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Mariano y Alfredo, cita a ciegas

José Antonio Ruiz
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jantonruytelefonicanet/9/9/20
viernes 25 de mayo de 2012, 21:07h
Tengo una compañera de trabajo que tiene un hijo que tiene un perro que se le pone al teléfono (el perro a la mamá). Y le habla (la mamá al perro) como si fuera su nieto. Son tan tiernas las conversaciones entre el chucho y la abuela -¡Guau!-, que abducido por la intriga literaria más que por un enfermizo ánimo de fisgoneo, confieso que a este pobre fabulador de historias le recome por dentro la curiosidad de averiguar si la mamá deja al hijo al cuidado del perro, o por el contrario es al perro a quien confía la crianza del niño, eterno adolescente, que aunque vaya camino de los cuarenta y siga single el muy granuja, el día menos pensado nos da un susto, salta la sorpresa, cambia el perro por una gatita maulladora, se nos emancipa, y abandona el dulce hogar familiar entre ladridos postreros de liberación materno filial. Surrealismo en estado superlativo.

Y digo yo: si mi queridísima colega, que da para una novela de terror por entregas, es capaz de entenderse con su perro hasta por whatsapp, ¿qué coño le pasa a Mariano y a Alfredo, y si me apuras a mi tocayo José Antonio Durán y Lérida, que son incapaces de citarse a ciegas, sin luz ni taquígrafos, para hablar de lo que hablamos los hombres cuando no nos escuchan las mujeres? (…) Ladran, luego al limbo vamos.

Parece como si estuvieran esperando a la firma del certificado de defunción de un cadáver llamado España para regodearse en la desgracia nacional, darse el pésame mutuamente, a la recíproca, y de paso el gusto, cuando ya nada tenga remedio, de desahogar sus penas clavando la mirada perdida en el fondo turbio de un vaso de Bacardí, allí donde anidan las confidencias inconfesables y los pensamientos extraviados, pongamos por caso al final de la barra del Café Gijón donde solían aposentarse las putas tristes de Cela a la espera de que alguien las amara alguna vez aunque fuera una sola vez en su puta vida.

Hoy, huérfanos de lírica y sin lugar siquiera para la poesía, todos los sueños rotos de una España incapaz de compadecerse de sí misma duermen en el estanque de nenúfares del casoplón toledano de Cospedal, que ya no me pone desde que se ha vuelto una mujer tan inaguantablemente terrenal y tan previsible en sus alocuciones como el canto repetitivo de las cotorras.

Día llegará que Mariano y Alfredo se arrepentirán del sinsentido que tiene responder con un “no”, por sistema, cada vez que el rival político asiente con un “sí”, y viceversa, sin atender a más razón que la de actuar a la contra tal cual lo haría un cenutrio, sin mayor ambición que la de dejar constancia pública, a los ojos de sus respectivas parroquias de incondicionales, de las diferencias de dogma ideológico.

Claro que lo más probable es que para entonces será demasiado tarde, razón por la cual me permito sugerirles que bien podrían aprovechar para dar el paso coincidiendo con la celebración en IFEMA de la Feria del animal de compañía.

Sí, ya sé que con un off the record la cosa pública perdería sex apell sin la parafernalia inherente a la escenificación que acompaña a la jauría de periodistas y reporteros gráficos, perdidos en la tribu, que acostumbran a inmortalizar el clásico saludo chorra en la escalinata de Moncloa. Pero estando como está el cortijo ibérico a un tris del embargo, lo que no tiene perdón posible ni en el confesionario es el absurdo encastillamiento del Premier y del líder opositor, con la de años de mili que llevan ambos a sus cargadas espaldas, vencidas por el peso de la moqueta.
Cuánto mejor nos iría a todos si fueran capaces de romper sus contrahechuras para hablar de cosas en teoría tan insustanciales como los sorprendentes gustos musicales de Rubalcaba, que atendiendo a las recomendaciones de uno de sus sobrinos, cada vez que tiene un bajón se pone Rain over me (el título no puede ser más oportuno) cantada a dúo por Pittbull y Marc Antohony. Difícil imaginar a Ruba contoneándose a ritmo de reggaetón: "Chica, mi cuerpo no miente. He perdido la cabeza. Deja que llueva sobre mí”.

Pitos en el Calderón, en Las Ventas y en Moncloa. Y a un servidor le pitan los oídos. Al tiempo, a lo más que van a llegar Mariano y Alfredo es al pasteleo de los peones del Tribunal Constitucional, el Tribunal de Cuentas, el Defensor del Pueblo, o el Consejo y la presidencia de RTVE.
Al final de otra semana para olvidar, este cronista sólo encuentra consuelo en el feliz alumbramiento del niño que ha parido una señora en paro que rompió aguas en la cola de la oficina del Inem de Alcorcón donde por suerte también aguardaba su turno una psiquiatra brasileña en paro que hizo las veces de comadrona. El único “pero”: la decisión de la madre de llamar a su retoño “INEM”, y no es broma aunque parece coña.

¡Ay la incomunicación! Human isolation. Es tan absurda e injustificable como los siete kilómetros de la recién inaugurada autovía A-14 Lérida-Valle de Arán que no conducen a ninguna parte. No me extraña que a falta de otros candidatos con más méritos, hayan concedido el Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades al creador de Mario Bros. Así está el Principado, la Comunicación y las Humanidades. ¡Santiago y cierra, España! Aunque para SuperMario, Mario Fernández, el presidente de Kutxabank, personaje deslenguado, que sufre una extraña ojeriza a cuenta de la presunta «casa de putas de Eurovegas». ¡Qué nivel!

Con semejantes especímenes, no me explico que alguien pueda extrañarse de que esté por los suelos la reputación de España, por más que se empeñe en defender lo contrario Alierta y el resto de gerifaltes de los contados negocios que siguen funcionando a pesar de Merkel, que tiempo al tiempo en el pecado llevará la penitencia de una derrota en las urnas.

O mucho me equivoco, o mucho me temo que Mariano no ha llamado a Rubalcaba y a Duran i Lleida para enseñarles su álbum de fotos con el reportaje del reciente viaje en barcaza con la canciller por el río Chi-cago con amor; ni tampoco para desvelarles la frase agropecuaria que le soltó a Obama, para presumir de sus progresos con el inglés; ni la extraña forma que tuvo Monti de invitarle a visitar Roma acercándosele por la retaguardia como un carterista de poco fiar; ni el pourquoi (je ne sais pas) del recelo que se esconde detrás de cada referencia a la España poszapateríl que hace el socialista Hollande.

Definitivamente, lo mejor, con diferencia, que pasa por el Elíseo son las señoras de los barandas, que no sé lo que vieron en Nicolás ni lo que han visto en François; será la erótica del poder lo que las encandila, porque si no, no me lo explico la razón indescifrable de tanto encoñamiento.
España, país de vendettas y de soplones, se debate en el dilema de los dos bloques, el alemán y el francés, Berlín y París. No son de peor calaña que los redentores patrios los traficantes de cuernos de rinoceronte. ¡Ay Europa! Entre todos la mataron y ella sola se murió. La escandalera nacional.

José Antonio Ruiz

Periodista

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