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España, acojonada

José Antonio Ruiz
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jantonruytelefonicanet/9/9/20
viernes 01 de junio de 2012, 20:28h
La ramera de Babilonia pasa por delante de nosotros a lomos de la bestia de siete cabezas, esbozando una sonrisa burlona. Suenan las Siete Trompetas y las siete anuncian cataclismos. Nadie, ni siquiera Arriola el Visionario, el mismo que ni siente ni padece, se atreve a mentar la bicha, que al paso que vamos acabará confundiéndose con la prima de riesgo: 666. Se acerca, inexorable, el día del Juicio Final, y sólo acertamos a atiborrar el frigorífico de Mahou Cinco Estrellas para asegurarnos de que la cerveza esté bien fría el día del debut de España en la Eurocopa.

Boutade de Perogrullo: no reprocho a los ingleses que se quedaran con Gibraltar, sino que no saltaran la verja al más puro estilo rociero y una vez en la Línea de la Concepción brincaran también la tapia y al grito de “manos arriba” conquistaran por entero la Península Ibérica, desde el Golfo de Cádiz hasta Finisterre. A estas alturas seríamos ciudadanos británicos de los del “Yes very well fandango”, que dicen que le dijo Zapatero a Carlos de Inglaterra el día que fueron presentados y al de León no se le ocurrió otra cosa –incauto- que quedársele mirando los apéndices auditivos al Príncipe del Reino Unido de la Gran Bretaña. De aquellos barros vienen estos lodos, o sea, el accidentado safari en el que fue abatido el pobre elefante africano, que ese sí que las tenía grandes como las parabólicas del Pirulí.

Si la baronesa Thyssen -¡pobrecita mía, que ahora va a resultar que los ricos también lloran!- se ve obligada a subastar un Constable porque necesita cash para llegar a final de mes y poder hacerse un moño en la pelu con esa mata de pelo imposible que tiene, es que todo está perdido, como en Ambiciones, aunque los haya que por simple voluntarismo existencial nos resistimos a aceptar con resignación que la situación es tan dramática que no hay luz al final del túnel sino el fin irremediable del mundo.

Si el Papa ya no se puede fiar ni de su mayordomo ni de los “cuervos” purpurados, es que la bola terráquea ya no es lugar seguro ni para un marciano extraviado, y al paso que vamos nadie se acordará de nosotros cuando hayamos muerto, excepto los socialistas más irredentos que cuando se les acaba el repertorio y les entra la fijación sólo aciertan a meterse con los mismos curas que rezan por la salvación imposible de sus almas.

Si la bella Merkel, madrastra de los desheredados, con todo su doctorado en Física cuántica es incapaz de situar Berlín en el mapa de Europa…, ya me dirán qué se puede esperar de la canciller, puestos a rogarle que por lo que más quiera no se le ocurra borrarnos del mapa a los españoles o proponer la salida de Alemania del euro y dejarnos dentro del zoológico, encerrados en la jaula de las hienas, muriéndonos de asco y de pena, penita, pena.

Qué ilusos fuimos cuando creímos haberlo visto todo tras el estallido del globo de Enron, de la burbuja de las puntocom, de las hipotecas subprime, del cataclismo griego y de la pobre madre que parió a tanto sinvergüenza suelto que se lo ha llevado crudo el mendrugo. Pero la verdad sea dicha en nuestra descarga, ciertamente se antojaba difícil imaginar que aconteciera algo aún más hiperbólico todavía que pusiera el listón más alto después de que un administrador judicial irrumpiera en las oficinas del Vicente Calderón, al grito de ¡Al suelo todo el mundo! e interviniera las cuentas del Atlético de Madrid en tiempos de Jesús Gil, cuando el Torrente de Santiago Segura “apatrullaba” las calles de Marbella; o mismamente que una brigada de interventores del Banco de España aterrizara a plomo en Banesto tras percatarse de un agujero negro de 3.500 millones de euros, el mismo que precipitó el enchironamiento de Mario Conde, que de no haber sucedido lo que sucedió, a estas alturas sería presidente del Gobierno.

Hoy, sólo el boquete de Bankia supera, tirando por lo bajini, los 23.000 millones de euros. Pero estamos tan curados de espanto, que aquí no pasa nada. A lo más que llega Rubalcaba, mayormente para no dar pie a que la insustancial Carmina Chacón pueda significarse haciéndole la contra, es a exigir el esclarecimiento de los hechos; y a lo más que da de sí Rajoy es a comparecer en la sede genovesa del PP, con cara de susto o muerte, tratando de tranquilizar a los militantes de su partido, como si fueran niños de teta, aunque resulta que es él quien lleva el ojo en la mano.

¡Váyanse ustedes a hacer gárgaras al Canal de Isabel II antes de que lo privatice Esperanza, y déjense de tanto mamoneo! Ni comparecencias estelares, ni comisiones parlamentarias de investigación de las de a cien talegos la dieta que sólo sirven para que estos chicos desocupados de la prensa tengan algo de carnaza con la que alimentar la linotipia. Mejor apertura de juicio oral (o ya puestos, por vía parenteral), y que vayan desfilando por el banquillo, a ser posible esposados, con pijama de rayas y con la bola de acero amarrada al tobillo con un grillete, todos los presuntos culpables del estropicio.

Como don Tancredo, parece como si don Mariano, sobrepasado por las circunstancias y arrepentido de haberse conocido, creyera que por el sólo hecho de permanecer inmóvil, quieto como una figura de mármol, el toro de la crisis no le va a embestir y de paso va a evitar que nos lleve a todos por delante.

No al indulto de Bankia, ni de la CAM, ni tampoco de la caja catalana del ex ministro Narcis que tocaba el piano y el violón. Ya tuvimos bastante, aunque por razones bien distintas, con el indulto concedido por el Ejecutivo socialista al consejero delegado del Santander Alfredo Sáenz.

Aunque sólo sea por respeto a quienes le han votado y a quienes no le hemos votado ni a usted ni a nadie, lo que tiene que hacer, querido Mariano, es apoyar cualquier iniciativa sensata que vaya encaminada a exigir responsabilidades (civiles, mercantiles, penales y políticas), a los gestores del engendro, a los máximos responsables de los organismos supervisores, al gobernador del Banco de España, y a todos los mamones políticos y sindicales que se han forrado con salarios y pensiones indecorosas “trabajando” como comisarios políticos en los consejos de administración de las cajas atracadas.

Lo que usted tendría que haber hecho, señor Rajoy, no es precipitar la salida del Gobernador del Banco de España, sino cerrarle la puerta y arrojar la llave por el desagüe del WC para que MAFO, un tipo que no ha tenido clase ni para largarse, no pudiese escapar impune.

Hacienda empapela a cualquier contribuyente, pongamos por caso por no pagar una multa de la ORA, y unos tíos que han provocado una tronera que nos va a costar, de entrada, 4 billones de pesetas en ayudas públicas, se van a marchar de rositas… Menos mal que sólo era un “ajuste fino” como aseguró días atrás, tratando de quitar hierro al cataclismo, el ministro De Guindos. Discúlpeme, señor Goirigolzarri, héroe nacional, por ser tan grosero, pero con el balance a cero hasta yo me comprometo a devolver a Bankia a beneficios.

A ver si va a resultar que sólo tienen vergüenza los toreros que como Julio Aparicio, conscientes de que la han cagado, en un gesto de honradez, se cortan la coleta en la misma plaza de las Ventas que asistió a su petardazo.

Trátennos, por lo que más quieran, como personas adultas. Dígannos que hoy por hoy el Estado español es inviable; que España no es de fiar; que su credibilidad está al nivel de la fosa de las Marianas; y que está por ver si todavía estamos a tiempo de resultar creíbles. (…) Pero por el amor de Dios, no nos dispensen trato de gilipollas.

¿Brotes verdes? A algunos les pasa como al cantante brasileño Paulo Henrique dos Santos (en su casa lo conocerán), que se ha disfrazado de Increíble Hulk para participar en una carrera de atletismo en Rio de Janeiro, y acabada la performance no consigue quitarse la pintura verde, por frotes que se está dando con aguarrás y una piedra pómez, y ya ha anunciado que va a demandar al fabricante que le vendió el colorante a precio de maquillaje.

Sigue sin caberme en la cabeza que la quiebra de una caja de ahorros aboque a la quiebra a todo un país. Perdón por mi ignorancia. Pero comienzo a comprender algo después de saber que los pescadores californianos han encontrado en sus redes atunes radioactivos de Fukushima.

Visto está que la señora Merkel seguirá jodiendo a España hasta que gane las elecciones…, o las pierda. Si yo fuera Rajoy, en lugar de seguir postrándome de rodillas ante el gran cajero del Banco Central Europeo, ese señor que tiene cara de sapo estreñido, le pediría un préstamo a la Reserva Federal americana y me hermanaría con los yanquis. ¡Apiádate de nosotros, Obama!

José Antonio Ruiz

Periodista

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