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paso cambiado

El "optimismo realista" de Rajoy y la huelga general

viernes 02 de marzo de 2012, 08:45h
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy tiene toda la razón al pregonar su “optimismo realista”. España saldrá de la crisis, como ha salido de todas las anteriores… y saldrá de las posteriores. Pero costará una enormidad, como está costando. Y, por bien que se gestione, va a dejar a Rajoy con una bicicleta sobre el alambre.

Precisamente por eso, por lo difícil que es y va a ser el proceso, por los sacrificios que se viven y se van a vivir, la salida de la crisis va a sufrir incontables palos en las ruedas, porque para sectores sociales y políticos amplios, inscribibles en el genérico concepto de izquierda, las dificultades de un Gobierno del PP para afrontar los problemas que no ha generado son una verdadera bendición.

Por eso consideran una oportunidad única la reforma laboral y el anuncio de recortes en los gastos de la Administración (donde ya dan por muertas la Educación y la Sanidad públicas). Y con más prisa que pausa se han lanzado a las movilizaciones que culminarán, casi con toda seguridad, en una huelga general el 29 de marzo.

Habrá quien piense que se apresuran, puesto que el electorado del PP, y muchas otras personas bastante sensatas, todavía se acuerdan de los responsables de la situación catastrófica de la economía española. Pero la izquierda sindical y la pseudoizquierda política tienen prisa, porque si no alteran pronto la estabilidad social con una guerra de desgaste callejera contra Rajoy, a lo mejor no consiguen minar al PP lo suficiente y le dan tiempo para que alguna medida anticrisis funcione.

Sería un drama para la izquierda que en los próximos veinte meses se viera una mejora de las cifras de paro, de crecimiento, de rescate de la deuda o de reducción del déficit. Por eso tienen que llegar antes, y dejar una impronta de frustración sobre el nuevo Gobierno, incluso desde antes de que empiece a ejecutar su propuesta política. Que puede funcionar o no, pero que, en todo caso, no invalida el hecho de que la anterior, la socialista, fuera un fracaso rotundo.

Hay que ir a la huelga antes de que Rajoy pueda apuntarse un solo tanto, ya sea en Bruselas o en la prima de riesgo. Y ya están llegando tarde, porque lo pongan como lo pongan las fuerzas del progreso del regreso, es obvio que el nuevo Gobierno español está teniendo un margen de confianza razonable en el exterior, e incluso diría que en el interior, en su exposición de los problemas y en la búsqueda de soluciones. Y mira que duelen.

Un margen, por supuesto, que no lo resuelve todo, pero que es mejor que nada. Por eso hay que dinamitar la esperanza, y eso se logra, en palabras de un dirigente sindical, “helenizando” las calles españolas.

Sublime alternativa: si no gobernamos nosotros o los nuestros, que arda España como Grecia. Claro que si arde España, España se convierte en Grecia, lo que no parece una alternativa muy patriótica, aunque sí útil, porque, por lo menos, permite acabar con el poder del PP.

Hay una pega para este argumento, que preside el imaginario sindical, socialista y comunista. ¿Y si la gente, el electorado, empieza a sospechar que la izquierda prefiere la ruina de España (que, por otro lado, y visto lo visto de Zapatero, es su hábitat natural) con tal de que la derecha deje pronto La Moncloa?

¿Y si el personal, cuando ha visto la convocatoria sindical madrileña para el 11-M (otra más de las que nos vienen), le ha sonado que la izquierda quiere arrinconar al PP en la misma fecha fatídica en la que unos atentados acabaron con el Gobierno Aznar? Porque hay efemérides que casi es mejor no tocarlas, porque se puede ver el plumero.

Pero la izquierda está encendida tras la salida del poder del PSOE. Y no se puede contener, como no se contiene el escorpión cuando pica a la rana que le cruza el río, aunque ambos se ahoguen. Y allá que va, a la huelga general, que algo costará al PIB español (como siete mil millones de euros) lo que añadirá dolor al tormento y tal vez lleve a unos cuantos trabajadores más a la calle, que es un objetivo muy socialista y muy sindical.

Aunque parezca irracional, cuando se habla con algún representante de la izquierda, les ve los ojos brillantes de emoción cuando diagnostican el futuro. Ya tienen al Gobierno contra las cuerdas por la reforma laboral; en esta época turbulenta los gobiernos del mundo caen con rapidez; a Rajoy le quedan dos telediarios; Galicia está ganada en 2013…

No hay que discutir sus esperanzas, pero tampoco está de más aportar un poco del realismo que proclama Rajoy, para los ajustes económicos y para los reajustes políticos. Porque, pongamos que gana el PP en Andalucía. ¿Qué sentido habría que dar a la huelga general cuatro días más tarde? La pasión política se entiende, pero cualquier persona sensata dejaría pasar unos meses para librar la gran ofensiva para solucionar en la calle lo que siempre erróneamente dictan las urnas, cuando gana la derecha.

Y habría que considerar también la posibilidad de un poco de optimismo por España, aunque la solución para la Nación sea la frustración de los coros y danzas helenizados o helenizadores, los que sueñan con Grecia como solución para su futuro, y no como tragedia para el futuro de los españoles.
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