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La Monarquía Parlamentaria de Juan Carlos I

jueves 19 de abril de 2012, 21:41h
“Quiero ser el Rey de todos los españoles”. Ésta memorable frase, latía con fuerza en el corazón de Don Juan Carlos el día de su proclamación como Rey ante las Cortes, durante su primer y trascendental mensaje a la nación, en el que volcó el proyecto vital de su reinado: la concordia nacional, establecer la democracia, restaurar la monarquía, “La Monarquía de todos”1, sin distinción. Era el 22 de noviembre de 1975. Hace ya treinta y seis años.

“Quería ser rey de todos los españoles y creo que lo he conseguido”, afirmó Juan Carlos I en el especial de TVE con motivo de los 25 años de su subida al Trono .Ocasión en la que el Monarca pronunció esta frase que define cabalmente su reinado: “Los años transcurridos me han hecho querer y servir más al pueblo español y que el pueblo sepa que el Rey es su servidor y que esa es la utilidad de la Monarquía”.

Misión sobradamente cumplida en estos años de Monarquía parlamentaria y constitucional, seña de identidad que guió a Don Juan 2, su augusto padre, toda su vida en los que España vive el más prolongado periodo histórico de libertades, estabilidad institucional y prosperidad social, que se extiende ya a más de un tercio de siglo.

No ha sido fácil para el Rey, señero artífice de tan ardua y complicada tarea erizada de escollos, liderar esta misión de trascendental relevancia .Su idea, su obsesión permanente, siempre ha sido “que hubiera un consenso total de todas las fuerzas políticas para que nadie se sintiera excluido.

Por absoluta convicción, Juan Carlos I prescindió de los poderes absolutos de un prolongado régimen autocrático y situó a España, en un tiempo record, entre los Estados modernos y políticamente más avanzados.

Después de treinta y seis años de Monarquía nos encontramos hoy ante todo un Rey con legitimidad dinástica y fundamentalmente constitucional. Un Rey, parafraseando a André Malraux, que supo decididamente “hacer lo más importante, hacer un reino”. Un estadista reconocido por la comunidad internacional, curtido desde niño y en su madurez en la disciplina, en el rigor y en el amor a España. Sin duda, uno de los reyes mejor preparados de nuestra secular historia. Un hombre de prudencia modélica que tuvo el coraje, la tenacidad, el entusiasmo y la fe al rojo vivo de asumir el desafío de hacer suyos los sueños de su egregio padre: “Ser el Rey de todos los españoles presidiendo un Estado de Derecho y que la Institución funcione como instrumento de la política nacional al servicio del pueblo.” 3

Don Juan Carlos ha hecho bandera de un intachable comportamiento constitucional, como coinciden en destacar notables personalidades del arco parlamentario. Ingente tarea, en la que cobran especial relevancia, los sabios consejos de la Reina Doña Sofía, compañera insustituible en ésta singladura histórica.

Sin embargo, nos enfrentamos a un momento crucial que exige afrontar retos decisivos para el futuro de España. Es evidente un cierto deterioro de nuestro edificio constitucional. Se perciben crujidos en un andamiaje que es preciso apuntalar, ya que pudiera poner en riesgo cimientos creados con tanto esfuerzo y que han posibilitado largos años de convivencia pacífica.

Precisamente ahora, cuando nos encontramos de lleno en el cenagal de una crisis política y económica sin precedentes, es preciso afrontar la apremiante reforma constitucional, sin que se resienta el entramado de nuestra Ley de leyes. Se trataría, en definitiva, de alumbrar un nuevo Pacto de Estado, con la lección aprendida de los imborrables Pactos de la Moncloa, que ponga de acuerdo a los líderes políticos y a los agentes sociales.

Entre otras cuestiones de capital relieve exigen especial atención: Reformar la Ley Electoral a fin de dar respuesta a las necesidades que la sociedad, cada vez más compleja, demanda. Hacer efectiva la separación de poderes que garantice una justicia independiente. También, a la luz de la experiencia, en esta coyuntura crítica, la revisión del Estado de las Autonomías que evite costosas duplicidades, frene el despilfarro y ataje la corrupción rampante que nos asola. Además, de un modelo económico que redefina el sistema productivo y financiero español, para dotarles de la competitividad necesaria ante los desafíos de los mercados financieros y países emergentes.

Todo ello, sin pasar por alto la importancia del consenso a la hora de plantear un sólido modelo educativo que convierta con auténtico rigor, la excelencia en meta de las generaciones venideras. El broche de esta remozada arquitectura, política, económica y social, habría de ser la Ley de la Corona.

Para este Pacto de Estado, que habrá de prolongarse durante buena parte de este siglo XXI, se hace más necesario que nunca la mediación de la Corona. La presencia del Rey, en su figura de árbitro constitucional garantizaría, una vez más, poder superar las dificultades actuales y dejar marcado el camino al Príncipe de Asturias en un rumbo de estabilidad, para que Don Felipe reine ante una España y un mundo muy distinto al que se encontró su padre.

Tuve el honor de tratar a Don Juan Carlos desde antes de su proclamación como Rey. Siempre recordaré aquel día en el que, en el transcurso de una conversación, le dije: “Vuestra Majestad ha creado un Estado Moderno con muy buena mano izquierda”, momento en el que se arrancó con un espontáneo abrazo. Un Estado Moderno, es el legado que el mejor Rey dejará a su sucesor, a Su Alteza Real, el XXXV Príncipe de Asturias.

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1 Tercera de ABC -21 Julio 1966- de Luis María Anson , Académico, escritor y maestro de periodistas, que le supuso el exilio de España .
2 Don Juan de Borbón, Conde Barcelona, hijo de Rey y padre de Rey:”IOANNES III Comes Barcinonae” como ya figura en su sarcófago, en el Panteón de Reyes del Monasterio de El Escorial.
3 Trascendental documento del Conde de Barcelona, 19 Julio 1969, día en que Franco designaba sucesor a Don Juan Carlos.


Indalecio Diaz

Presidente del Grupo Iberonews

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