A vueltas con la Educación: No erremos en el tiro
martes 07 de febrero de 2012, 22:12h
Como ya viene siendo tradicional, nuevo Gobierno, nuevos cambios educativos. Es verdad que no estamos ante una nueva ley educativa, como pasó con González, Aznar y Zapatero, y eso es bueno, pero me preocupa que no se afronten los serios problemas que tenemos en esta materia básica para el futuro de cualquier nación, que va más allá de la educación para la ciudadanía y la mayor o menor duración de la ESO o el Bachillerato.
De entrada no hay país desarrollado que pueda soportar un fracaso escolar de más de un 20% y superior al 30% en algunas partes de España. Este sí que es un problema de nuestro sistema educativo que hay que afrontar con el rígor y la rotundidad que precisa, y no es un tema ideológico, ni de derechas ni de izquierdas, es una cuestión de sentido común y responsabilidad que exige sentido de Estado por parte del Gobierno y de la oposición. Para ello hay que pensar en la conciliación familiar y laboral, en el apoyo a las familias y fomentar una cultura del esfuerzo, el respeto y el “pleno desarrollo de la personalidad”, con todo lo que eso conlleva. Tanto el artículo 26.2 de la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH), como el artículo 27.2 de nuestra Constitución que lo recoge, apunta el pleno desarrollo de la personalidad humana como el objetivo primordial de la educación, junto con el respeto por los derechos humanos y las libertades fundamentales, añadiendo nuestra Constitución los principios democráticos de convivencia.
El pleno desarrollo de la personalidad humana de nuestros infantes y adolescentes es una gran responsabilidad que a todos nos afecta, pues como seres sociales o animales políticos -que diría Aristóteles- que somos, el entorno social, los medios de comunicación, como la televisión, el ocio y la cultura, como el cine o la música, también educan y forman. La sociedad transmite modelos que los niños y jóvenes copian, pues somos seres imitativos. El fracaso escolar lo es de las familias, de la sociedad civil y del Estado, es, insisto, un tema de importancia nacional.
Nuestra Constitución en su artículo 27 reconoce el papel esencial de los padres -siguiendo la línea marcada por el artículo 26.3 de la DUDH-, tanto en su apartado tercero: “los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”; como séptimo: “Los profesores, los padres y, en su caso, los alumnos intervendrán en el control y gestión de todos los centros sostenidos por la Administración con fondos públicos, en los términos que la ley establezca”. Curiosamente luego la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación, incluye a los políticos municipales o quien éstos designen en proporción a sus votos. Teniendo presente que los Ayuntamientos en materia educativa en centros públicos, sólo tienen competencia en cuanto al mantenimiento de las instalaciones, me parece una decisión del legislador bastante desafortunada y alejada de la clara voluntad del constituyente, que si hubiese querido representación de los políticos así lo habría señalado.
Me preocupa enormemente el fracaso escolar de nuestra juventud, es un dato que hipoteca seriamente su futuro y el nuestro, algo estamos haciendo mal y lo primero que hay que hacer es reconocerlo. Demagogias y adoctrinamientos aparte, hay que apostar muy fuerte por una educación comprometida con los valores éticos y morales -religiosos o no- con sacar lo mejor de nuestros hijos, basándonos en que el respeto a los demás nace primero del respeto a uno mismo, pues nadie da lo que no tiene. Esfuerzo y respeto es lo que precisa el educando, tenemos que cuidar a nuestros profesores, apoyarles y valorarles social y económicamente. Las familias tienen que cumplir con su función educadora, no pueden hacer dejación de sus responsabilidades, y el Estado tiene que supervisar el proceso para garantizar los derechos reconocidos en la Constitución y en la Declaración Universal de Derechos Humanos. En educación es clave la libertad y la pluralidad, deben convivir modelos públicos y privados, religioso y laicos, sólo en el respeto y en la convivencia de diferentes modelos se puede dar un sistema educativo plural y democrático. Por último, el ambiente social también educa, no lo olvidemos, especialmente los modelos sociales que proponemos a nuestros hijos, por ahí podemos comenzar a entender algunos problemas que hoy tenemos, no todo es mercado y mercancía, y en la educación, no lo olvidemos, está intrínseca parte de la futura libertad de nuestra juventud.
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Catedrático de Derecho de la URJC
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