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El reto de Bankia: socializar pérdidas

martes 08 de mayo de 2012, 00:15h
A las pocas horas de que Mariano Rajoy reconociese que su gobierno está dispuesto a poner dinero en una operación de rescate a entidades financieras y de que la prensa precise parcialmente esos planes para Bankia, el presidente de la entidad, Rodrigo Rato, anunció su dimisión. Es una decisión exigible pero honorable en estas circunstancias. La relación de Rato con el partido en el gobierno es innegable. Y aunque su relación con Rajoy no es necesariamente buena, el decoro exige que una entidad rescatada por el Gobierno no esté presidida por un hombre con las vinculaciones políticas de Rodrigo Rato.

El todavía presidente de la entidad asumió un reto muy difícil cuando aceptó la presidencia de Caja Madrid. La entidad aunaba un gran tamaño con las consecuencias combinadas de la gestión politizada de los años previos con los perversos efectos de la crisis financiera. Allí donde otras cajas -pocas- han logrado mantener una dirección más profesionalizada, Bankia había heredado un legado envenenado. Gestionarlo para evitar una situación límite exigía sumar a toda la pericia que pudiera aportar Rodrigo Rato y una gran suerte, a la vista del reto que asumía y de la situación de nuestro mercado financiero y de la situación del país.

El futuro de Bankia ya no concierne a Rodrigo Rato, pero sí a sus accionistas y, a tenor de lo publicado por la prensa, y de lo adelantado por el propio presidente del Gobierno, también atañe a todos los españoles. Mariano Rajoy dijo en campaña electoral, y en el debate que mantuvo frente al candidato socialista Alfredo Pérez Rubalcaba, que él no seguiría dando dinero a los bancos para salvarles de una quiebra. Ahora ha anunciado lo contrario.

No sólo se contradice y desmiente lo prometido a los electores, sino que contradice las prácticas propias de la economía libre, que pasan por aceptar el veredicto del mercado y permitir una quiebra cuando se produce. Eso no sólo no arruina el sistema financiero, sino que lo fortalece. Primero, porque ese proceso le quita los recursos a los malos gestores y se los otorga a aquéllos que son lo suficientemente buenos como para mantenerse en el negocio. Y segundo, porque, si los actores saben que de un comportamiento irresponsable deriva la quiebra con responsabilidades, intentarán evitarlo en lo posible. Mientras que si el Gobierno hace que una política excesiva en la concesión de créditos dará todos los réditos pero no llevará a la ruina porque siempre estará el Estado en última instancia, lo que está haciendo es favorecer esos comportamientos indeseables. No diga por tanto el Gobierno que lo hace por la salud del sistema financiero, porque su comportamiento es contrario a ese fin.
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