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Las cuentas pendientes de Sarkozy

jueves 05 de julio de 2012, 10:35h
Se estrecha el cerco judicial contra Nicolas Sarkozy. Tras las acusaciones de haber recibido dinero de Gadafi -50 millones de euros- en la campaña electoral de 2007, surgen ahora nuevas evidencias de que el ya ex presidente galo pudo haber hecho lo propio de de la multimillonaria heredera de L'Oréal, Liliane Bettencourt, aunque en una cuantía mucho menor -150.000 euros-. Constituye, en todo caso, un elemento básico de algo que en Francia está tipificado como financiación ilegal; Sarkozy, por tanto, está en un serio aprieto.

En el primer supuesto, y con independencia de que dicha acusación sea o no verdadera, a nadie escapa que tanto Sarkozy como otros tantos líderes europeos tuvieron tratos con Gadafi, Ben Alí y demás “estadistas” que la Primavera Arabe se llevó por delante. Berlusconi fue más allá, manteniendo incluso una relación de amistad personal con el tirano libio, e Inglaterra cerró acuerdos comerciales con el país que financió el atentado de Lockerbie. La segunda acusación es de carácter más doméstico, pero a efectos judiciales de la misma gravedad; e incluso, si se quiere, generadora de una mayor alarma social, por cuanto se trataría de aprovecharse económicamente del delicado estado de salud mental de la heredera de L’Oreal.

Ahora, Sarkozy debe pagar la factura de haber frecuentado a quien no debía. A buen seguro que, si pudiera dar marcha atrás, su decisión sería otra, pero eso ya no vale. Sí puede servirle de ejemplo, en cambio, al resto de líderes políticos a la hora de elegir mejor a sus compañías, porque las decisiones erróneas de hoy pueden volverse en su contra antes de lo que piensan. Sarkozy tendría sus virtudes políticas, eso nadie lo duda, pero si financió sus campañas de modo irregular debe responder por ello, por muy ex presidente que sea.
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