mundo árabe
Batalla geopolítica en Túnez
lunes 26 de diciembre de 2011, 19:10h
Pionera en el proceso de transformaciones en el mundo árabe, la “revolución del jazmín” en Túnez se encuentra inmersa en un intrincado dilema geopolítico: ¿Cuál debe ser la preferencia estratégica de Túnez en sus alianzas internacionales? ¿Los países del Golfo, Europa o la región emergente asiática? La cúpula dirigente del nuevo Túnez se encuentra dividida en la elección.
El Presidente de la Asamblea Constituyente, Mustafá Ben Jaafar, líder del partido Ettakatol, tercero en el escrutinio de las recientes elecciones, es el candidato preferido por la Unión Europea para mantener sólidas las relaciones históricas entre el viejo continente y el nuevo régimen surgido del derrocamiento del dictador Zine Ben Ali. Europa es el primer cliente y el primer proveedor de Túnez, así como el primer suministrador de turistas que es una fuente principal de la renta nacional. Además la inmigración tunecina en Europa, principalmente en Francia, en Bélgica y en Italia, es la más numerosa de la comunidad residente fuera del país. Sin embargo, la crisis financiera europea ha mermado las perspectivas de contar con el apoyo europeo para sacar el país del marasmo en que la dictadura le ha dejado: arcas vacías, fuga de capitales e infraestructuras turísticas desiertas.
Mustafá Ben Jaafar contaba con que su candidato a ocupar el puesto de ministro de Finanzas, Jayam Turki, ocupase la estratégica cartera en el nuevo gobierno. Sin embargo su nombre ha sido eliminado de la lista que el primer ministro Hamadi Yebali ha sometido a la aprobación del Presidente del país, Moncef Marzuki. Algo que ha suscitado cierta desconfianza en los posibles inversores europeos, según escribe el digital Slate.com.
El veto al nombramiento de Jayam Turki para la cartera de Finanzas, parece provenir de los Emiratos Árabes Unidos (EAU). El nuevo régimen de Túnez no ha querido comprometer sus relaciones con el emirato del Golfo y ha cedido a sus deseos. Tanto más que los EAU prevén invertir varios miles de millones de dólares en el país, particularmente en proyectos inmobiliarios que se encuentran congelados desde hace años. La oposición emirati a Jayam Turki proviene de un contencioso privado, según Slate. Turki trabajó para una inversora emirati en Argelia y zanjó su contrato en malos términos, lo que condujo a las autoridades del Golfo a presionar a sus socios tunecinos para eliminarlo de la lista de ministrables.
Como quiera que sea, los países del Golfo en su conjunto parecen ser la opción preferida para el primer ministro islamista, Hamadi Yebali, que no oculta sus esperanzas de que el Consejo de Cooperación del Golfo, formado por Arabia Saudita, Catar, Omán, los Emiratos y Bahrein, establezca una “alianza estratégica preferencial” con Túnez y mantengan el maná de un flujo financiero cuantioso con el país norteafricano. Los sectores críticos con el actual gobierno de coalición tunecino, apuntan a que “la sumisión” del primer Ministro Yebali ante los países del Golfo se debe sobre todo a que Catar ha sido el principal sustento de fondos para el partido islamista Enahda, presidido por el ideólogo Rachid Ghanuchi y al que pertenece el primer Ministro.
Tampoco es casualidad que el nuevo ministro de Relaciones Exteriores Rafik Ben Abdesslam haya efectuado lo esencial de su carrera precisamente en Catar, donde ocupaba el puesto de director del centro de estudios Al Yazira.
El otro pie del trípode geopolítico tunecino lo representa el presidente Moncef Marzuki, al que se le atribuye una orientación mas inclinada a establecer relaciones con los países emergentes y en particular los asiáticos. Marzuki no tiene en sus prioridades el que la Unión Europea monopolice las relaciones exteriores de Túnez, a lo que contribuye su desconfianza con la ex metrópoli Paris. “La herencia recibida por la colonización y la época postcolonial en la que Francia dominó en Túnez, no tiene por qué ser fatal”, estiman en el entorno del Jefe del Estado tunecino. Los países emergentes se presentan a sus ojos como capaces de mantener un ritmo de crecimiento constante, único remedio para hacer de Túnez un país moderno y desarrollado.