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A un mes de las elecciones presidenciales

Egipto se interroga sobre su revolución

domingo 15 de abril de 2012, 19:13h
“La revolución egipcia se encuentra entre dos fuegos: por un lado los islamistas y por otro los militares”. Esta es la principal idea que se puede extraer de la iniciativa del Consejo Supremo de Cultura egipcio que ha reunido durante tres días en El Cairo a un centenar de intelectuales, representantes políticos, académicos, exponentes religiosos y miembros de asociaciones cívicas para debatir sobre 'Cultura y Revolución' a un mes de las elecciones presidenciales.
Las fuerzas políticas y sociales, losprotagonistas de la Revolución del 25 de enero de 2011 que destronó al general Hosni Mubarak del poder, han hecho una pausa a un mes de los comicios presidenciales, para reflexionar sobre el camino a seguir y ser fieles a “los mártires de la plaza Tahrir”. Egipto se interroga sobre qué camino seguir.

Organizado por el Consejo Supremo de Cultura, se han reunido en El Cairo durante tres días un centenar de intelectuales, representantes políticos, académicos, estudiantes, miembros de asociaciones cívicas, exponentes religiosos, mujeres, jóvenes, para debatir sobre “Cultura y Revolución” y hacer un examen del camino recorrido y el que aún queda por delante.

La situación que vive el país, a un mes de las Elecciones presidenciales, es de gran tensión. Todas las fuerzas políticas y sociales están volcadas en los próximos comicios de los que aún reina le incertidumbre sobre los candidatos y sus resultados. El Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas que mantiene el poder de facto en elpaís, trata de impedir los desbordamientos y las movilizaciones populares. Los dosprincipales partidos islamistas, el de los seguidores de los Hermanos Musulmanes y los salafistas de Al Nur, mantiene sin embargo intacta su capacidad de arrastre, y nadie duda de que pesarán en los resultados electorales.

“La revolución egipcia se encuentra entre dos fuegos: por un lado los islamistas y por otro los militares” es la idea generalizada que ha predominado en los debates del Encuentro. “Vivimos una etapa de perplejidad y de duda”, señaló el ministro de Cultura Shakeer Abdelhamid en su intervención de apertura, en la que acusó al extremismo y al fanatismo de “abortar la creación artística y cultural”. Haciendo suyas algunas ideas que circulan ampliamente en los medios intelectuales de El Cairo, Shakeer notó que “la revolución se encuentra en estado de hibernación, algunos dicen que clínicamente muerta, pero yo tengo fe en los jóvenes que sabrán recuperar la creación artística”. Una intervención poco común en un miembro de un gobierno de transición, por lo decidida y nítida. El titular de Cultura se mostró firme partidario del diálogo y de la búsqueda de consenso, y en alusión a los islamistas tendió una mano a las fuerzas políticas para “mirar al futuro, no detenerse en el pasado y hacerlo con ideas nuevas”.

Por su parte el Secretario general del Consejo Superior de Cultura, Tawfik Said, salió en defensa de las corrientes democráticas y liberales muy activas en elproceso revolucionario que vive Egipto. “Los liberales no son hostiles a la revolución como quieren hacer creer los extremistas fanáticos, sino que defienden sus valores, la democracia y la justicia”, dijo en alusión a las acusaciones que hacen en particular los salafistas a todos los que defienden una concepción democrática y progresista de la sociedad de “impíos y descreídos”. Tawfik Said calificó a la revolución egipcia como “incompleta”, ya que según él tiene que traducirse en la vida concreta de la gente para que se la pueda considerar realizada.

La mayoría de ponentes se identificaron con las palabras del intelectual Bahaa Aldin Shaaban, según las cuales “lo que ha pasado en el mundo árabe es un verdadero tsunami revolucionario contra los regímenes arcaicos apoyados por el imperialismo occidental”. Una revuelta profunda que en el caso de Egipto ha venido acompañada de ideas nuevas, ideas rebeldes. “La cultura es un derecho del pueblo y no puede estar sometida a los aleas de la política”, dijo Shaaban; “un derecho que debe traducirse en el respeto al prójimo y a las minorías”. El enfrentamiento coptos-musulmanes y los anatemas lanzados contra todos aquellos que no piensen como ellos por parte de las tendencias radicales islámicas, estuvieron presentes en el pensamiento de todos los que tomaban la palabra. “Es inaceptable, dijo Shaaban, que esos extremistas condenen como un demonio a nuestro premio nobel Naguib Mahfuz”.

La “identidad plural delpueblo egipcio” producto de una milenaria mezcla de culturas y creencias diversas, es un activo para elpaís y no un lastre generador de problemas. La cuestión clave para el intelectual marxista Jalil Kelfet es que “el pueblo ha acabado con el miedo y ha empezado a construir su futuro”. Algo que en sí mismo ya es revolucionario. Y que se ha traducido en una conquista fundamental, que ha sido terminar con el todopoderoso ministerio del Interior “símbolo del terror de la dictadura”.

Para Kelfet, que se mostró pesimista y frustrado en cuanto a los resultadosconcretos alcanzados por el movimiento plaza Tahrir, “el islamismo no forma parte de la revolución, sólo que se ha aprovechado de sus frutos”. Algo con lo que no todos estaban de acuerdo. “Es cierto que los Hermanos Musulmanes bajaron a laplaza a último momento, dice el escritor Karim Maruan, pero no se puede negar que forman parte de la revolución”. Varios diputados islamistas presentes en la sala, que también tomaron lapalabra, insistieron en que ellos nunca han mentido a la gente y que ha sido el pueblo quien les ha apoyado en las urnas en las recientes elecciones a la Asamblea del Pueblo. Los hermanos Musulmanes no quisieron entrar en debates filosóficos, ni religiosos, y se limitaron a defender su legitimidad democrática.

Leila Siwif, madre de uno de los jóvenes de plaza Tahrir que purgó penas de cárcel y que también estaba presenta en la sala, defendió el papel de las mujeres, su participación y el apoyo logístico que algunas asociaciones como el “Comité de apoyo a la revolución” en el que ella misma participó, dieron a la revolución del 25 de enero. Profesora de Matemáticas en la Universidad, Leila Siwif reivindicó todos los movimientos populares y de protesta anteriores que culminaron con el proceso de plaza Tahrir. “El primer paso fueron las manifestaciones contra la guerra de Irak, todas se hicieron en plaza Tahrir”, señaló. “Las de 1991 no tuvieron consecuencias; en cambio las de 2003 dejaron secuelas porque a partir de ese momento hubo continuidad y plaza Tahrir fue un símbolo”.

Relatando lo ocurrido en los días en torno al 25 de enero, a los que el mundo asistió en directo con las cadenas de radio y televisión y las redes sociales, Leila Siwif recordó que los jóvenes activistas no eran sólo procedentes de clases media y baja, sino que hasta “los alumnos de la Escuela Americana de El Cairo – todos ellos pertenecientes a la clase alta egipcia - salieron a la calle desde elprimer día”.

Sociólogos, analistas, miembros de redes sociales, todos los que pedían tomar la palabra en el hemiciclo del teatro de la nueva Opera de El Cairo donde se realizaba el simposio, trataban de desmigar elproceso y de entender las claves del mismo cara al futuro. “Lo que pasó en plaza Tahrir puede compararse con Mayo del 68 en Francia”, apuntaba Hovaida Saleh, una mujer de clase media y formación académica. “Los servicios de inteligencia mundiales no se esperaban lo de Egipto; la CIA tampoco”, dijo. Ya que “el movimiento empezó con las reivindicaciones Libertad, Justicia y pan, pero terminóradicalizándose y pidiendo el cambio de régimen”. Una sorpresa no sólo para Occidente, sino para los egipcios mismos.

El estado de ánimo que imperaba en el encuentro, lo sintetizó en cierto modo el escritor libanés Karim Meruan, quien dijo que “lo más importante de este encuentro es que hay un debate entre laicos, islamistas, demócratas, liberales, nacionalistas, comunistas; y todos buscan la verdad, el punto de unión”. “Si lo consiguen, añadió, Egipto volverá a recuperar el papel que lecorresponde en el mundo árabe”.

En una palabra, el encuentro del Cairo parece más una pausa en el camino, un momento de reflexión, y quizás desemboque en un nuevo impulso para que esa revolución que dejó tantos muertos en el camino, culmine en un Estado democrático.
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