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La tontería esa de la islamofobia

miércoles 02 de mayo de 2012, 20:40h
Regalan coranes en Alemania. La iniciativa proviene de un grupo salafista denominado “La Verdadera Religión”, cuyo propósito es distribuir gratuitamente un ejemplar traducido del Corán a todos los hogares alemanes. Van ya por los 300.000, y es probable que la cifra siga aumentando. En realidad, a todos nos gusta que nos regalen cosas y, además, quien no haya leído el Corán se pierde una obra sumamente interesante, con independencia de sus convicciones religiosas.

Nadie ha puesto una sola pega a esta acción. En Alemania, como el resto de Europa, hay una democracia tolerante donde caben todo tipo de credos y formas de pensar. De hecho, allí pueden confrontarse distintos pareceres sin problema alguno. Hace apenas un año, el ex presidente alemán Christian Wulff afirmó que “el islam era parte de Alemania”. Poco después, el portavoz parlamentario de la CDU, Volker Kauder, dijo exactamente lo contrario: “El islam no pertenece a Alemania. No es parte de nuestra tradición ni de nuestra identidad y, por tanto, no pertenece a Alemania”. Y no pasa nada.

Caso distinto es el de muchos países musulmanes, donde decir algo así se considera blasfemia. Con suerte, el tema se salda con unos cuantos latigazos, aunque también puede derivar en largas condenas de cárcel o incluso la muerte. Poco antes de su fallecimiento en 2010, el imán de la mezquita egipcia de Al-Azhar y una de las personalidades islámicas más influyentes, Muhammad Sayyid Tantawi, afirmó que “los sionistas y cruzados -cristianos-, los enemigos de Alá, los descendientes de monos y puercos, son la escoria de la raza humana, las ratas del mundo, los violadores de los pactos y acuerdos, los asesinos de los profetas”. Si un obispo, cardenal o rabino se atreviera a decir algo semejante, ardía Troya.

Una joven afgana de 19 años fue violada por el marido de su prima, y quedó embarazada. En virtud de la Sharia -justicia islámica- fue sentenciada a 12 años de prisión por mantener relaciones con un hombre casado. Su única vía de escape era casarse con su violador; al no acceder, se vio obligada a dar a luz en la cárcel, y hoy, madre e hijo viven entre rejas. Hay bastantes más casos así en Afganistán, Pakistán, Irán y un largo etcétera. En Yemen, parece que el hiyab -el velo más light, que cubre “únicamente” orejas, pelo y cuello- no basta. Muchas mujeres, algunas de ellas niñas, han sido atacadas con ácido por no ir “debidamente” cubiertas. No es una mera prenda de vestir por capricho, moda o tradición, sino un mandato imperativo para no “provocar”, conviene tenerlo presente para aquellos que defienden el uso del velo.

Cierto, esto no pasa en todo el mundo islámico, pero sí es bastante frecuente. Ni todos los musulmanes pegan a sus mujeres, ni justifican el terrorismo. Tampoco defienden que se persiga a los homosexuales -en Irán, por ejemplo, su código penal castiga la sodomía con la muerte- ni que se lapide a “blasfemos”. Sin embargo, no hay una voz que, en nombre del islam, diga estas cosas con claridad. Luego hablan de “islamofobia” y de que hay que esforzarse por integrar. ¿Qué hacemos, entonces, cambiamos libertades por la Sharia? Al paso que van algunos, no parece importarles mucho…
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