Soraya Sáenz de Santamaría es la ministra de economía del Ministerio de la Presidencia. Trabaja con un presupuesto un 50 por ciento inferior respecto al de María Teresa Fernández de la Vega. Es también portavoz del Ejecutivo, encargada de anunciar y dar la cara ante los mayores sacrificios de la democracia, pero trascenderá por administrar dietas, viajes, protocolo, cumbres o personal en la más estricta política low cost. Por A. López
Soraya Sáenz de Santamaría es conocida por todos en su faceta como vicepresidenta y portavoz del Gobierno, como la responsable de dar la cara después de los mediáticos consejos de cada viernes. Parece que no ha sido hasta esta semana cuando más de uno ha caído en que también es ministra. Presidencia, que se ubica en el Palacio de La Moncloa, es un humilde pero sensible Ministerio. Humilde porque
maneja un presupuesto de 432 millones de euros, apenas un 1 por ciento del total para el conjunto de carteras; sensible, porque su tarea de coordinación y comunicación puede hacer buena la gestión del conjunto del Ejecutivo o, por el contrario, lastrarla.
Y quien de austeridad habla en cada una de sus intervenciones, austeridad ha aplicado en cada una de sus acciones, al menos sobre el papel. Los datos reflejan que
Sáenz de Santamaría se desenvuelve con un 50 por ciento menos que en su día María Teresa Fernández de la Vega (2004-2010). Otro golpe de efecto en cuestión de imagen ha sido la eliminación de tres direcciones generales y de cuatro asesores. Además, la cuantía dedicada a personal eventual, hasta la fecha difusa y creciente, se limita y rebaja en 300.000 euros.
Otro hachazo de relieve se da en el apartado del protocolo. Los actos representativos tienen un coste un 20 por ciento inferior. El ejemplo más referido ha sido el de las reuniones con gobernantes extranjeros. Superaban el millón de euros y, según nueva orden, ya no podrán sobrepasar los 20.000 euros.
La Cumbre Iberoamericana de 2005, celebrada en Salamanca, costó al Estado 9,4 millones. La de Cádiz, este 2012, 4,9. Sigue la máxima de la vicepresidenta: "Hacer lo mismo gastando la mitad".
En este capítulo, conviene destacar el Plan de Integración de Gestión del Patrimonio.
Se está elaborando un catálogo de espacios de titularidad estatal para conocer los espacios disponibles para reuniones o conferencias. El objetivo de Presidencia es dar un mejor uso a estos lugares y, por encima de esto, el ahorro. Los organismos adscritos no quedan fuera de esta política. El más caro de ellos es el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), que requiere de 220 millones. Le sigue Patrimonio Nacional. En el caso del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), los estudios pasarán de ser 68 a 47, en respuesta a un presupuesto de 6 millones, un 5,9 inferior respecto a 2011.
Hay trece ministerios y trece ministros de economía que deben lidiar con recortes. Sáenz de Santamaría -'Soraya', como la llaman todos en La Moncloa, incluida la prensa- no es la excepción.
Es la que ha establecido una dieta más severa en su departamento, quien ejerce sin el desahogo de anteriores gobiernos y, además, quien comparece en sala de prensa para dar respuesta a las inquietudes de los periodistas. La Secretaría de Estado de Comunicación también depende de Presidencia.
Alrededor de las ocho de la tarde, Soraya da por concluida la jornada. Se prometió no faltar al baño de su hijo, que nació a las puertas de la victoria electoral del Partido Popular. Antes del ineludible momento y previo y posterior a las célebres ruedas de prensa,
largas jornadas de trabajo peleando por una buena imagen del Gobierno al que pone voz y por cada euro. La primera de las misiones recibe feroces críticas; la segunda, por el momento, lejos queda de poder ser reprochada.