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El norte de África en marcha: Argelia y Egipto

Víctor Morales Lezcano
viernes 18 de mayo de 2012, 21:14h
Una semana más del mes de mayo a nuestras espaldas, y una confirmación, en Argelia, de lo déjà vu.

La cita electoral del jueves día 10 en la república central del Magreb era esperada con alguna expectativa de cambio en el seno de no pocos medios y redes visibles, consultados con frecuencia. En EL IMPARCIAL, he optado últimamente por ir recuperando el trasfondo histórico de una sociedad norteafricana en su trayectoria política actual. No sé si ha sido retrospectiva de alguna utilidad para el lector… y el pronosticador, a la luz de los recientes resultados electorales. Más allá de esta cábala, veámoslos a grandes rasgos..

Para cubrir 462 escaños de la Asamblea Popular Nacional, se ha movilizado solamente el 42% de la población argelina. Primera constatación que se desprende de aquí: Argelia sigue siendo un país muy abstencionista, si comparado con los vecinos territoriales que flanquean sus fronteras magrebíes, Túnez y Marruecos.

En segundo lugar, el FLN ha obtenido 220 escaños, a los que se sumarán, probablemente, otras 68 señorías más pertenecientes al Reagrupamiento Nacional Democrático, formación política de no menor sesgo oficialista que el inveterado Frente de Liberación Nacional. De esta manera, una amplia mayoría institucional predominará en la Asamblea llamada a reformar la Constitución vigente. Mientras que, en una suerte de cajón de sastre, nos encontraríamos con 126 diputados de signo político diverso, la Alianza Verde, o coalición de islamistas, de pelaje dispar, no ha alcanzado sino 48 diputados. Su gozo, pues, en un pozo, en tanto en cuanto se pronosticaba un aumento del voto islamista favorable a la coalición pactada por Ennahda (argelina), Islah (o partido de las reformas) y Movimiento de la Sociedad por la Paz (de resonancia democristiana, si me apuran).

Evidencia: salvo que se haya vuelto a incurrir en la práctica viciosa del fraude electoral, la inercia que genera el desencanto, y la rutina, hija de la inseguridad, parece que han condicionado el sentido del voto argelino en unas elecciones que evidencian el férreo control político que ejerce el aparato político republicano en Argel; decidido, en esta ocasión, como ya sucedió en las elecciones legislativas de 2007, a no correr aventuras costosas, como la que llevó (según Bouteflika) a la eclosión en las urnas del Frente Islámico de Salvación entre 1991-1992, y a la imposición de un régimen drástico que lo contrarrestara.

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Sin embargo, esta misma semana del veleidoso mes de mayo, se ha producido un acontecimiento inédito en los anales de la radio-televisión egipcia.

En la madrugada del viernes día 11, tuvo lugar un debate “apasionado” sobre las opciones que se vislumbran en el país del Nilo en las próximas elecciones presidenciales de fin de mes.

El centro neurálgico de la escenificación le cupo al candidato Abou el- Fotouh -encarnación personal de un Islam “liberal” y cabeza visible de lo que en la “jerga” política occidental, llamaríamos partido de Centro-. Sus dos contrincantes más tenaces fueron el diplomático Amr Moussa, abiertamente crítico con cualquier opción islamista -la liberal y “centrista” inclusive; y el portavoz de la Cofradía musulmana por excelencia, Mahmoud Ghazlan.

Como es canónico en estas situaciones públicas, Amr Moussa subrayó hasta la saciedad las antiguas vinculaciones del candidato presidencial Abou el-Fotouh con agrupaciones extremistas del Islam político, mientras que el portavoz de los Hermanos Musulmanes no ahorró descalificaciones para el candidato Fotouh, alegando su poco edificante tolerancia con los derechos de la comunidad copta (cristiana) y las posibilidades de esta comunidad para presentar un candidato a la presidencia; o reprochándole su apreciación hipertrofiada de los valores de la democracia frente a los del Islam ortodoxo.

Trascendiendo momentáneamente del acontecimiento que ha supuesto el debate televisado en Egipto, permítaseme una extrapolación.

Si el debate de marras revela el riesgo a que se expone Egipto en caso de que el triunfo electoral del 26 de mayo recaiga en Mohamed Morsi (candidato oficial del Islam ortodoxo), en vez de inclinarse hacia Abou el-Fotouh, se reproduciría -también en el país del Nilo- un capítulo histórico de las sociedades del norte de África, como ha ocurrido en Túnez: la hegemonía del Islam político se haría patente, aunque, esta vez, en su versión más dogmática. Ello no implicaría, frente a las pretensiones catastrofistas, el principio del final.

Así como la “calma chicha” en que ha venido a parar la cita electoral de Argelia no parece alentadora, el debate en Cairo City, por el contrario, constituye una novedad de calado en la marcha del país del Nilo hacia el destino político de su elección democrática. Es lo que hay que proclamar, aquí y ahora, como una magnífica noticia para el mundo árabe, y su compañero de viaje histórico, el Islam, que se esfuerza en probar (¿comprobar?) su compatibilidad con los tiempos modernos.

Víctor Morales Lezcano

Historiador. Profesor emérito (UNED)

VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías sobre España y el Magreb

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