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Crónica económica

España puede salir de la crisis

domingo 03 de junio de 2012, 19:40h
Cuando parecemos abocados a la intervención, ora de nuestro sistema financiero, ora del propio Estado, no está de más recordar que podemos salir de la crisis. Pero para eso hay que entender qué es, en esencia, lo que nos pasa.
Si hubiésemos de resumir cuál es nuestra situación, podríamos hacerlo así. Nuestro problema se resume con dos consideraciones. La primera es que estamos muy endeudados. La segunda es que esa deuda se ha adquirido no para invertir en proyectos rentables y viables, sino en malas inversiones, que no podemos completar o que no aportan el valor necesario para que podamos recuperar lo que nos han prestado y obtener beneficios.

A partir de ahí, podemos pagar la deuda o podemos dejar de pagarla. Vamos a quedarnos por el momento con la primera opción. ¿Cómo hacemos para pagar la deuda? Tenemos dos opciones. Una, aumentar sobremanera lo que producimos. Pero como no es fácil hacerlo de un modo rápido, lo primero que tendremos que hacer es rebajar nuestro nivel de consumo. Es decir, tenemos que perder nivel de vida. Esto es lógico. Aunque no sean pocos los que parecen pensar lo contrario, una crisis económica no consiste en que estemos mejor, sino en todo lo contrario.

Es más, dado que iniciamos numerosas e importantes inversiones que no completaremos, muchos de los bienes que poseemos, que son bienes de capital comprometidos en proyectos de producción fallidos, perderán valor. También lo harán esos bienes que se han producido en exceso, como las viviendas. También, y esto es muy relevante, perderá valor el trabajo, en general. Lo hace porque es mucho menos productivo de lo que se pensaba. Cae la productividad del trabajo, y lo hace a plomo. A partir de ahí, podemos decidir dos modos de atender ese problema. Uno de ellos es permitir que los salarios bajen de acuerdo con su nueva productividad. El otro, que es el que hemos elegido, es no permitir que los salarios bajen, e incluso seguir aumentándolos, a costa, eso sí, de que una parte creciente de la fuerza laboral quede sin emplear.

Antes de seguir por aquí, hagamos una reconsideración: Tenemos que pagar nuestra deuda, y nuestras rentas no sólo no crecen, sino que caen. Luego la restricción del consumo tiene que ser, necesariamente, muy importante. Tenemos que vivir con menos, con mucho menos. Esa rebaja en nuestro nivel de vida no se limita a nuestro consumo privado, sino también al Estado que nos podemos permitir. El Estado ha sentido las consecuencias de nuestra menor productividad, con una caída de ingresos. Pero hemos seguido consumiendo lo mismo, con lo cual en lugar de reducir nuestro endeudamiento, la diferencia entre nuestro gasto público y los ingresos que le aportamos al Estado lo cubrimos… con más deuda. Luego también tenemos que reducir el gasto público si queremos reducir nuestro endeudamiento y, por esa vía, salir de la crisis.

Pero no es todo reducir el consumo. También tiene que ajustarse la estructura económica. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que los factores que hemos malgastado, dedicándolos a aquéllos proyectos de inversión que se han demostrado fallidos, tienen que trasladarse a otros sectores que son todavía productivos, o que forman parte de los nuevos directores del crecimiento. En España nos hemos referido a esta cuestión como “el cambio en el modelo de crecimiento”. No es un modelo de crecimiento, sino una estructura económica eficaz. Y nosotros, a pesar de dedicarle muchas palabras al “cambio de modelo”, hemos hecho todo lo posible por no facilitarlo.

¿Cómo se facilita? Liberalizando los mercados de bienes y servicios y, sobre todo, los de factores de producción. Y si hubiese de tomarse una sola medida, sería liberalizar el mercado de trabajo. Un mercado libre del factor trabajo facilita, en este contexto, dos cosas. Por un lado permite que haya un empleo muy alto, si no pleno, del trabajo. Aunque sería a costa de que los salarios, por lo general (pero no todos) cayesen de forma notable. Y por otro lado, facilitaría el abandono de los sectores en decadencia y su traspaso a los sectores en auge.

¿Cuál sería el resultado de todo este proceso? El rápido y efectivo abandono de los sectores en decadencia y el descubrimiento de esos otros que sirven mejor las necesidades del mercado sería la verdadera recuperación económica. Si nos fijásemos en el PIB, tal como está diseñado, lo veríamos como una caída precipitada en un plazo breve, y una gran recuperación también en breve plazo.

La reducción del endeudamiento es también muy importante. Por un lado, ajustaremos esa deuda a los niveles de producción y de consumo que la hagan sostenible. Por otro, gracias a eso, recuperaríamos el crédito que necesitamos de los prestamistas. Y por otro, nuestro aumento del ahorro aunado a la recuperación del crédito nos permitirá financiar los sectores en crecimiento.

La otra gran opción es la de no pagar nuestras deudas. El caos económico que se produciría es tal, no obstante, que es mejor no considerarla.
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