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Cumbre Río+20: ¿la “utopía verde?”

viernes 22 de junio de 2012, 00:45h
El futuro del planeta se discute esta semana en Río de Janeiro a través de la cumbre de la Convención de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible Río+20; en donde 193 países debaten sobre cuáles han de ser las bases para,- citamos textualmente el concepto-, “una economía verde”, a fin de que el mundo actual haga buen uso de sus recursos naturales ante el acusado deterioro de nuestros ecosistemas.

Hasta aquí todo suena muy bonito y dulcemente “sostenible”,- otro de los conceptos de moda-. Sin embargo los fantasmas de la crisis económica y el apetito insaciable de las potencias y los emergentes por el desarrollo, diluyen el sueño de la “sostenibilidad”; al que se le suma la incapacidad de más de un centenar de naciones para ponerse de acuerdo en cómo salvar el planeta. Se repite el panorama de la Cumbre de la Tierra, también celebrada en 1992 en la capital del Carnaval, en donde se suscribió la ignorada Convención de Río, cuyo propósito era frenar precisamente los males medioambientales que hoy nos aquejan y de los cuales nos quejamos.

A veinte años de este encuentro, la pobreza y el hambre se han incrementado de forma desmesurada a causa de un colapso demográfico que desequilibra la balanza de las necesidades. El mundo sigue respirando Co2 de la “mejor calidad”, gracias al aumento de la emisión de gases de efecto invernadero. Los polos se derriten como un helado durante el verano, a la par del encogimiento de bosques y selvas, mientras engorda la deforestación. Y ni hablemos de las aguas que dejan de ser potables para ser residuales. En otras palabras, lo pactado en el 92 se quedó en el papel.

Lo mismo promete este invento de Río+20 y el deseo de los líderes mundiales por una “economía verde”, que no tienen ni la remota idea de cómo llevar a la práctica este anhelo en tiempos de una crisis económica que no da tregua, y en donde la mayoría de los gobiernos dan prioridad a lo “macro” y no a lo “micro”, aplicando el tijerazo a la investigación y al financiamiento de alternativas “sostenibles”, cuya rentabilidad y frutos no suelen darse a corto plazo. Ya lo advirtió China: no va a frenar su desarrollo para hacer la llamada transición “verde”.

Así que tristemente hay que mentalizarse que lo “verde” y lo “sostenible” es por ahora una utopía por culpa de la impaciencia y de las demandas de un mundo con los nervios alterados, que prefiere escuchar más a los mercados y a las calificadoras o “descalificadoras”, que al pulso del Planeta y a las oportunidades que éste tiene para ofrecernos.
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