La revolución árabe hace balance en Túnez
Un año después de la fuga de Ben Ali
martes 17 de enero de 2012, 10:05h
Hace un año la primavera árabe conseguía su primer gran triunfo. El dictador Ben Ali huía con su familia a refugiarse en Arabia Saudita. Como hicieran anteriormente otros presidentes y dictadores derrocados por sus pueblos, se daba a la fuga llevándose todas las riquezas que podía en los bolsillos.
Hace un año, el 14 de enero de 2011, la primavera árabe conseguía su primer gran triunfo. El dictador y cleptócrata Zine Ben Ali huía con su familia a refugiarse en Arabia Saudita. Como hicieran anteriormente otros presidentes y dictadores derrocados por sus pueblos, Mobutu del Zaire, el Shah de Irán, Marcos de Filipinas, Somoza de Nicaragua, Noriega de Panamá o Ceausescu de Rumania, el clan Ben Ali se daba a la fuga llevándose todas las riquezas que podía en los bolsillos.
El primer aniversario de la Revolución del jazmín se celebra con gran pompa en Túnez. Numerosas delegaciones invitadas llegadas de todo el mundo. Los países árabes “amigos” han venido a dar su apoyo al nuevo régimen producto de la alianza entre islamistas, republicanos y demócratas liberales. Der las personalidades presentes hoy en la capital tunecina, tres merecen destacarse por su simbolismo: el presidente anfitrión, Moncef Marzuki, el jefe de Estado argelino Abdelaziz Buteflika y el emir de Qatar, Hamad bin Khalifa al Thani.
Cada uno representa un momento de la primavera árabe. El primero, el tunecino, veterano luchar por los derechos y las libertades, que ha sido izado a la primatura del estado por la Asamblea Constituyente elegida a sufragio universal. El segundo, el vecino de Argelia, representa al nacionalismo árabe tradicional, pero que a diferencia de su homólogo sirio Bachar el Assad o yemenita Ali Abdalá Saleh, ha promovido una tímida apertura política y convocado elecciones anticipadas para el mes de mayo. El tercero, el emir qatarí representa las monarquías del Golfo, que han propiciando los estallidos antidictatoriales en el mundo árabe de manera favorable a sus intereses. El emirato de Qatar con la bendición de Washington, ha sido el principal sostén de la revolución libia y un apoyo consecuente al partido islamista Enahda de Túnez, ganador de las Elecciones.
Pero esta celebración triunfante no esta exenta de amenazas. Tanto en Túnez como en el extranjero, miles de tunecinos se manifiestan hoy para que el proceso de cambios no sea confiscado. En parís, un colectivos de organizaciones tunecinas ha llamado a una “marcha por las libertades”, su modo de celebrar el aniversario de la caída del dictador. “Afirmamos nuestro apoyo a los valores democráticos para que todas las libertades sean respetadas”. El colectivo reconoce los progresos alcanzados, pero no quiere quedarse frustrado en las esperanzas que la revolución del jazmín ha suscitado en el pueblo tunecino.
Un temor que comparten diversas asociaciones internacionales de derechos humanos, que han acompañado el proceso de cambios en Túnez y de cuyo compromiso con la primavera árabe no se puede dudar. La FIDH (Federación Internacional de Ligas de derechos humanos), llama a la vigilancia. Reconoce los cambios legales en materia de libertades y derechos ya alcanzado en Túnez, pero señala que algunos actos perpetrados en las últimas semanas por grupos identificados como salafistas en contra de las mujeres, y los eslóganes antisemitas escuchados durante el recibimiento al líder palestino de Hamas Ismail Haniyeh, preocupan. Una opinión semejante a la manifestada por Amnistía Internacional que declara que un año después, los tunecinos siguen esperando las promesas hechas sobre la irreversibilidad de la defensa de los derechos humanos. AI recuerda que algunos altos responsables de las fuerzas de seguridad de la dictadura siguen en sus puestos o han sido apartados discretamente en toda impunidad.
El nuevo presidente del país, Moncef Marzuki, anfitrión de los festejos del aniversario en Túnez, reclama sin embargo “paciencia”. Ha pedido “un poco mas de tiempo” para gestionar los inmensos problemas heredados de la dictadura, y ha justificado la alianza, que para algunos es contra natura, entre islamistas y laicos, como el deseo de evitar enfrentamientos sociales que puedan echar por tierra los logros de la revolución.
En el corazón de Túnez, en las misma plaza en la que durante semanas los manifestantes hicieron frente a los esbirros de Ben Ali y a las tergiversaciones del Poder, centenares de manifestante hicieron hoy un sit-in pidiendo "rectificar el proceso revolucionario" y "permanecer fieles a la sangra de los mártires". El pueblo tunecino ha perdido el miedo y se muestra dispuesto a llevar su revolución hasta sus últimas consecuencias.