predominante, que puede encontrar resonancias en la desvencijada Libia; y, quizá, en la hermética Argelia. Túnez, por lo pronto, se encuentra ya inmersa en una oleada de “cambio revolucionario” que podría considerarse como una réplica norteafricana de aquélla que sacudió a Grecia, Portugal y España entre 1974 y 1982.
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Historiador. Profesor emérito (UNED)
VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes
Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías
sobre España y el Magreb
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