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Gibraltar y la familia real británica

martes 12 de junio de 2012, 23:05h
Exteriores ha emitido una nota de protesta por la visita que el príncipe Eduardo de Inglaterra, hijo menor de la reina Isabel, culminaba ayer a Gibraltar con motivo de los 60 años en el trono de su madre. España sigue así el mismo procedimiento empleado en anteriores ocasiones, cada vez que algún miembro de la familia real británica ha visitado el Peñón. Las autoridades gibraltareñas, como es de esperar, han procurado realzar al máximo la visita de los condes de Wessex, con su habitual dosis de victimismo. Por parte de las cancillerías española y británica, en cambio, el asunto no pasará de un breve intercambio de notas. Y así debe ser.

Con la ley en la mano, a Gibraltar no le corresponderían ni las aguas territoriales que reclama como propias ni los terrenos del istmo en el que se halla su aeropuerto. Habría que hablar, además, de su permisividad con los buques de carga que limpian sus bodegas en el límite con las aguas españolas, contaminándolas del modo más impune, y de su política de paraísos fiscales y permisividad con el contrabando. Desde su punto de vista, España tiene sus razones.

En el otro lado de la balanza, Gibraltar tiene el estatus jurídico de Territorio Británico de Ultramar; o lo que es lo mismo, una suerte de suelo británico. Un anacronismo, de acuerdo, y una reminiscencia colonial -así reconocido por Naciones Unidas-. Pero sería ilusorio pensar que a día de hoy el conflicto gibraltareño debe ser un asunto de máxima prioridad. En tiempos de José Luis Rodríguez Zapatero se hicieron una serie de concesiones de todo punto inadmisibles. Ahora, afortunadamente, la postura es de firmeza y sentido común a partes iguales, o al menos eso es lo que se procura. En cualquier caso, ni Londres ni Madrid deben permitir que sus relaciones, por lo demás tan importantes como fluidas, se enturbien por un asunto semejante. Dicho esto, a salvedad de proteger lo que son derechos evidentes recogidos en el tratado de Utrecht y sin aceptar una política de fuerza y hechos consumados. En este sentido, no debiera ser tan difícil hacer ver a los gibraltareños que no existen precedentes de un paraíso fiscal en contra o perturbando al main-land.
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