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cada tarde que pasa crece el desencanto en el público

Los toros deslucen el cartel de figuras de la corrida de este miércoles en Las Ventas

jueves 24 de mayo de 2012, 01:26h
Se esperaba mucho. Pero pasó lo de siempre con las figuras. El toro "sin" marcó la debacle del festejo. Toros sin presencia, sin fuerzas, sin casta y sin valor. Esperpento de toros. Un festejo de lo más decepcionante.

Los toreros, a verlas venir. El confirmante mexicano Juan Pablo Sánchez estuvo muy dispuesto, pero sin enemigo ya se sabe que no es posible la pelea. "Morante" tuvo retazos sueltos, sin concretar nada. Y Talavante, el único que medio se salvó de la quema, en su primero hizo las cosas más notables de la tarde, no obstante, también sin llegar a estructurar faena.

El toro de la confirmación de Sánchez fue un inválido total. Tambaleante desde que apareció por toriles, cayéndose incluso. De modo que el hombre se preocupó más de mantenerlo en pie que de torearlo, lo que se dice en labores de enfermero. Sánchez fue el primero en la tarde en sentirse impotente, taurinamente hablando. Lo que si hizo fue matarlo bien, muy bien, en corto y por arriba. Una gran estocada.

El último se desplazó más y menor que ninguno, sobre todo por el izquierdo, pero yendo paulatinamente a menos. El joven Sánchez, que había lanceado bien a la verónica, estuvo otra vez muy seguro con la muleta, mas sin poder obligarle. Un trasteo que no iría a ninguna parte ya que a mitad del mismo terminó echándose el toro. El colmo del descastamiento. De nuevo funcionó la espada, lo mejor del mexicano.

"Morante" no estuvo por la labor con la birria de toro segundo, chico y sin fuelle. Ni proyecto de faena. Cuatro pamplinas por la cara y a matar, y una bronca fenomenal.

Parecía que quería y podía sacarse la espina en el cuarto, aunque fue todo un espejismo. Hubo, eso si, una tanda a derechas de mucha enjundia. Una trinchera, sólo una. El resto, aparente pintureria. Cositas sueltas, por supuesto sin ahondar, sin estructurar faena. El tendido se enfadó aunque todavía se escucharon algunas palmas de los incondicionales.

Con Talavante el desencanto fue menor, no obstante, tampoco su actuación llegó a tomar vuelo. En su primero, los estatuarios para abrir faena y tres series a derechas cerradas todas con el cambio por detrás ligado al de pecho, con el toro cada vez más corto de embestida, tuvieron el mérito de mantener el ritmo hasta el final. Pero la falta de toro restó importancia, y tampoco hubo contundencia con la espada.

Poca cosa con el quinto, también pese al esfuerzo de Talavante, que trató de "empujar" a base de temple a otro animal de tardas, medias y cansinas embestidas.

La tarde, no haría falta decir más, fue una ruina.