Gregorio Peces-Barba
Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
martes 24 de julio de 2012, 22:11h
Gregorio Peces-Barba (1938-2012) reúne en su biografía muchos de los rasgos comunes de la generación que llevó a cabo la transición política española. Aunque no fue consciente de nuestra Guerra Civil, como la mayoría de los reformistas de aquellos años Peces-Barba tuvo siempre presente el desgarramiento histórico que provocó el conflicto, y el Régimen autoritario que le siguió. Su padre, Gregorio Peces-Barba del Brío, condenado a muerte por su adhesión a la República, pudo conmutar su pena por trabajos forzados en el “Valle de los Caídos”, del que saldría libre en 1945. Su hijo recordaba a menudo que su padre hizo entonces dos cosas: darse de alta en el Colegio de Abogados de Madrid (había sido expulsado por una Junta que lo tachó “de rojo”), y encontrando más generosidad, se dio de alta en el Real Madrid.
Esos hechos definirán profundamente la personalidad de Gregorio Peces-Barba. Su sentido familiar de las relaciones sociales fue siempre un rasgo suyo. Su veneración por su madre, y de su madre por él (ella solía acudir al Congreso cuando lo presidia su hijo), marcaron su estilo de vida: por debajo de un jovial y crítico sentido del humor, Gregorio compartía con su madre una visión de la vida en la que privaba el orden característico de la burguesía profesional madrileña. Las dos “altas” simbólicas de su padre, resonarán en las pasiones de su hijo. Su madrileñismo era épico. Cuando alguien calificaba al Real Madrid de club conservador, argüía con el ejemplo de su padre. Pero fue mucho más que una afición familiar. Él estaba muy orgulloso de haber redactado el artículo 5 de la Constitución: “La capital del Estado es la Villa de Madrid”.
Y por encima de todo, Peces-Barba sentía la idea de España con parecidas vibraciones a las de los políticos liberales y socialistas de antes de la Guerra Civil. Recuerdo que 1979 nos reunió a varios parlamentarios socialistas para estudiar las enmiendas a los (primeros) proyectos de Estatutos de Autonomía de Cataluña y Euskadi. Fue un fin de semana, en una granja del ministerio de Agricultura. No sé si alguien tomó notas de aquella reunión. Gregorio Peces-Barba, secundado por una parte de los asistentes, logró la hazaña de reconducir aquellos textos al cauce constitucional. Estábamos en la oposición; el Gobierno de Suárez no tenía mayoría en el Congreso, y tampoco estaba en su mejor momento. Hubiera sido esperable que hubiéramos aprovechado para ponernos en cabeza de la carrera autonómica. No fue así. Gregorio Peces-Barba consiguió una postura común entre nosotros, y que sirvió para formar la voluntad mayoritaria de las Cámaras parlamentarias. ¿Esto no hizo posible que en aquella legislatura los dos partidos, UCD y PSOE, después llegaran a suscribir los Pactos Autonómicos?
Ese patriotismo explica su lealtad a la Constitución, y a personas que participaron con él en su elaboración. Tres personas estuvieron en la operación de aprobarla por consenso: Fernando Abril Martorell, vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra, secretario de Organización del PSOE, y Gregorio Peces-Barba, ponente socialista para la redacción de la Ley fundamental.
Fue una suerte que esas tres personas se entendiesen magníficamente sobre los conceptos básicos de la Constitución. ¿Cómo se produjo la buena sintonía entre los dos diputados socialistas? Sin duda, Peces-Barba garantizaba su competencia técnica como ponente constitucional. Además, pronto demostró que podía contar con un equipo de juristas comprometidos con la democracia, dispuestos a colaborar con él, y con el Grupo parlamentario que dirigía Alfonso Guerra. Su participación en la revista “Cuadernos para el Diálogo”, que reunió en torno de Joaquín Ruiz Giménez a destacadas personalidades de la oposición al franquismo, le permitió contar con muchos de sus colaboradores; entre otros, Elías Díaz, un conocido universitario, que había publicado un libro entonces famoso: “Estado de derecho y sociedad democrática” (Elías Díaz no fue diputado por Salamanca porque no fue aceptado por una agrupación socialista que prefirió un candidato obrerista, aunque el elegido fue finalmente un tendero.)
Gregorio Peces-Barba tenía otra virtud: era un excelente organizador de conjuntos humanos. Leopoldo Calvo Sotelo, entonces portavoz de la UCD, reconocía que su Grupo parlamentario se estructuró de acuerdo con las líneas maestras diseñadas por Peces-Barba para el socialista. Con sus ventajas y sus inconvenientes, la estructura piramidal de los actuales grupos parlamentarios, provienen de aquel tiempo. Con Peces-Barba, el trabajo parlamentario se caracterizó por estar abierto a la discusión. Todas las semanas, él y Alfonso Guerra adoptaban decisiones después de discutirlas con diputados como Virgilio Zapatero, Luis Gómez Llorente, Ernest Lluch, Carlos Solchaga, Enrique Barón, María Izquierdo, etcétera; o senadores como José Prat, Plácido Fernández Viagas, Josep Subirats y el grupo de jóvenes senadores que dirigíamos los tres grupos socialistas que operaban en la Cámara Alta.
Esa capacidad organizativa, y la impronta de su personalidad, quedaron acreditadas cuando presidió el Congreso de los Diputados, y después, cuando levantó la Universidad Carlos III (Un rey querido por los madrileños como él).
Abogado, profesor, padre de la Constitución, Gregorio Peces-Barba siempre quiso ser recordado como “un socialista de cátedra”.
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Consejero de Estado-Historiador.
JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.
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