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TRIBUNA

Debatiendo sobre la independencia vasca

martes 26 de junio de 2012, 08:23h
Invitado por la televisión pública vasca, participé en un programa en el que se expusieron argumentos favorables y contrarios acerca de la independencia del País Vasco, Euskadi o Euskal Herria.

Mi punto de vista partió de las siguientes convicciones:

1La independencia de una parte del territorio de un Estado democrático occidental se puede conseguir mediante la reforma de su Constitución. De ninguna manera mediante la aplicación de un procedimiento de autodeterminación: España, Francia, Gran Bretaña o Canadá, Estados con similares proyectos separatistas, no pueden compararse con el territorio del antiguo Sahara español, al que Naciones Unidas le reconoce ese derecho de autodeterminación.

2 La independencia de Euskadi, o de cualquiera otra región, se podría lograr reformando la Constitución Española de acuerdo con su artículo 168. (Es mucho más flexible que la Constitución de la V República: en Francia la soberanía es “indivisible” y el presidente de la República, como Jefe de las FFAA, es garante de su “integridad territorial”.)

3 La Constitución de 1978 establece que la independencia de cualquier parte no la decide sólo esa parte, sino que la decidimos todos los ciudadanos españoles: el artículo 168 de la Constitución de 1978 (CE) contempla al final un referéndum.

4 Como no podría ser de otra manera, si una parte de su territorio quiere mayoritariamente separarse de España, el resto del pueblo español, aunque con pena, reformaría la Constitución para dar independencia a ese territorio. Ese es el único procedimiento democrático y pacífico; con reforma constitucional surgieron nuevos Estados, como Eslovaquia o Lituania. Donde se ha intentado aplicar el supuesto derecho de autodeterminación, como en Yugoslavia, el resultado ha sido la guerra civil.

5 Los ciudadanos españoles, y en esta definición están la mayoría de los vascos, han demostrado que son un pueblo civilizado y pacifico. La garantía de que esos ciudadanos aceptarán democráticamente -es decir, de acuerdo con las leyes- la independencia de Euskadi, se sustenta en que han resistido con las mismas virtudes cívicas y morales la violencia terrorista, violencia que buscaba ejercer el “derecho de autodeterminación” organizado por ETA.

6 Así que la independencia de Euskadi depende de que los ciudadanos vascos quieran mayoritariamente separarse de España.

7 Hoy por hoy, esa pretensión no existe mayoritariamente. En el último sondeo riguroso (2008), el 60% de los ciudadanos de la Comunidad Autónoma Vasca tienen lealtades compartidas con España y con Euskadi. Las cifras de los partidarios a la independencia son aún menores en Navarra y en el País Vasco francés.

8 La justificación política y moral de la independencia cada vez tendrá menos partidarios.

9 La secesión pudo tener alguna lógica cuando España estaba regida por dictadores como Primo de Rivera o el general Franco. (En la última dictadura, muchos como yo, preferíamos ser ciudadanos de Gibraltar, entre otras cosas porque nos tranquilizaban más los “bobbies”, que los “grises”.)

10 Los ciudadanos de la Comunidad Autónoma Vasca viven en un régimen autonómico que, en la práctica, les confiere más facultades que si fuesen un Estado independiente.

11 La independencia vasca ocasionaría que Euskadi saldría de la Unión Europea, y que desaparecería el Concierto Económico con el Estado español. Sería un malísimo negocio.

12 Soberanía y Nación fueron conceptos que surgieron de la Revolución Francesa de 1789. En 1989, se hundió el Comunismo. A los 200 Años de la Revolución Francesa, entró en decadencia el concepto de revolución, concepto que ha presidido los debates políticos de las principales sociedades mundiales.

La Nación, la Soberanía, el pueblo soberano, los nacionalistas y los partidos políticos, son términos o conceptos que han llenado las páginas de la Historia desde hace más de dos siglos, y que surgieron de la matriz común de “la Revolución”; como dijo un famoso escritor francés, “la Revolución no fue un acontecimiento, sino una época”: la que va de 1789 a nuestros días. La Edad Contemporánea terminó ayer; aún no sabemos cómo llamar a nuestro tiempo y dónde está lo nuevo en él. Con la crisis actual, que afecta más decisivamente a la Unión Europea (porque es un modelo imperfecto del Estado del futuro), la evolución de esos viejos conceptos será cada vez más rápida, haciendo que “la independencia” sea una propuesta tan inservible como pedir derechos a tener fronteras, moneda propia, religión nacional, servicio militar nacional, pasaportes nacionales, echar a los foráneos, odiar a los extranjeros, etcétera.

Jean Monnet, uno de los visionarios europeístas, hace más de medio siglo escribió: “No habrá paz en Europa si los Estados se reconstruyen sobre una base de soberanía nacional”. Por eso es imprescindible que no perdamos esa perspectiva cuando se discuta del euro y de los problemas económicos de la Unión Europea.
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