El artículo del diario El País se titula "
Se nos acaba el tiempo". Hace primero un análisis de la situación actual un poco angustioso. La principal responsabilidad de la crisis es del antiguo gobierno del PSOE. Pero “todo parece indicar que este Gobierno carece de la valentía política que se requiere para tomar las imprescindibles decisiones que se deberían tomar. Se nos está acabando el tiempo”.
En otro momento señala que “
a España le queda muy poca reputación en los mercados internacionales”, y que sería ideal que nuestro país pudiese continuar con esta velocidad de crucero de las reformas. El problema, señalan, es que tanto Grecia como los años de mentiras y dilaciones que hemos pasado no nos dejan ya margen de maniobra.
De modo que hay que actuar ya, de forma decidida y rápida. Bien, pero ¿cuál es el curso que debe seguir España? Los autores proponen tres reformas, dicen, pues en realidad son cuatro o cinco.
La primera hace referencia al sistema financiero. Su saneamiento es urgente. Han de ser auditadas por expertos independientes. Este lunes, precisamente, el Gobierno ha anunciado las dos compañías que realizarán esta labor. A partir de ahí: “Nacionalizar, sanear y, luego, privatizar debe ser el camino de aquellas instituciones que no superen el examen”. Una propuesta decidida, vive Dios, que está en línea con los tiempos. Lo malo de la misma es que después del primer paso, los siguientes (la buena gestión, el saneamiento y su privatización), son más difíciles. La solución tradicional, que es la del mercado, es la quiebra y la venta de sus activos a entidades lo suficientemente bien gestionadas como para seguir en ejercicio.
También propone una reforma fiscal, que pasa por “
bajar drásticamente los impuestos sobre las rentas laborales, eliminar deducciones (al contrario de lo que hizo este Gobierno), eliminar los impuestos sobre transacciones patrimoniales y actos jurídicos, subir sustancialmente el IVA e introducir una tasa patrimonial al estilo de Francia”. Bien, es un ejemplo de trilerismo fiscal, como lo llama Carlos Rodríguez Braun: bajar un impuesto aquí, subir otro allá… El objetivo es que la fiscalidad recaiga menos sobre el trabajo y menos sobre el consumo. Otra idea, por cierto, que defiende Luis de Guindos.
Otra idea es “
reconocer que la única alternativa a un verdadero federalismo fiscal es el aumento de la irresponsabilidad fiscal”, que es lo que tenemos. Ya van tres ideas. Pero hay más.
La cuarta pasa por reformar en serio, muy en serio, nuestro Estado asistencial. Primero con la prestación por desempleo, que consideran demasiado alta. Y luego con las pensiones: “Necesitamos una seria reforma de las pensiones que reduzca progresivamente su excesiva generosidad y una transformación inmediata del subsidio de paro que ayude a reducir el gasto e incentivar a los parados a aceptar trabajos socialmente útiles”.
Finalmente, hacen un llamamiento al Estado a “vender sus empresas y liberalizar los sectores en los cuales operan, desde AENA a Renfe, desde Paradores a Correos. Así reduciríamos el gasto alrededor de tres puntos porcentuales del PIB”. En cuatro años, ayudarían a alcanzar el equilibrio presupuestario.
En definitiva, más allá de sus propuestas, que son interesantes aunque no todas igual de defendibles, lo que señalan los autores es que se nos acaba el tiempo, y que el
fine tunning de Rajoy no es suficiente.