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Nosotras parimos, ¿nosotras decidimos?

Mariana Urquijo Reguera
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lacajadelostruenosyahooes/18/18/24
sábado 21 de julio de 2012, 19:58h
Pudiera parecer una moda para llenar titulares de revistas femeninas, y sin embargo, se trata más bien de la conciencia de una vieja forma de maternidad que despierta y se propaga por nuestras sociedades. El cuestionamiento del enfoque del embarazo y del parto desde la perspectiva médica dominante cobra fuerza desde valores y emociones tan básicas como el respeto y la libertad.

Comencé a investigar sobre el tema porque en mi contexto de mujer, occidental, universitaria (y con familia de médicos) nunca había oído hablar de otra posibilidad que no fuera el parto en el hospital. Al principio me impactó el hecho de poder parir en la casa de una, me pareció ciencia ficción la posibilidad de parir acompañada y no intervenida, así que mientras salía de mi estupor me informé.

La primera idea-miedo que me surgió fue la posibilidad de complicaciones y de muerte durante el parto, así que me fui a las estadísticas de la OMS y con asombro vi que la mortandad durante el parto está más asociada a una mala alimentación durante el embarazo y a falta de higiene relacionadas con la pobreza (crónica) que a cualquier otra causa. Consultando a una ginecóloga madrileña me encontré con una respuesta contundente: casi nunca pasa nada, pero las estadísticas se cumplen. Y en los casos que me relató de muerte de la mamá y/o del bebé, eran casos en los que “una nunca hubiera pensado” que se podrían complicar...hasta tal punto. Y a veces los medios médicos sirven, y a veces, ni eso. La vida continúa su ciclo por otro lado. Las estadísticas se cumplen, la Naturaleza no se reproduce con la perfección que al estadista le gustaría y por lo tanto: la muerte existe.

Primero pensé que tal idea de volver a la casa era una forma de negar siglos de avances médicos y de conocimiento científico. Me acordaba de frases tan poco oídas hoy en día como “yo nací en esa casa” que me sugieren tradición y falta de instituciones. Sin embargo, todo conocimiento es interesado y es funcional y en este caso, a la práctica, que durante los últimos siglos ha sido ejercida fundamentalmente por varones (los únicos que tenían acceso al estudio de la medicina), a los que las mujeres que reivindican el parto respetado, critican el haber hecho el parto más rápido y fácil para ellos a costa de la experiencia de ellas.

Leyendo las experiencias que muchas mujeres relatan de sus partos en casa (del primero, segundo, tercero...) se encuentra un lenguaje especial en el que el dolor y el sufrimiento que caracteriza los relatos de los partos, dejan paso a expresiones más elaboradas, más complejas, con muchos otros componentes que hablan de la gestión del propio cuerpo con conocimiento, conciencia y responsabilidad.

El discurso simplista reduce las reivindicaciones del parto en casa como parto acompañado y respetado a la crítica contra el exceso de cesáreas, de episotomías, de oxitocinas, la no elección de la postura del parto etcétera; contra todo lo que no dejan lugar a que la propia naturaleza del parto se desarrolle, a que la mujer participe, a que el padre tampoco vea ni toque y todo ello en un ambiente frío donde no se respeta la evolución ni la expresión de la mujer.

Estas cuestiones son importante, pero lo es más la idea que está al fondo: respeto a los procesos naturales, a las emociones y a la intimidad, a las necesidades de la mujer, del recién nacido y del padre. Sin duda decidir parir en casa es un acto de responsabilidad, el primero tras decidir tener un hijo. Desde luego que conlleva riesgos: la información, la preparación y la conciencia previenen.

Estas dos opciones parecen oponerse sin remedio aludiendo solo a aquellas mujeres que amplían su ámbito de decisión, de libertad que diría el viejo Aristóteles, y que la ejercen. Y una vez más, y sin embargo, la realidad está ahí para conciliar: en esta indagación me enteré que al menos en el Hospital de Alicante se han adoptado las posibilidades del parto natural respetado en el que mujer y bebé son los protagonistas a mimar.

Hablar de humanizar el parto me parece ambiguo; hablar de parto natural me parece cercano a lo ininteligible por obvio pero alude por oposición a la interesantísima cuestión sobre la deshumanización de la técnica, una vez más; hablar del parto respetado me sugiere mucho más. Que cada una decida.


Mariana Urquijo Reguera

Filósofa, profesora e investigadora.

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