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Los dos puentes de Ortigosa de Cameros

El hierro se convirtió durante el siglo XIX y la primera parte del XX en el moldeable metal con el que se acometieron importantes infraestructuras que trajeron una mejora de las comunicaciones y un importante impulso económico. Arquitectos e ingenieros cuajaron hermosos ejemplares en hierro con los que jalonaron la geografía nacional. Ejemplo de construcción férrea es el pequeño viaducto que desde 1910 se ha convertido en la seña de identidad de Ortigosa de Cameros.

Gracias a aportaciones económicas privadas, el viaducto, de 56 metros de longitud y una altura de 54 metros, salva el cañón natural que encajona este bello pueblo, edificado sobre dos laderas y separado en dos núcleos urbanos -San Martín y San Miguel-. Dos barrios unidos también por otro puente.

Este segundo puente, sobre el río Alberco, está construido en hormigón según proyecto del general de Ingenieros del Ejército Angel Arbex. Costó 250.000 pesetas y se inauguró el 24 de septiembre de 1924, un año después de iniciarse las obras. Mide 90 metros y consta de tres tramos desiguales, dos laterales rectos y uno central en arco que salva una distancia de 60 metros, estando su clave a 40 metros de altura sobre el río. En el momento de su construcción, el de Ortigosa fue el puente de hormigón en arco con el mayor vano de luz de Europa.

Sorprende que una población tan chica, que ocupa tan poco terreno y con sólo 340 habitantes, sea beneficiaria de dos infraestructuras tan notables. A los pies del espacio montañoso Iregua-Alto Leza, a 1062 metros de altitud, Ortigosa es un pequeño pueblo perteneciente a la comarca riojana de Cameros, típicamente serrano, trazado en cuesta, delineado con callejuelas estrechas, construido en piedra y con un caserío en el que todavía hoy se palpa la riqueza de otros tiempos.

Su nacimiento se pierde en los siglos, pero al derivar el toponímico Ortigosa del término latino “urtica” nos hace suponer que este valle estrecho y encajonado estuviese poblado por ortigas en épocas remotas. No hay documento que atestigüe tal suposición. Lo que sí asegura la tradición es que sus vecinos participaron en la famosa batalla de Clavijo contra los moros; la historia cuenta que estuvo vinculado a los Manriques y que perteneció al ducado de Nájera. Cuentan también los anales que el presidente de la II República Niceto Alcalá Zamora y el entonces ministro de Obras Públicas Indalecio Prieto visitaron la villa en 1932 para poner la primera piedra del pantano García Lacasa, creado para regular el caudal del río Ebro, hoy un importante centro náutico y vacacional y también otra de las señas de identidad de Ortigosa.

El momento de mayor esplendor histórico de Ortigosa coincidió en el siglo XVIII con un apogeo económico sin precedentes. En la época de la ilustración florecieron la trashumancia y la industria textil derivada de la lana de las miles de ovejas merinas que en primavera y verano pastaban en los prados de jugosa y tierna hierba de los montes locales, y en otoño e invierno trashumaban al sur peninsular. Entonces nació una potente industria dedicada especialmente a la fabricación de mantas, que perduró hasta mediados del siglo pasado. Hoy su economía, menguada por el declive demográfico, se basa en la ganadería, la explotación forestal, la industria maderera y un incipiente turismo. Más que de turismo, deberíamos hablar de veraneo tradicional, vinculado a familias locales que, al decaer la industria textil, se extendieron por la geografía nacional pero que han seguido manteniendo un fuerte vinculo con sus orígenes, y muchas, la casa nativa a la que vuelven año tras año, generación tras generación.

Ortigosa y Cameros son recomendables para casi todas las estaciones. Los inviernos, largos y fríos, lo hermosean con nieve, que en primavera da paso a una explosión de la naturaleza, cuando la hierba y las flores silvestres cubren las praderas en las que sestean las vacas. El verano es momento propicio para recorrer a pie los caminos que atraviesan sus montes y una forma gratificante de conocerlos son los bellos paseos bajo los bosques de pinos, hayas o robles. En otoño, el mágico colorido de los hayedos y la gastronomía de setas y caza invitan a un disfrute más epicúreo.

Como reclamo turístico local se pueden señalar un par de iglesias renacentistas, dos ermitas, una casa solariega e inacabada del siglo XVI y las cuevas, las más famosas de la Rioja. Son dos, la de la Paz y la de la Viña. Ambas se recorren en posición horizontal. La primera mide 236 metros y la segunda recorre 114 metros. Ambas contienen estalactitas, estalagmitas y columnas. Por su parte, los 25 pueblos que componen la comarca de Cameros ofrecen otros puntos de interés. Algunas de sus parroquias son románicas, otros presumen de puentes y todos cuentan con casas señoriales.

En Cameros la vida es un remanso de paz. En Ortigosa no hay una fulgurante vida social, ni bares a la última ni restaurantes de lujo. No hay mucho más que hacer que recorrer sus caminos, adentrarse en la naturaleza y descubrir sus montes. La vida trascurre plácida y amable y sus habitantes no conocen el estrés. El entorno invita a la vida tranquila y al descanso. Locales y veraneantes dejan pasar el día con calma, y al caer la tarde se reúnen en la plaza o en el casino.

A Ortigosa y a Cameros se llega a través de la N 111 que transita entre Logroño y Soria. En la zona se puede encontrar distinto tipo de alojamiento. En concreto, en Ortigosa hay tres casas rurales y un hotel con encanto.
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