Putin y los “agentes extranjeros”
lunes 23 de julio de 2012, 08:36h
Continúan llegando malas señales sobre la salud democrática de la Rusia presidida por Vladímir Putin. En un nuevo gesto de arbitrariedad autoritaria, el presidente ruso acaba de rubricar una nueva ley que pone en el punto de mira a las ONG que incomoden al poder. Recurriendo a una terminología inaudita, la ley califica a cualquier ONG que reciba financiación del exterior como “Agentes extranjeros” y las somete a una extrema e injusta fiscalización que permitirá estrangularlas en el instante en el que a las autoridades le venga bien hacerlo.
Rebautizar a las ON como “Agentes extranjeros” resulta ya de por sí toda una declaración de principios, en cuanto que la expresión es desde la era soviética sinónimo de “espías”. El propósito es confeccionar una “lista negra” de las ONG estigmatizadas con el fin de amordazarlas en sus demandas de democratización y en sus críticas a los fraudes electorales y las vulneraciones de Derechos humanos.
La propia ONU, a través de su Alta Comisionada para los Derechos Humanos, Nelly Pillay, ha denunciado la nueva ley como un significativo retroceso en la transparencia exigible en esta materia a cualquier país que quiera ser tenido por avanzado. La medida se suma a una larga cadena de leyes autoritarias aprobadas recientemente por Moscú, como controles abusivos sobre Internet, restricciones sobre el derecho a manifestación, o el recrudecimiento de los castigos a la prensa independiente por difamación. La causa más inmediata de todas estas disposiciones se encuentra en las movilizaciones populares de protesta contra las malversaciones llevadas a cabo tanto en las elecciones legislativas de diciembre como en las presidenciales del pasado marzo. Vladímir Putin quiere armarse con todas las herramientas que le permitan silenciar las voces críticas y la repulsa popular.
Pero más allá del sometimiento de la opinión pública en los procesos electorales, la legislación rubricada por el presidente Putin responde a una mentalidad inmovilista y un ultranacionalismo despótico. Si las autoridades de Moscú no tienen nada que ocultar, tampoco tendrían nada que temer de la presencia de las ONG. De sobra es sabido que uno de los recursos favoritos del autoritarismo es encubrir sus errores y arbitrariedades inventando enemigos exteriores –ahora las ONG-, que supuestamente amenazan y agitan una imaginaria paz interna, en vez de abrirse a otras culturas y demostrar la indispensable sensibilidad para reconocer y resolver los conflictos surgidos dentro.
Donde Vladímir Putin es objetivamente un “Agente extranjero”, como es el caso de la incendiada Siria, ha demostrado una frialdad espeluznante impidiendo una solución internacional a ese baño de sangre y una crueldad extrema aliándose con el sátrapa que se aferra al poder en Damasco. Sería bueno que Putin desapareciese como “Agente extranjero” que alienta regímenes criminales en la escena internacional, y que retirase el estigma de agentes de espionaje y agitación aplicado en la escena interna a organizaciones no gubernamentales cuyo mayor delito es ser independientes del poder del Kremlin.