Susan Sontag: el dolor de los demás
Mariana Urquijo Reguera
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lacajadelostruenosyahooes/18/18/24
martes 20 de marzo de 2012, 21:17h
Hace ya años Susan Sontag publicó en una reflexión en los medios de comunicación mundiales sobre las imágenes de las torturas en la cárcel de Abu Ghraib a comienzos de la guerra en Irak. Su reflexión conectaba con los análisis sobre la fotografía en la cultura de masas actual publicado bajo el título “Ante el dolor de los demás” muchos años antes.
En ambas ocasiones la autora, ya frágil por un cáncer que la rondó muchos años hasta llevársela en 2004, planteaba el efecto que tenía el uso de fotografías como arma de denuncia de injusticias, de desmanes. Examinando una serie de fotografías famosas reflexionaba sobre el uso que se les había dado desde las editoriales, los textos que las habían acompañado etc. etc. y todo para llegar a las emociones que se despiertan en los observadores, en los espectadores. ¿Algo había cambiado?
El siglo pasado tuvo a las cámaras fotográficas y videográficas como armas de potencia indeterminable. Su presencia en la cotidianidad ha modificado el curso de la realidad y quizá el de la historia porque se ha colocado como elemento narrativo fundamental de la Historia General y de la memoria individual. Ha pasado a ser un filtro ontológico que ha su vez ha modificado nuestra forma de relación con la creación de realidad y con la narración de ésta. La libertad que se asociaba a la garantía de que hubiera una cámara presente en lugares de conflictos porque abría la posibilidad a ‘los desfavorecidos’ por el curso de la historia de proponer otras lecturas de los acontecimientos generó narraciones épicas y verdaderos caballeros andantes de la fotografía. Sin embargo su poder de denuncia se ha mostrado muy versátil y reversible al servicio de todo poder y de toda voluntad de poder. La visibilidad es una trampa finalmente.
Hace nueve años las fotos de esas torturas horrorizaron al mundo pero más por las implicaciones conceptuales e ideológicas que implicaba la existencia de las fotografías que por las imágenes mismas. La habituación al horror insensibiliza.
La anestesia sensorial y emocional que produce la exhibición constante del sufrimiento ajeno ha logrado inocular el arma que era la fotografía y así dejarla convertida en lo contrario: pura anestesia. Para el usuario habitual de información, no existe el día que no vea imágenes de guerras, mutilados, muertos, sangre, destrucción. ¿Alguien cree que esas imágenes sensibilizan a la audiencia de las tv, a los lectores de diarios y revistas, a los usuarios de internet?
Yo lloro. Y lloro mucho, miro en los ojos de los retratados y soy incapaz de imaginar su sufrimiento. Y lloro también por ello. Me indigna mi ignorancia sobre los detalles de cada desastre que gestiona nuestro mundo, cada guerra, cada absurdo nuclear, cada disparate financiero. Y cada vez que veo ese terror, cada día me pregunto si será el último en que me lo pregunte, si llegará la anestesia mañana mismo o lograré seguir llorando por cada nueva constatación de la imbecilidad humana que pone todos los medios que tiene para un desastre siempre mayor.
Hoy lloré con las imágenes de niños muertos en Afganistán y en Francia, la seguidilla de Irak y el terror en Siria, y no me quito del fondo del corazón las caras de luto de los japoneses que viven rodeados de bombas atómicas. Sólo me hicieron suspiran hondo y sonreír para adentro las noticias que llegan de Islandia que tras la crisis económica que sufrió hoy son las mujeres las que andan 'recreando' el país con toda suerte de éxitos y con todo tipo de novedades. Eso si que es futuro.
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Filósofa, profesora e investigadora.
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