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Décimocuarta de feria

Sebastián Castella protagoniza la mejor faena de la Feria San Isidro 2012

jueves 24 de mayo de 2012, 23:00h
No se puede pedir más: un gran toro frente a un torero muy dispuesto. O sí, porque después del entusiasmo en la plaza por las evoluciones de uno y otro en la faena, la perfecta conjunción entre ambos, todo terminó yéndose por la borda.

Castella marró en la estocada, y lo que pudieron ser dos orejas se convirtieron en dos avisos. Lamentable espada, pues no se merecía la obra un borrón así.

Fue en el cuarto de la tarde, un toro, hay que recalcar, de Núñez del Cuvillo. Uno de esos ejemplares que definen la calidad y alta cotización de esta ganadería. Toro enrazado. Con "motor" y transmisión, prontitud y fijeza, además de incansable en las infinitas embestidas que desarrolló, siempre a más. Todavía cuando Castella le estaba buscando la igualada para la muerte le quedaba una faena más.

Para no hacer de menos tan distinguido ejemplar, ahí estuvo Castella. Fino y resuelto el torero francés, valiente y muy compuesto. No había pasado nada relevante con el capote. Incluso en el tercio de varas no lució buen estilo el astado. Pero a partir de los dos pases cambiados por detrás en el inicio de faena, la plaza fue un jaleo de olés.

Toreo a derechas muy templado e hilvanado, aun llevándole sólo a media altura, no se sabe si para no obligarle y evitar que se viniera abajo, o quizás porque el animal por su propia condición no descolgaba lo suficiente.

Todavía algunos altibajos en lo fundamental, alternando ya la mano izquierda, con muletazos extraordinarios a los que seguían otros un punto embarullados. Así y todo nunca se rompió el buen ritmo de la faena.

El final fue de auténtico frenesí, en las cercanías, con un arrogante parón, haciéndole ir y venir al toro en tres ochos perfectos, sin pestañear el torero. La plaza boca abajo, es decir, aplaudiendo de pie, mientras Castella se acercaba con solemne andar a la barrera, en busca de la espada.

Ahí se enfrió todo. El toro ya no pedía la muerte como unos instantes antes. Así pasó, que Castella tampoco acertó a encontrarsela. Sartenazo se dice en el argot a la estocada tendida, cruzada y baja. Y la media siguiente tampoco arregló nada. Dos avisos y una ovación de gala. No era ése ni mucho menos el final que se esperaba.

En el anterior, que no terminaba de pasar, Castella cortó por lo sano antes de aburrir.

Otro toro bueno en la tarde, el primero, con las fuerzas muy justas pero sin llegar a caerse, "empujaba" los engaños con mucho temple y muy humillado. El confirmante Silveti lo toreó por momentos dándose buen aire, pero sin mucho ajuste y también en ocasiones faltándole limpieza. El sexto, aún siendo noblón, se quedaba debajo, con embestidas muy cortitas, por lo que nada resolvió Silveti.

Luque pasó como una sombra. Fuera del toro en los cites a su primero, que se movió con cierta clase. Y sin reposo en el quinto, otro toro que no fue malo.

Lo cierto es que entre unas cosas y otras, los buenos toros de Cuvillo terminaron en el desolladero con las oreja intactas. Y no está "la Fiesta" para estos derroches.