Al sur del Río Grande no había grandes diferencias en el desarrollo con Estados Unidos hasta finales del XIX. En el XX, Iberoamérica ha mostrado una debilidad social e institucional que se ha manifestado en la economía. Chile es la muestra de que se puede retomar el sendero abandonado.
Ese sendero es el del liberalismo. Iberoamérica ha apostado por el nacionalismo o por el socialismo, o por una combinación entrambos, y por algún motivo no ha acabado de funcionar. Chile es un ejemplo sobresaliente de esa historia americana. Ha pasado por una vía democrática al socialismo. Allende dijo que “esto no es el socialismo, pero es la vía hacia el socialismo”, en referencia a la extinta URSS. Ha pasado por una dictadura militar, epítome de otras dictaduras brutales, y de ahí a una democracia firmemente asentada.
Del mismo modo que ha pasado por un proceso de apertura política, ha pasado por una apertura económica. Los “chicago boys”, educados mayoritariamente en el propio Chile, pero también en aquélla universidad estadounidense, ofrecieron un conjunto de recomendaciones de política económica, contrarias a las inicialmente adoptadas por el régimen pinochetista, y que comenzaron a darle la vuelta a la situación económica.
Se han producido dos hitos de esa apertura política y económica. La primera es la elección de Sebastián Piñera, empresario y hermano del ideólogo de la reforma de las pensiones, José Piñera. Es el primer candidato de la derecha que está fuera de la concertación (una coalición de partidos antipinochetistas) que ha ganado unas elecciones. Si bien Chile era ya una democracia asentada, ahora ha alcanzado su plenitud.
El hito económico es la entrada en la OCDE, el club de los países desarrollados. Es el segundo país al sur de Río Grande en entrar, después de Méjico. Curiosamente, este logro se produjo en el último gobierno de la concertación, liderado por la socialdemócrata Bachelet.
Un reciente
artículo publicado en SafeHeaven.com valora cuál es la situación actual de Chile y las perspectivas como nido de futuras inversiones. Su autor, Russel Hoss, señala que “como el primer país de Sudamérica que es aceptado en la OCDE, también se ha convertido en una vindicación de varias décadas de refomas pro mercado que han transformado el país de ser unas aguas muertas antiliberales al que se puede definir como uno de los países más estables y florecientes de Iberoamérica”. Por este motivo Hoss considera que Chile “es una buena elección para los inversores internacionales”.
En este sentido, se parece a la España de los años 60'. No en el plano político, claro está, pero sí en el económico. Pero España pertenece a la Unión Europea, con todo lo que tiene de positivo. Y también de negativo, como estamos viendo en estos trémulos años. Chile ve en Europa un reflejo de lo que podría ser su futuro, y lo que ve no le gusta. Hoss cita al rico presidente de Chile, Sebastián Piñera, quien recientemente ha dicho: “No queremos poner en riesgo todo lo que hemos logrado hasta el momento... Mirad a los países europeos. Este es un camino que no queremos seguir”. Lo cual le lleva a atenerse a las reformas favorables al mercado. Uno de los problemas que afectan a aquél país es el de la calidad de la educación. De nuevo José Piñera es líder de un movimiento de reforma, ahora para introducir el cheque escolar en las escuelas chilenas. Su hermano no es tan favorable. Pero la izquierda estudiantil, y su bella portavoz Camila Vallejo, se ha dado cuenta de que en la educación está la próxima batalla de reforma del país.
El éxito de la movilización de la izquierda está logrando que los niveles de popularidad de Sebastián Piñera hayan caído precipitadamente. Pero sigue siendo un modelo de éxito, como muestra el hecho de que la tasa media de crecimiento desde 1983 es del 4,0 por ciento. La OCDE
prevé una tasa de crecimiento para este año del 4,4 por ciento, y del 5,1 para 2013.