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Modélica visita de Isabel II al Ulster

jueves 28 de junio de 2012, 23:41h
El apretón de manos de la reina Isabel II con el actual viceministro del Gobierno del Ulster, Martin McGuiness, en el Teatro Lírico de Belfast, ha dado la vuelta al mundo justificadamente por su gran fuerza simbólica, en el contexto de la visita de la soberana británica a Irlanda del Norte. Existen implicaciones personales entre ambos fotografiados que añaden intensidad emocional al hecho, pues McGuiness alcanzó el segundo puesto en el escalafón de mando del IRA Provisional en Derry y todo apunta a que todavía no había abandonado su militancia en esta feroz organización terrorista cuando ésta asesinó en 1979 al primo de la reina, Lord Mountbatten, colocando un potentísimo explosivo en el barco donde navegaba. La normalización política que esta visita contribuye a consolidar en un escenario hasta hace poco dominado por una encarnizada violencia, adquiere así una mayor carga emotiva de reconciliación, realmente histórica.

Obviamente, Martin McGuiness no ha renunciado a su ideario republicano tras este apretón de manos – aunque antiguos correligionarios le hayan motejado de “Judas” y “traidor”- del mismo modo que la monarca británica tampoco va a declinar, por este saludo, sus derechos sobre el territorio norirlandés. Pero el respeto a las convicciones opuestas sin renunciar a los propios principios proporciona a este encuentro una ejemplaridad cívica auténticamente modélica, tras una larga historia de criminalidad política sin sentido. Solo cabe precaverse de que su irreprochable civismo sea tomado como modelo sin que se desvirtúe su verdadero significado. Una malversación que podría hacerse con cierta facilidad si se descontextualizan las imágenes de la histórica visita y el no menos histórico encuentro.

No faltarán, en este sentido, instigadores del terrorismo que quieran hacer ver que el éxito del proceso de paz en Irlanda del Norte se basa en una imaginaria genuflexión de la Monarquía británica ante las exigencias de los terroristas irlandeses. No hay que ir muy lejos, ya que la banda terrorista ETA y todo su entorno político se ha querido contemplar reflejado – muy erróneamente- en el conflicto norirlandés y el propio Otegi no ha dejado de llamar unionistas a todas las fuerzas sociales vascas que no procuran la secesión.

Movimientos terroristas como el español deberían recapacitar sobre las verdaderas bases de la paz en el Ulster, que se sentaron cuando el IRA comenzó a admitir su impotencia y su ilegitimidad para imponer sus criterios a través de la violencia y el fanatismo criminal. Allí, los militantes del IRA se disolvieron, entregaron las armas y pidieron perdón a sus víctimas, pasos que aún están por ver en otras zonas azotadas por el terror, como es nuestro caso, donde la banda etarra sigue armada y vigilante. Los sectores vascos vinculados a ella deben mirarse en el auténtico espejo irlandés, que no es otro que una profunda rectificación interna seguida de pasos lógicos: disolución sin condiciones, entrega del armamento, petición de perdón y normalización política, y no al revés.

Esperemos que el modélico proceso de Ulster, visualizado en la actual visita de Isabel II, sirva para exportar su civismo democrático final, haciendo recapacitar, sin falsificaciones, a los amigos de la violencia.
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