Traducción de Rumi Sato, con prólogo de Marta Marne. Satori. Gijón, 2025. 219 páginas. 22 €.
Por David Almazán Tomás
La colección “Maestros de la Literatura Japonesa” de Satori Ediciones, bajo la dirección de Carlos Rubio, nos ofrece habitualmente un recorrido por las grandes novelas de los más destacados escritores nipones de finales del siglo XIX y primeras décadas del XX. Entre ellos, destaca la figura de Tanizaki Junichirō (1886-1965), un autor de primer orden y reconocimiento indiscutible en la literatura universal. Para los amantes de la cultura japonesa, su nombre está inevitablemente ligado a obras como El elogio de la sombra, un ensayo que profundiza en la esencia de la estética tradicional nipona y que sigue siendo una lectura imprescindible. La profundidad de sus ideas fue magistralmente expuesta en el prólogo que escribió Yayoi Kawamura, profesora de la Universidad de Oviedo y directora de la colección “Arte” de Satori, quien en unos días será condecorada por el gobierno de Japón en la Embajada en España con la Orden del Tesoro Sagrado con Rayos de Oro y Plata.
Otros títulos de Tanizaki publicados por esta editorial nos transportan tanto a épocas antiguas. como La vida enmascarada del señor de Musashi o La historia de un ciego, como a tiempos contemporáneos, con obras como Arenas movedizas, Diario de un viejo loco, Sobre Shunkin, La gata, Shozo y sus dos mujeres y La llave. Además, Satori ha dado a conocer el volumen de relatos cortos El demonio y otros cuentos.
La obra que nos ocupa aquí, Cuatro casos criminales, reúne relatos breves que, en su mayoría, permanecían inéditos: “El caso del baño Yanagi” (1918), “Por el camino” (1920), “El ladrón” (1921) y “Diablos a la luz del día” (1918). Todos ellos han sido traducidos con esmero por Rumi Sato, quien realiza una labor respetuosa y enriquecedora, complementada con notas a pie que resultan imprescindibles para captar los detalles sociológicos que encierran, como los peinados femeninos o las costumbres de la época. Los cuatro relatos son inéditos, salvo “El caso del baño Yanagi” que apareció ya en Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa (2018), de Daniel Aguilar.
El término Eroguro -una contracción de erótico y grotesco- define un estilo estético que impregna gran parte de la obra de Tanizaki. En sus relatos, los misterios y las perturbaciones de la atracción sexual se convierten en ejes que articulan tramas llenas de ambigüedad y fascinación. Ejemplos de ello son Blanco y negro, traducido y prologado por Daniel Aguilar, un divulgador de lo erótico y grotesco en la cultura japonesa; Diario de un viejo loco, con prólogo de Shimizu Toru, uno de los diplomáticos nipones más cultos en España; o Arenas movedizas y La llave, ambas con prólogos de José Pazó, escritor, docente y colaborador habitual de Los Lunes de El Imparcial. A ellos, y al acertado prólogo de Marta Marne, remito al lector para un análisis más reposado de la tendencia de Tanizaki hacia el fetichismo, la pasión enloquecida, los límites de la razón, la atracción hacia el delito y el misterio detectivesco. Por mi parte, creo que el estilo de estos relatos, en los que resuenan los ecos de Edgar Allan Poe y otros autores occidentales, se explica bien atendiendo al ambiente cultural cosmopolita y libre del período Taisho (1912-1926).
Los cuatro relatos fueron escritos cuando Tanizaki entraba en la treintena, en plenos locos años veinte en Tokio, y justo antes del gran terremoto de 1923. A partir de esa fecha Tanizaki se instaló en Kioto y comenzó una obra más madura y orientada hacia la tradición. De este modo, Tanizaki llegó a El elogio de la sombra.
Ahora que el sol comienza a caer con fuerza, es tiempo de elogiar y buscar la sombra y las sombrillas. Con las altas temperaturas de esta época del año no parece muy apropiado recomendar lecturas enjundiosas y trascendentales. Cuatro casos criminales es un libro para disfrutar. Sus relatos, frescos y breves, están impregnados de una intriga que invita a pasar de página deseoso de seguir descubriendo los entresijos de la narración, que de manera magistral deja que tu imaginación vaya siempre unas líneas por delante de tus ojos. Una lectura estupenda para llevarse a la playa, a la piscina o la terraza, para leerlo en sorbos cortos, como si fuera un granizado.