Se suicidó por España
Joaquín Vila
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directorelimparciales/8/8/20
domingo 13 de abril de 2008, 20:51h
No se trata de un suceso actual. Nadie, que se sepa, se ha suicidado por la deriva de nuestro país en manos, todavía, de Zapatero. Aunque a alguno, de cuyo nombre no quiero acordarme, se le haya podido pasar por la cabeza al conocer el resultado electoral.
El que se quitó la vida por España fue Mariano José de Larra, según dice haber descubierto Jesús Miranda, descendiente del escritor, hijo de la tataranieta del maestro de periodistas, quien está a punto de publicar una biografía en la que cuenta que el famoso suicidio no se produjo por celos, ni por pasión. Larra no se pegó un tiro por amor, no se mató porque su amante, Dolores Armijo, le abandonara cruelmente. Sino porque le dolía España, porque su país “no podía integrarse en el progreso, por su insatisfacción política.”
Hasta ahora, el capítulo más romántico escrito por Larra fue su propia muerte. El 13 de febrero de 1837, un gélido día de invierno en Madrid, Dolores Armijo, su gran pasión, su gran amor, se presentó airada, nerviosa, casi histérica, en su casa de la calle Santa Clara. Nada más abrir la puerta, sin atreverse a mirarle a los ojos, le anunció que volvía con su marido, que se embarcaba esa misma tarde hacia Manila, que le abandonaba para siempre. Le exigió que le devolviera todas las cartas, toda la correspondencia que atestiguaba la intensa pasión que habían vivido. Y se fue.
Larra no pudo soportar el desamor y, con apenas 28 años, se descerrajó un tiro en la sien que retumbó en las adoquinadas calles del Madrid de los Austrias. Aquel día gris, lluvioso, triste se tiñó de sangre pasando a la historia como uno de los episodios más trágicos y románticos de la historia de nuestra literatura. En su entierro, José Zorrilla leyó una elegía patética por la muerte de su joven amigo. El luto cubrió la ciudad y la literatura española.
Y ahora llega un hijo de una tataranieta, rebusca en la correspondencia familiar, cotillea cajones, husmea en los desvanes, escudriña la correspondencia, los apuntes y los diarios íntimos y pretende destruir el mito. Porque Larra no ha pasado a la historia de la literatura por sus sarcásticos artículos “Escribir en Madrid es llorar” o “Vuelva usted mañana”, ni por ser un escritor costumbrista, inteligente, romántico, irónico, ingenioso. No se le recordará por sus comedias ni por sus ensayos. El capítulo más brillante lo escribió con su sangre. Por amor. Que no venga ahora un lejano y desconocido descendiente a destrozarnos el mito. Que por España, “por insatisfacción política”se puede suicidar cualquiera y en cualquier época.
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Director de EL IMPARCIAL
JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL
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directorelimparciales/8/8/20
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