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Nuevas tecnologías: El triunfo del ausente

miércoles 29 de febrero de 2012, 08:33h
No es raro hoy observar o sufrir una escena de lo más contemporánea: alguien habla con alguien en un bar o restaurante cuando de repente uno de los dos se lleva la mano al bolsillo, lanza una mirada rápida buscando comprensión y responde a una llamada telefónica (o a una vibración de su tablet). La escena tiene algunas variaciones. En vez de una llamada, la persona recibe un sms, y se pone a responderlo tecleando con mirada reconcentrada la pantalla. Al acabar nos mira, sonríe, musita un “perdona, ¿de qué estábamos hablando?” y sigue con la conversación que cortó momentos antes. A veces, escasos minutos después, algo vuelve a sonar o vibrar y nuestro interlocutor o interlocutora vuelve a llevarse la mano al bolsillo y saca el ubicuo teléfono móvil (o el tablet de su funda plegable). Y esta segunda vez ya no mira con cara de disculpa o musita perdón alguno. Se aparta un metro en la barra e inicia un concierto para teclado de móvil que dura, inexorablemente, dos o tres veces más que la primera vez. Cuando se reincorpora a la conversación ya no nos dice nada, solo sonríe. Si hay una tercera llamada o un tercer mensaje, declara entonces: “Perdona, no sé qué pasa hoy”, pero vuelve a apartarse para hablar o teclear… ¿con quién? Con un éter anónimo, con un ser multiforme e invisible, con el todopoderoso ausente. Porque el ausente siempre tiene precedencia sobre el presente.

Es notable la celeridad con la que nos hemos acostumbrado al dictado del ausente, a su absoluta tiranía. Estamos con alguien y sabemos que siempre hay alguien más importante que nosotros: alguien que no está ahí, que no tiene ni cara ni figura, muchas veces ni siquiera un nombre. Es una sombra de otro mundo, la constatación de la existencia de diversos universos paralelos y simultáneos.

Esta situación tiene sus orígenes históricos. El inicio de la revolución industrial nos llevó a una esquizofrenia generalizada, ya que además de la familia o el clan había alguien más importante de quien nuestra vida también dependía: el jefe, la compañía, el despacho, los colegas, los subordinados. El otro. El mundo comenzó una separación entre el mundo familiar y el social que si bien seguramente existía antes en algunos casos, pasó entonces a generalizarse de una forma total.

Pero los orientales saben que la importancia de la ausencia viene de tiempos muy antiguos. El Tao decía “Quien no se afirma a sí mismo, se libra de la crítica”. Los muertos, en general, son bastante ausentes, y sin embargo triunfan sobre los vivos a menudo. Son expertos en librarse de la crítica, salvo en algunas culturas en las que los funerales consisten en poner el muerto a caldo, un rito obviamente sanador. A pesar de ello, sus túmulos y estatuas viven más que muchos vivos, aunque no estén en máquinas expendedoras de bebidas refrigeradas, como la imagen de Francisco Franco en el último Arco. El tao también dice “El Tao es una vasija vacía. Pero su contenido nunca se agota”. Cuando alguien comienza a flirtear con el móvil en mi presencia, siempre me vienen a la mente esas palabras. Me digo, “este o esta es una vasija vacía”. Tras cuatro o cinco minutos de ausencia por su parte, me digo también, “pero su contenido nunca se agota”. Para sobrellevar este estado de asombro, recurro a otros versos del gran libro del Tao, “Hablar nos deja vacíos. Más vale conservar lo esencial”. Pero como a pesar de mi silencio la otra persona sigue hablando, mi cabreo interno asciende y entonces recurro a otros versos “El sabio tampoco es benevolente. Para él todos los seres son como peleles”. Pienso entonces en portarme como un sabio e irme, pero el ausente, que parece leer pensamientos, corta la conversación y el presente se presenta: “Perdona, es que mi hijo no sabía si había leche en casa”. Uno, que es lingüista y sabe que la prevaricación, la capacidad de mentira, es una de las principales características de la lengua, se pregunta ¿Tu hijo? ¿La leche? El camino de la ausencia es muy complicado…

Lo más interesante del poder de la ausencia es que los políticos, siempre hábiles en detectar estrategias ganadoras posibles, lo han descubierto y ahora no dejan de estar ausentes. Están ausentes en el periodo electoral, ya que son suplidos por clones lenguaraces que prometen cualquier cosa sin importarles el futuro ni el más allá. Luego, ya elegidos, solían estar presentes hasta que descubrían que su presencia era un acto peligroso ya que se convertían en objeto de escarnio y de burla. Estoy solía coincidir con los dos últimos años de legislatura. Pero ahora han hecho suya la estrategia del ausente en el móvil, y simplemente desaparecen nada más ser elegidos para aparecer de vez en cuando, desde muy lejos, con un politono feliz o una vibración de lo más sugerente. ¿Presente? ¿In office? No, mejor siempre fluyendo, como el agua del Tao. O mejor todavía, ausente, casi siempre ausente. El triunfo estará así asegurado. Lo dice el Tao, lo dice el móvil más cercano. O el tablet.
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