Crónica religiosa
Felicidades, Santidad
domingo 15 de abril de 2012, 14:41h
Aún con la resaca del viaje de Benedicto XVI a Cuba y México, este lunes el Pontífice cumple este lunes 85 años.
Este lunes el Papa cumple 85 años, así que ¡Felicidades, Santidad! Recuerdo, como si fuera ayer, el Consistorio convocado por Pablo VI el 25 de junio de 1977, en el que Ratzinger fue creado cardenal. Y lo recuerdo, porque entonces yo era corresponsal de Radio Nacional de España en Roma y en el Vaticano y era la primera vez que vivía un acontecimiento eclesiástico de tal calibre. Como periodista tuve la inmensa fortuna de conocer personalmente al nuevo purpurado y charlar con él, mientras tomábamos un capuccino en un bar cercano a su apartamento romano a tres pasos del Palacio Apostólico que en el 2005 se convirtió en su residencia actual tras ser elegido Papa. Los cafés de aquel día los pagó Ratzinger, que con su gorra y su sotana negra pasaba por ser un sencillo sacerdote que un recién nombrado cardenal. Después, Juan Pablo II, sabedor de la valía de este gran hombre de la Iglesia, lo nombró, el 25 de noviembre de 1981, Prefecto de la Congregación de la Fe. También asistió a los conclaves que eligieron a Juan Pablo I y a su predecesor Juan Pablo II. Antes de ese último cónclave tuve también la fortuna de hablar con él, así como años después en la Universidad Católica San Antonio de Murcia.
Sencillo, sobre todas las cosas. Creo que esa podía ser una de las divisas en estos siete años de pontificado, que han sido fructíferos y que han echado por tierra todos aquellos malos augurios de los siempre, cuando fue anunciada su elección. Para mí, su magistral homilía cuando ofició los funerales de su llorado predecesor, el Beato Juan Pablo II, fue ya una indicación de lo que iba a ser su pontificado, casi desde ese día anunciado. Las maravillosas lecciones que nos ha transmitido con tres Encíclicas, Deus caritas est, Spesalvi y Caritas in veritate, son un exponente más de la necesidad que tenía y tiene en estos momentos la Iglesia de un hombre como Benedicto XVI.
Sus difíciles y complicados viajes al exterior, como los recientes a Méjico y Cuba, trazan también las líneas de su acción, que nos es otra que la necesidad de la Nueva Evangelización que nos ha marcado, y que hacen que cada vez sienta más la necesidad de su magisterio, como hace días, cuando en una audiencia de los miércoles en la Plaza de San Pedro nos dijo a todos:"Jesús entra en los corazones aunque las puertas estén cerradas". No podemos olvidar tampoco sus tres viajes a España con el recorrido pastoral del Encuentro Mundial con las Familias, en Valencia en el 2006, las visitas a Santiago de Compostela y Barcelona, en noviembre de 2010, y la Jornada Mundial de la Juventud, en Madrid en agosto del pasado año.
Ahora, a los 85 años, su magisterio es más necesario que nunca, aunque pocas veces tenga que apoyarse en un bastón y algunos traten de propagar lo de siempre: el Papa está muy enfermo.
¡Qué equivocados están! El papado está siempre ahí. Para enseñarnos, para orientarnos y para decirnos, y vuelvo a la citada audiencia en la que nos enseñó a todos que” solo Jesús puede derribar las piedras sepulcrales que el hombre pone a menudo sobre sus sentimientos, sus relaciones y sus comportamientos. Piedras que crean muertes, divisiones, enemistades, rencores, envidas, indiferencias y diferencias. Solo Él puede dar sentido a la existencia y hacer que vuelva al camino quien está cansado, quien no tiene confianza o quien no tiene esperanza”.