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Educación e investigación: recortar el futuro

viernes 06 de abril de 2012, 09:21h
En el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) se ha puesto de relieve la creciente preocupación por la situación educativa en España, considerándola regular, mala o muy mala, el 61,8 por ciento de los ciudadanos Sin duda, esta preocupación no es baladí, pues, entre otros alarmantes signos, nuestro país, junto a Portugal, presenta las tasas de fracaso escolar más altas de la Unión Europa (UE). Así, mientras que la media comunitaria se sitúa en torno al 14, 1 por ciento, en España se dispara hasta el 28,4 por ciento. Asimismo, los sucesivos informes PISA producen sonrojo, pues siempre aparecemos en el furgón de cola, y ninguna de nuestras Universidades se incluye en el ránking de las más prestigiosas.

Especialmente en estas circunstancias, la decisión del Ejecutivo de Mariano Rajoy de aplicar drásticos recortes en el ámbito educativo y en I+D+i (Investigación, desarrollo e innovación) no va por el camino correcto. Máxime si tenemos en cuenta que España viene padeciendo en este terreno un déficit histórico, al ser de los países de nuestro entorno que menos invierte en educación y en investigación. Con ello no pretendemos sumarnos a esa peculiar rebelión contra las matemáticas que han emprendido los líderes sindicales por razones de poder, secundados por demasiados dirigentes del PSOE, no se sabe muy bien porqué. Nadie pone en cuestión que la actual y gravísima crisis económica exige, por muy doloroso e impopular que sea, acometer, como así ha hecho el Gobierno, severos recortes y manejar unos Presupuestos Generales del Estado austeros y alejados de cualquier despilfarro. Primer paso imprescindible y urgente para que podamos avanzar en la salida del túnel.

Pero la crisis no puede convertirse en un pretexto para meter la tijera indiscriminadamente en cualquier campo, sin calibrar que los recortes no tienen, obviamente, las mismas consecuencias en unos que en otros. Y las consecuencias que provoca el recorte en educación, desarrollo científico y tecnológico e investigación son, por muchas razones, dramáticas. Contar con un sistema educativo sólido, coherente, competitivo y bien estructurado, y con una actividad investigadora de altura, son elementos absolutamente imprescindibles para el progreso de cualquier país. Con los recortes en investigación se abortarán programas que podrían obtener excelentes resultados si se les dejara el tiempo mínimo exigido. La cadencia, el ritmo, la constancia que precisa la investigación son muy específicos. No es, como, por ejemplo, la inversión en infraestructuras que pueden eliminarse en un momento dado y después continuar en ocasión más propicia sin solución de continuidad. Una autopista se detiene y continúa sin más. Pero una investigación, es otra cosa. El tiempo que se pierde en que pueda o no avanzar un programa científico no es recuperable. Y lo que es más grave aún, si cabe, se cercenarán vocaciones investigadoras y se frustrarán generaciones de científicos, o se verán abocadas irremisiblemente, como ya viene sucediendo, a emigrar.

El Gobierno debería plantearse que siempre es posible buscar otras partidas para recortar. Hacerlo en educación e investigación resulta suicida, pues es ir contra el futuro, es recortar el porvenir. En realidad, los gastos en educación e investigación son, más que gastos, una imprescindible inversión de futuro. La propia Unión Europea viene advirtiendo que “los recortes en los presupuestos de educación amenazan con socavar el potencial de crecimiento de la economía y la competitividad”. Un futuro de mayor progreso y bienestar, y fuerte para hacer frente a las crisis, no pasa por disminuir drásticamente el dinero destinado a la educación y la investigación científica. Hasta ahora, ese dinero era insuficiente, y con los recortes se queda reducido prácticamente a su mínima expresión. Por lo menos, deberían mantenerse las cifras manejadas hasta el momento para que los proyectos ya en marcha no se vean obligados a detenerse. Y hacer un esfuerzo para que otros puedan comenzar. Es el futuro lo que está en juego.

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