La evolución de la arquitectura española es objeto de una exposición en la sala Arquería de Nuevos Ministerios, en Madrid, donde fotografías y maquetas tratan de reflejar cuáles han sido los factores que contribuido a cambiar el paisaje urbano durante los últimos 35 años. El arquitecto Antonio Ruiz Barbarin, comisario de la muestra, explica a este periódico las claves de la evolución de la arquitectura española. Se puede visitar hasta el 7 de mayo, antes de que parta a otros países, entre los que se barajan China e Italia.
A través de
230 proyectos realizados por 130 estudios, la exposición
Arquitectura española (1975-2010) + 35 años construyendo democracia, que acoge hasta el 4 de junio, tras haber sido prorrogada un mes, la sala Arquería de Nuevos Ministerios, en Madrid, ha sido organizada para dar cuenta de cómo ha evolucionado el paisaje urbano español. Después de cinco meses en cartel, está previsto que parta a otros países, entre los que se barajan China e Italia, con idea de constatar la calidad de los trabajos de los profesionales de esta disciplina.
Antonio Ruiz Barbarin, comisario de la muestra, califica estos 35 años como "
irrepetibles por la calidad, la diversidad y la cantidad de buena arquitectura realizada”. En declaraciones a este periódico, comenta que la exposición trata de plantear más preguntas que respuestas al visitante para que descubra “si las tendencias y las modas en esta disciplina son únicamente termómetros de caducidad”.

Interior del Kursaal de San Sebastián, edificio proyectado por Rafael Moneo (Foto: Kursaal)
Tal y como explica Ruiz Barbarin, cada década ha aportado una novedad. Durante los setenta, primaron
“valientes individualidades” para dejar paso en los ochenta a “años curiosos de despegue y destape arquitectónico con nuevas propuestas y discusiones, durante los cuales emergieron con voz propia ciertos regionalismos”, detalla. En los noventa, se alcanzó "una significativa madurez constructiva muy comprometida” mientras que en el siglo XXI “una nueva y brillante generación de jóvenes, y no tan jóvenes, ha llevado a cabo
proyectos sin miedos formales ni ataduras técnicas abriendo un periodo de esplendor y de auténtica libertad espacial con variadas y arriesgadas iniciativas muy potentes conceptualmente”.

Con el medio ambiente como bandera, la
arquitectura pasa por ser a día de hoy “más rigurosa e intensa”, además de estar ligada permanentemente a la investigación, "ya que cada nuevo proyecto presenta sus retos y problemas de presupuesto, así como necesidades sociales y medioambientales”, dice Ruiz Barbarin.
El boom deja paso a la austeridadA través de 60 maquetas expuestas en la muestra, es posible hacerse una idea de cómo ha variado el modo de construir viviendas o edificios públicos. De todas estas estructuras, su comisario destaca el edificio Bankinter, ubicado en Madrid, “por haber supuesto una
revolución respecto al fondo y la forma de proyectarlo en un entorno a proteger en diálogo con otros inmuebles de carácter histórico”, según este arquitecto, quien también considera imprescindibles el Museo de Mérida, el cementerio de Finisterre, en Galicia, el pabellón de España en la Expo de Sevilla, el edificio del BBVA, en Madrid, o el Kursaal, en San Sebastián.
En 1975, la Universidad Laboral de Oviedo costó 1.322.000 euros mientras que el proyecto de la nueva sede de Repsol, todavía en construcción, cuenta con un presupuesto de 94.000.000 de euros. Preguntado por a qué se debe esa diferencia en la cuantía de uno y otro proyecto, Ruiz Barbarin afirma que en estos 35 años la arquitectura "se ha visto influida por el uso de nuevos materiales, además de por la coyuntura económica y el cambio de la peseta al euro, lo que ha conducido a un
encarecimiento generalizado”.

Casas en Never Never Land, Ibiza, proyecto de Andrés Jarque Arquitectos (Foto: andresjarque.net)
El “alto índice de calidad” de la arquitectura española le ha hecho merecedora de consideración por parte de profesionales extranjeros. Así lo cree este experto para quien, tras el
optimismo vivido durante las últimas tres décadas, ahora toca “un largo periodo de contención formal y austeridad económica”, lo que no quiere decir, según su parecer, que vaya a perder calidad, sino que su evolución será “diferente”.
En su opinión, “en periodos como los actuales es bueno recapacitar y seguir dando a conocer su increíble desarrollo para lograr que la
Marca España se extienda con el objetivo de que la calidad alcanzada sea un sello para cualquier profesional que trabaje fuera".

Nueva sede de Repsol, proyecto de Rafael de La Hoz Arquitectos (Foto: Repsol)
El cromatismo, seña de identidadEl Grupo de Investigación del Color en el Patrimonio de la Universidad Politécnica de Valencia, que lleva veinte años estudiando la evolución cromática de las edificaciones, acaba de publicar un
estudio al respecto en la revista
Color Research & Application.
Juan Serra, miembro de este equipo liderado por Ángela García, comenta a EL IMPARCIAL su lectura de los últimos 35 años de arquitectura a través de esta característica: "Se trata de una buena excusa para comprender cómo ha ido cambiando la imagen de nuestras ciudades en su sentido más literal, es decir, el visual".
A finales de los años 70, los
colores eran "más estáticos que los de ahora", lo que significa que España todavía era un país que "trataba de abrirse hueco en el panorama europeo mediante un uso sincero y desnudo de los materiales de construcción, junto a los que el blanco figuraba como el vínculo con una arquitectura internacional y moderna", explica.

A diferencia de la contención cromática que imperaba hace décadas, en los últimos diez años los colores
"han ganado en versatilidad", es decir, que "han multiplicado sus posibilidades de cambio", detalla Serra. A su juicio, esta nueva tendencia "se ha exteriorizado en los espacios urbanos, lo que ha permitido expresar la vitalidad de las ciudades españolas". Así pueden considerarse obras como el Mercado de Santa Caterina, de Enric Miralles y Benedetta Tagliabue, en Barcelona, o el Museo de Arte Contemporáneo de León, de Emilio Tuñón y Luis M. Mansilla.
Sin embargo, hay también estructuras en las que predomina "una mayor
parquedad cromática y material, lo que no ha evitado que se hayan multiplicado las posibilidades expresivas".
Se observan, por ejemplo, "experimentos novedosos en los acabados o
tonalidades transparentes y ambiguas que cambian según el ángulo de observación".
A juicio de este especialista, la versatilidad del color en la arquitectura española ha sido posible "gracias a las mejoras tecnológicas" relacionadas con nuevos materiales de construcción,
pigmentos, herramientas de diseño o sistemas de iluminación, además de por el "esfuerzo constante de los profesionales de esta área por tratar de encontrar nuevos lenguajes para una realidad que es cada vez más plural e integradora".