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mundo árabe

Egipto se encamina hacia una bicefalia del poder

viernes 13 de abril de 2012, 18:47h
Un Jefe de Estado surgido de las filas militares, con el apoyo de la cúpula castrense y de los aliados occidentales, junto a un Primer ministro islamista emanado de las urnas, es el escenario más probable para la fase de transición que se dibuja en Egipto. Todo dependerá del acuerdo tácito al que lleguen las Fuerzas Armadas y la poderosa cofradía de los hermanos Musulmanes, se estima en El Cairo.
Esta mañana varios centenares de egipcios se manifestaron en la emblemática plaza Tahrir para protestar contra la presentación como candidato a Presidente del antiguo Jefe de los servicios secretos egipcios, el general Omar Soleiman. Los manifestantes respondían al llamamiento hecho por los Hermanos Musulmanes para “proteger la revolución” e impedir que figuras del antiguo régimen traten de recuperar protagonismo en las futuras instituciones del país.

La primera vuelta de las elecciones presidenciales tendrá lugar el 23 de mayo, y a la misma ya han anunciado su participación varios pesos pesados de la vida política e intelectual egipcia. Además del general Suleiman, han presentado legalmente su candidatura con las 44.000 firmas correspondientes, el último jefe de gobierno del dictador Hosni Mubarak, Ahmed Chafik, así como el que fuera Secretario general de la Liga Árabe Amer Mussa que dirigió la diplomacia del exdictador durante años.

Los Hermanos Musulmanes presentan su candidato Jairat al Chater, con grandes probabilidades de arrastrar tras sí una parte importante del electorado. Precisamente ha sido la designación de un candidato islamista perteneciente a la cofradía de los Ijuani Muslimim, su denominación en árabe, lo que ha precipitado la candidatura de Suleiman, quien en un principio parecía haber declinado el concurrir a los comicios.

La manifestación de este viernes en plaza Tahrir fue convocada por los Hermanos Musulmanes y los salafistas del movimiento Al Nur. La posibilidad de que ambas fuerzas, que sacaron la mayoría absoluta en las pasadas elecciones a la Asamblea del Pueblo encargada de elaborar la hoja de ruta en curso, converjan en las presidenciales en un único candidato, atemoriza a las clases medias, a los sectores liberales y democráticos, que denuncian “la monopolización de la vida política por los islamistas, tras el derrocamiento de Mubarak”. Frente a esta situación, sólo una concentración de votos en un solo candidato sería la alternativa a “la marea islamista”.

Es quizás esta situación lo que ha hecho retrasar la aprobación por parte de las Fuerzas Armadas del proyecto de Ley tendiente a prohibir a los representantes del antiguo régimen, el presentarse a “puestos de alta responsabilidad” en el aparato del Estado. Mientras el Ejercito no dé su aprobación, el general Suleiman tendrá el camino libre para hacer valer su candidatura, ya que no tiene ningún juicio pendiente.

Curiosamente y por primera vez en Egipto, el resultado de las próximas elecciones presidenciales, podría depender en gran parte del voto de las mujeres. Al menos cuatro millones de mujeres no disponen de ningún tipo de pieza personal de identificación, constata un estudio realizado por varios programas de Naciones Unidas, que han puesto en marcha junto con el gobierno un plan para dotarlas de carnets de identidad, requisito sin el cual no podrán ejercer el derecho al voto. Tan sólo en la capital El Cairo, el número de mujeres en esta situación es de dos millones y medio. El hecho de que muchas mujeres procedentes de clases medias y adineradas, estén en esta situación de “limbo legal”, la solución de este problema podría facilitar un requilibrio en la distribución de los votos en los próximos comicios.

El anuncio de la candidatura del general Suleiman el 6 de abril pasado, ha dejado perplejos buena parte de los egipcios. El exjefe de los servicios secretos posee una “hoja de servicios” bien repleta, y ha sido en todos estos años el interlocutor privilegiado de los Occidentales. Él se ha defendido en unas declaraciones diciendo que “el hecho de que fuera jefe del espionaje y llegara a ser vicepresidente, no significa que sea un hombre del antiguo régimen contra el que se levantó el pueblo”.

El general Omar Suleiman se presenta como el hombre clave para mantener los equilibrios geopolíticos en la región. “Su función será esa, y no recuperar las conquistas de la revolución” explica un analista de la cuestión egipcia. Suleiman posee una amplia hoja de servicios. Ha sido el interlocutor privilegiado de los gobiernos occidentales, el interface entre las facciones palestinas, el negociador entre Egipto e Israel en sus momentos de mayor tensión, el interlocutor de los poderosos servicios secretos saudíes. Omar Suleiman hacia todo esto en primera persona, sin delegar a nadie su responsabilidad.

Aunque también es verdad que las filtraciones de WikiLeaks han mostrado de él una cara menos amable: feroz anti-islamista y hombre duro, capaz de asumir las tareas sucias que los occidentales no querían hacer; responsable de acoger en Egipto a los supuestos terroristas detenidos por Estados Unidos en Afganistán para sacarles toda la información mediante torturas y métodos poco convencionales. Incluso algún exdetenido lo acusa de haber participado personalmente en sus interrogatorios.

Sin embargo, Omar Suleiman aun transpira el áurea de hombre ambiguo, sin rostro. Quizás sea uno de los últimos supervivientes a haber pasado por las dos escuelas militares más importantes de la Guerra fría: la Academia soviética de Frunze, y la Escuela Especial de Guerra de Fort Bragg en Carolina del Norte (Estados Unidos). De ahí le viene esa máscara de cera e impermeabilidad. Porque en su larga carrera militar y en los casi dos decenios a la cabeza del espionaje egipcio, estuvo constantemente en ambos lados de la barricada.

Quizás por ello también sea el único egipcio hoy día capaz de mantener el papel que cumple El Cairo en el tablero político medio-oriental e internacional, frente a una marea islamista impetuosa que se dibuja en el horizonte egipcio. Hasta los más escépticos de los analistas, pronostican que en el próximo quinquenio habrá un gobierno islamista en Egipto, interlocutor de sus homólogos tunecino, libio, marroquí y quizás argelino. Pero el régimen continuará teniendo fuertes connotaciones presidencialistas, con lo que la fórmula militares-islamistas puede ser el menor mal para todos. Todo dependerá de las negociaciones entre ambos bandos que probablemente se lleven a cabo mediante terceros.
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