Amarcord
Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
lunes 14 de abril de 2008, 23:45h
Italia ha votado. El pueblo soberano ha elegido por tercera vez a Silvio Berlusconi como Presidente del Consejo. Sin embargo, la victoria del Pueblo de la Libertad, partido de derecha conservadora, y las elecciones mismas han mostrado una serie de elementos de análisis, que cara al futuro, habrá que tener en cuenta y que necesitan una atenta reflexión.
En primer lugar, la victoria de la bipolaridad. Pese a su derrota, en la estrategia de Veltroni hay que destacar un claro merito: su decisión de presentar un “partido único” (y la consecuente emulación de Berlusconi) respondía al deseo ciudadano de una mayor bipolarización de la vida política. El desencanto por la política de los últimos años, caracterizada por la fragmentación partidocrática y una latente crisis, obligaba el país al cambio.
Además, con el escrutinio aún en marcha, es probable que en el Senado se presentará una situación totalmente nueva: la presencia exclusivamente de tres, cuatro al máximo, grupos parlamentarios. La novedad la simplificación del cuadro político resulte funcional a la gobernabilidad. La victoria del bipolarismo se manifiesta en el dato que sólo dos formaciones políticas han conseguido llegar a “doble cifra” de votos, reuniendo entre la dos más que el 70 por ciento de los votos.
El segundo elemento de interés es representado por el fracaso de la coalición de extrema izquierda y verdes. Como en el caso de España, el “tsunami” bipardista y la falta de un programa innovador han conseguido arrasar votos de forma clara a la formación de extrema izquierda: por primera vez, los herederos del PCI corren el riesgo de no encontrar representación alguna en las dos Cámaras. Además, un dato resulta paradójico: contrariamente a una campaña electoral cuyo fin era conquistar el electorado de centro, el partido Democrático ha drenado votos de extrema izquierda y la amenaza berlusconiana ha funcionado mejor que cualquier apelación al voto útil. De hecho, el primer damnificado por el triunfo de Berlusconi ha sido el cabeza de la lista Izquierda-Arcoiris, Fausto Bertinotti, que ha decidido abandonar el liderazgo de esta coalición.
Los verdaderos ganadores de estas elecciones parecen ser la Lega Lombarda e Italia dei Valori. Según varios analistas nacionales, este resultado depende del hecho que ambas fuerzas representarían “la expresión del antipolítico” y se mostrarían como los partidos mayormente contrarios a la casta. De todo modo, el gran resultado de la Lega resulta tan importante como preocupante: el aumento de votos del partido defensor de los intereses del Norte del país podría marcar la estrategia del nuevo gabinete y el nuevo gobierno Berlusconi podría ser “rehenes” de los intereses de un partido que ni siquiera opera a escala nacional. Es lícito esperarse que el líder de la Lega Bossi vuelva a plantear la posibilidad de reformar la Constitución en un sentido federalista.
Finalmente el miedo de una elevada tasa de abstencionismo: contrariamente a las catastróficas previsiones, el país ha confirmado su gran tradición de participación al voto, registrando una disminución del número de votantes apenas alrededor de los 3 puntos porcentuales. No cabe duda que la participación de más que el 80 por ciento de los habilitados más que una señal del sentimiento antipolítico, demuestra que la movilización de los indecisos ha sido realizada (probablemente a favor de Berlusconi) y que Italia consiga mantener una media superior a España, Gran Bretaña y Alemania.
Pese a no coronar su remontada, el resultado de Veltroni no se puede considerar totalmente negativo; por lo tanto, Berlusconi, claro vencedor de las urnas, debería tener en cuenta eso y que las graves dificultades del país obligan a una estrategia dialogante. El camino indicado por los electores es en la dirección del bipolarismo más que el bipartidismo. Italia necesita un cambio ya: el tercer gobierno Berlusconi deberá actuar de forma rápida. No hay dos sin tres: esperamos sólo que el nuevo intento sea mejor de los anteriores.
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Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
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