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Crítica de arte

[i]Los Ballets Rusos de Diaghilev, 1909-1929. Cuando el arte baila con la música[/i]

miércoles 29 de febrero de 2012, 17:34h
Sería inútil tratar de comprender la evolución de la danza en el siglo XX sin la aportación de los Ballets Rusos, compañía fundada por Serge Diaghilev (1872-1929). Es la sensación que se desprende de la visita a la exposición que CaixaForum Madrid dedica a los veinte años de trayectoria de un grupo de bailarines, músicos, escenógrafos y diseñadores que hicieron posible la renovación del lenguaje visual de esta disciplina. Ayuda a comprender el por qué doscientos objetos expuestos, entre los que figuran piezas de vestuario, fotografías, películas o carteles que conforman una propuesta indudablemente atractiva para los sentidos.
En 1909, Serge Diaghilev, considerado uno de los empresarios culturales más notables de su tiempo, fundó los Ballets Rusos, compañía de danza que gozó de gran éxito durante veinte años en Europa gracias a unas representaciones rompedoras mediante las que rozó, si no logró, presentar la obra total. Para llevar a cabo tamaña empresa se sirvió de los mejores bailarines del momento, incluido Vaslav Nijinsky –figura fundamental de la historia del ballet-, así como de músicos, como Stravinsky, y de diseñadores de vestuario, como Coco Chanel, Pablo Picasso o Henri Matisse.



Con intención de recordar cuál fue la aportación de Diaghilev a la danza, CaixaForum Madrid acoge una exposición hasta el 3 de junio en la que han sido reunidos unos 200 objetos entre piezas de vestuario, fotografías, maquetas, bocetos o películas documentales. Conviene destacar el acierto del montaje y de la forma en la que ha sido planteada la muestra, producida por la Obra Social "la Caixa", de gran gusto escénico y armonía visual, lo que la convierte en una de las propuestas expositivas más cuidadas de este centro cultural, aunque en una de las cartelas se hayan colado faltas de ortografía.

Así pues, en Los Ballets Rusos de Diaghilev, 1909-1929. Cuando el arte baila con la música, el visitante se adentra en un entorno onírico propio de cualquier espectáculo que se precie. No es necesario avanzar demasiado en el recorrido para percatarse de cómo la exquisitez de la moda de los dorados años 20 también salpicó a la danza, ya de por sí elegante. Lo demuestran los trajes expuestos, de gran colorido, con abullonadas faldas, trabajadas incrustaciones, corpiños, lazadas a la cintura o historiados botones. Cabe preguntarse si, pese a la belleza de los diseños, acaso fue posible que los bailarines se movieran con libertad con aquellas vestimentas.



Destacan los diseños para las danzas 'polovtsianas' de Prince Igor, la producción con la que compañía alcanzó su mayor éxito en 1909. De seda y lana, gozaron de atención en su día por evocar con acierto la ambientación de una antigua Rusia bárbara. El folclore ruso estuvo, precisamente, muy presente en las propuestas de los Ballets Rusos, aunque también hubo espacio para la delicadeza y la sencillez de representaciones como Les Sylphides, una de las obras favoritas de Diaghilev, y que está presente en la muestra a través de la única filmación en movimiento que existe de esta compañía, un diseño para la bailarina Lydia Lopokova, así como otro creado por el surrealista De Chirico.

Otros trajes a tener en cuenta son los que vistieron a los bandoleros de Danis y Cloe, en 1912, de lana, franela y algodón pintados, lo que denota un laborioso proceso de manufactura. También conviene prestar atención al vestuario diseñado por Picasso para El sombrero de tres picos, representado por la compañía durante su estancia en España entre 1914 y 1918, así como su aportación a la obra Parade, en 1917, para la que creó trajes de inspiración cubista.

Resulta especialmente enigmática la historia de Nijinsky, bailarín fundamental de la época, preferido por los entendidos y los aficionados, y a quien la exposición dedica un espacio con intención de destacar su indudable aportación a la danza. “Nadie que lo viera actuar podía olvidarlo jamás”, dice una de las cartelas de la muestra, que también relata la inestable vida de este andrógino bailarín, quien se convirtió en amante de Diaghilev en 1908, terminó casándose con una mujer y falleció después de que le diagnosticaran esquizofrenia.


Acompañan a estos diseños de vestuario otras piezas destacadas, como la instalación en una vitrina de calzado de baile de la época, que incluye una zapatilla de punta de Tamara Karsavina con la peculiaridad de que está firmada en la suela interior; un detalle habitual en aquellos años, cuando los bailarines regalaban sus pertenencias a los aficionados. También resulta interesante pararse a observar los carteles que servían para anunciar en las calles de París las representaciones de los Ballets Rusos, los programas de los teatros o la invitación en seda a la coronación de Jorge V, donde actuó esta compañía.



Su exotismo y su atrevimiento ayudaron a que los Ballets Rusos gozaran de gran prestigio aunque, en ocasiones, también sus propuestas despertaran recelos. La puesta en escena de La consagración de la primavera, en 1913, con música de Stravinsky y con Nijinsky como bailarín principal, fue la que más sorpresa causó llegando a representarse tan solo nueve veces. Gracias a nueve trajes expuestos y cuatro pasteles sobre el montaje de la obra, el visitante puede hacerse una idea de en qué consistió esta pieza que generó tanta polémica.

Antes de que estallara la I Guerra Mundial, que precipitó la salida de Diaghilev de Rusia, en manos de los comunistas, este empresario estrenó en 1910 El pájaro de fuego, la única pieza totalmente original de cuantas puso en marcha en vida. La muestra también indaga en este hecho, dedicándole un espacio aparte con un protagonismo absoluto a una recreación de lo que fue el diseño del telón de fondo –una vista general de una ciudad rusa- y a una proyección de ocho minutos de un montaje actual de la obra a cargo de la bailarina Begoña Cao, del Ballet Nacional Inglés.

No es el único vídeo documental que ayuda al visitante a despejar dudas, ya que la instalación de ocho pantallas en forma de octógono en el centro de la exposición sirve para culminar este ejercicio de percepción y asimilación. Todo un acierto.

Información sobre la exposición:

Lugar: CaixaForum Madrid

Fechas: hasta el 3 de junio.

Horarios:de lunes a domingo de 10:00 a 20:00 horas.

Entrada gratuita.


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