Monsieur Rotonde
jueves 31 de mayo de 2012, 21:09h
Por un lado está la Historia; por otro las historias; y, en fin, se encuentran los partidos (de fútbol) sin historia, como la final de la Copa de S.M. El Rey en la que se enfrentaron los equipos representativos de las dos nacionalidades históricas peleando por conseguir algo que, según parece, odian.
Lo mejor, creo, es entretenernos con historias como la protagonizada por Monsieur Rotonde. Según cuentan, este ilustre ingeniero galo diseñó la plaza sin semáforos. Y les gustó tanto a los prefectos franceses que decidieron hacer muchas.
En los múltiples viajes de los Alcaldes de distintos municipios españoles que decidieron hermanarse con pueblos franceses –con el fin de justificar darse una vuelta a costa del erario público, que por entonces lo aguantaba todo- se percibieron de semejante invento. Y acordaron trasplantarlo con nombre incluido, si bien es cierto que algunos no lo entendieron bien y las denominaron “retondas”. Al principio fueron moderados y se limitaron a poner una a la entrada y otra a la salida del municipio,de tamaño digamos normalito. Sin embargo, al poco se dieron cuenta de las enormes posibilidades de aquéllo para poner en medio esculturas en piedra, hormigón o hierro tipo 10 x 10 (metros se entiende), con lo que debieron convertirlas en “rotundas”.
Comenzó así una sibilina y callada lucha intermunicipal por hacerlas más enormes y más cerradas para que, así los vehículos tuvieran que hacer la curva más pronunciada y jugar al scalextric. Pero también compitieron por el número. La civilización y la modernidad se vincularon a la rotonda rotunda.Florecieron a centenares, primero, y, enseguida, a millares. Más chulo que un sanluis, el Alcalde de Jerez quiso llevarse la palma. Dicen que en su vivienda colocó también una rotonda-distribuidor, con un conjunto escultórico dedicado a su propia persona en el centro.
No es broma, querido lector. Si usted llega a la estación de tren de Jerez, y pretende ir, por ejemplo, a Cádiz, habrá de tomar una cosa llamada circunvalación en la que se topará con veintiséis rotondas. Puede que en un momento sea atacado por un nervio histérico y decida volverse a su casa. Puede que le aceche el pensamiento de que está siempre dando vueltas y que, en realidad, es un laberinto sin salida…porque de la señalización ¡ni hablamos! Muy amable el munícipe, al principio, coloca los cartelitos de rigor, pero Mr. Señalizador se cansa repentinamente y le deja de indicar al conductor de dónde viene o, mejor, a donde va. Opino que es una táctica publicitaria del fabricante de los tontones para que todo el mundo se haga con uno. ¿Los ideó también otro ingeniero francés, Monsieur Tonton?
P.S.: Antes de las rotondas, a otros Alcaldes de municipios más pequeños les llegó la fiebre por los semáforos. La envidia es muy mala y tomaron la decisión de poner un par de ellos en la calle principal para así ser como la capital o la cabecera de comarca. Los vecinos salieron a contemplarlos con los mismos ojos a cuadros que los niños los regalos de los Reyes Magos. Estaban entusiasmados con el avance tecnológico.Pero enseguida les parecieron un rollo patatero y, ante las protestas vecinales, los Alcaldes los dejaron siempre con la luz naranja. Parpadeantes, para que cada uno hiciera lo que le viniera en gana, que es lo que habían hecho siempre.
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Catedrático y Abogado
ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial
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