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Reformas y reformas

jueves 01 de marzo de 2012, 21:22h
La palabra mágica envolvente de la actuación del Gobierno de Mariano Rajoy es “reforma”, lo que le convierte en un gobierno reformista.

Durante la transición política española se menospreció, desde la acera de los defensores de la ruptura, a los reformadores o reformistas que hicieron posible el cambio de sistema sin romper ningún plato. El complejo de los rupturistas, ante el éxito innegable de la reforma política, se tradujo en una suerte de venganza treinta años después con el proyecto revisionista que, en realidad, consistía en negar la evidencia, de un lado, y en poner todo patas arriba (con perdón), de otra parte. La Ley de la Memoria Histórica es su fruto más evidente, y se alimentó con una desmadrada política de subvenciones en favor de personas y entidades (presuntamente sin ánimo de lucro) escribientes al dictado de la negación del consenso y de la abominación del pacto de Estado y a favor de una visión sectaria de nuestra reciente historia.

Pero el Gobierno de Rajoy ha vuelto a poner de moda la, hasta hace unos meses, vilipendiada palabra “reforma”. Su auténtica dimensión es aleccionadora para todos aquellos que creen en la modernización, en el progreso, no concebido contra nadie sino a favor de todos, sin exclusiones, aunque esta reforma deja las pieles escocidas por las exigencias del guión de este drama, en demasiados actos, llamado “Intentar la salida de la crisis”.

Sin ánimo de ser exhaustivos, porque, además, cada semana nos encontramos con una reforma nueva, el proceso empezó con la fiscal, entre Navidad y Reyes, que nos dejó patidifusos pero que –entre besugo y turrón- asimilábamos tumbados en la silla de los temblores, pues no descartábamos cosas peores. En todo caso, el incremento de la retención en la nómina de febrero ha sido un durísimo varapalo que invita a quedarse junto al brasero (que todavía es barato), y ¡eso que aún no nos han llegado los recibos del IBI tras la revisión (al alza) de los valores catastrales en plena caída de los precios inmobiliarios!

A la reforma fiscal siguió la financiera que ha sido ya descontada por los Bancos y Cajas de Ahorro que han ido a la carrera a hacer provisiones para que salgan los números, pues ahora Míster Guindos va en serio. En todo caso, el mapa bancario español queda por terminar de definir y son previsibles fusiones y adquisiciones que han de encajar como en uno de los puzzles superdifíciles accesibles solamente a los descendientes directos del Santo Job.

Y llegó la laboral, la madre de todas las reformas, soliviantadora de los sindicatos prehistóricos que pastorean cada vez menos almas. La laboral tiene una profundidad y alcance desconocidos. Es la respuesta a una situación de emergencia, que pone fin a un esquema de relaciones laborales anquilosado e incapaz de avivar esperanza alguna de recuperación económica. El modelo al que sustituye había fenecido porque, para los ahora bautizados como emprendedores, era una losa insalvable. La reforma laboral escuece, pero más atormenta levantarse cada día bajo el fatalismo de los cinco millones y pico de parados… y subiendo.

Aunque se anuncian muchas mas reformas la última relevante es la que fusiona la red de Comisiones de los mercados regulados que se habían ido creando a lo largo de los años fruto de esta conocida enfermedad de la organicitis que ha causado estado en España durante años y que ha demostrado una vez más la verdad aristotélica del principio de Peter de que la multiplicación burocrática no origina una mayor eficacia.

Enrique Arnaldo

Catedrático y Abogado

ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial

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